'Pájaros quemados', de Juan Bas

Portada del libro./
Portada del libro.

Crónica negra y humor como el plumaje de un cuervo en esta novela coral cuya acción transcurre en unas pocas horas de agosto

CÉSAR COCA

El humor de Juan Bas es cada vez más negro. Y este libro es la prueba de ello. 'Pájaros quemados' reúne un puñado de historias paralelas, que discurren en el mismo período de tiempo, incluso algunas en el mismo escenario, y se caracterizan todas ellas por una violencia muy explícita y por un humor descarnado y brutal, en el que nada se salva porque nada lo merece.

Mediante capítulos muy breves, algunos de apenas una página, Bas da cuenta de un puñado de huidas. La de dos delincuentes de poca monta tras matar durante una partida de póquer a dos gitanos, cuya familia quiere tomarse cumplida venganza. La de una política corrupta que ha caído en desgracia en su partido pero quiere morir matando. Huye también una familia modesta cuyas vacaciones se ven frustradas por la muerte de la abuela y para ahorrar no se les ocurre otra cosa que regresar a casa con la difunta en el maletero. Lo hace una prostituta que ha sido testigo de un crimen y está agobiada por un usurero a quien no puede pagar. Escapa también, pero de la monstruosa tentación de la carne, un modesto trabajador musulmán que cruza la península en su camino de Francia a Marruecos. Y, en el mismo sentido, trata de dirigirse a ninguna parte un cura acusado de abusar de menores. Añádase a una directora de oficina bancaria que vendió preferentes, el dueño de un cutre motel y un puñado más de desechos humanos y el panorama estará completo.

El novelista bilbaíno construye su novela como si fuera un puzle formado por microrrelatos. Ello le obliga a usar un lenguaje en el que es un consumado maestro: Bas dispara las frases. No sobra ni una palabra en esta novela. En cada frase hay un hallazgo: el humor es exagerado, como lo es lo escatológico y lo violento. Pocos ejercicios de concisión como este. No hay ni una línea desperdiciada.