'Tres días y una vida' de Pierre Lemaitre

'Tres días y una vida' de Pierre Lemaitre

Un niño de doce años mata a un amiguito de seis y, perturbado por lo que ha hecho, esconde el cadáver

CÉSAR COCA

En un rapto de locura, un niño de doce años mata a un amiguito de seis y luego carga con el cadáver unos centenares de metros para ocultarlo en una zanja semicubierta por un gran árbol caído. Ese es el punto de arranque de la última novela de Pierre Lemaitre, ganador del Goncourt con Nos vemos allá arriba y autor de la exitosa serie policial protagonizada por Camille Verhoeven.

La novela es el relato de lo que sucede después de ese crimen. Del temor del muchachito a ser descubierto, de los fantasmas que lo acosan a cada momento, de la ignorancia de la madre con la que vive su padre ha emprendido una nueva vida y de la turbia y confusa relación con otros niños y adolescentes del pueblo. La primera parte del relato ocupa tres días, como indica el título. Pero es obvio que algo así marca una vida porque no se puede enterrar como si no hubiera sucedido. Y ahí está la segunda parte de la novela.

Lemaitre es el narrador más directo que se encuentra hoy en las librerías. Su economía de medios es ejemplar: en sus novelas no sobra una escena ni hay una descripción que no contenga información relevante. Deberían aprender muchos escritores y deberíamos tomar nota todos los periodistas. Por ello, el relato avanza a gran velocidad, lo mismo cuando cuenta la marcha de la investigación que cuando se adentra en la cabeza del protagonista para describir sus temores. Tres días y una vida no es una novela policial al uso. En realidad, la investigación de la desaparición del niño (puesto que en un principio es eso, una desaparición) es instrumental a los efectos del relato. Pero eso no quita para que el final contenga una sorpresa marca de la casa.