'Todo está bien', de Daniel Ruiz García

Imagen de la portada./
Imagen de la portada.

Un político eufórico tras una victoria electoral, un periodista en horas bajas, un travesti dedicado a la prostitución, corrupción, sexo y resaca. Una combinación explosiva

CÉSAR COCA

Todo está bien se titula con ironía esta novela de Daniel Ruiz García. Y la trama mezcla la corrupción que vincula la política con la construcción, el sexo más desaforado, la prostitución, un periódico en estado de derribo, un puñado de frikis y unas elecciones. De todo eso no podía salir nada más que un texto lúcido, divertido en muchos momentos y amargo en ocasiones.

La novela arranca cuando el consejero de Fomento de un gobierno regional no se dice cuál va a celebrar la victoria tras una larga noche electoral. Lo hará con sexo dudoso y de pago pero lo peor es que perderá el móvil y la cartera y a partir de ese momento empezará un descenso a los infiernos, ayudado por un periodista en horas bajas y un friki con gran presencia en las redes sociales.

Ruiz García lo cuenta de manera descarnada, con un estilo muy directo que no se entretiene en florituras ni alarga las escenas más allá de lo necesario. Todo es muy siniestro, pero consigue resolverlo de manera que resulte cómico, aunque sea a base de no pocas dosis de humor negro.

El lector sentirá que conoce, siquiera a través de los periódicos, muchas de las cosas que el autor narra. Y empezará a sospechar de otras en las que quizá hasta ahora no había reparado: cuando vea a ciertos personajes que han obtenido gran celebridad en las redes sociales arremeter contra determinadas personas, empresas e instituciones, pensará que quizá no es un simple ejercicio de libertad de expresión. En Todo está bien hay una ilustrativa escena, real como la vida misma: una en la que se explica cómo hay empresas que pagan a blogueros y tuitstars para que ataquen a sus competidores. Algunos héroes de la disidencia no lo son tanto.

 

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