El Correo

"La gran invención del cerebro es creer que somos reales"

El escritor ha publicado 'H2O', su última novela.
El escritor ha publicado 'H2O', su última novela. / Mikel Fraile
  • Jorge Volpi quiso ser científico, pero acabó siendo escritor. "Necesitamos ser otros, vivir otras vidas", explica.

Conversar con el escritor mexicano Jorge Volpi es entrar en un mundo donde ciencia y literatura se entremezclan con la ficción y la realidad, y al final uno acaba sin saber muy bien si ha charlado con el personaje de una novela o con un ser ficticio, valga la paradoja.

¿H2O es la poesía perfecta sobre el agua?

En alguna medida sí. H2O no deja de ser una metáfora de la realidad y en este sentido funciona fantásticamente porque condensa en tres signos un concepto fundamental para la humanidad. Pero más allá de que sea una metáfora eficaz, la poesía y la literatura tienen la capacidad de ir inventando y creando muchas otras metáforas distintas de lo que realmente es el agua.

Imaginemos un personaje. Es un hombre que está escribiendo en una mesa, se detiene, mira por la ventana, suspira, de repente sonríe como si hubiera tenido una idea y vuelve a escribir. ¿Ese personaje es un escritor o un científico?

Cualquiera de los dos. Si vemos la historia de la ciencia o de la literatura hay muchos momentos así en ambas partes porque creemos que tenemos algo llamado inspiración que los antiguos asociaban con las musas o con la idea de que no éramos nosotros sino que alguien nos dictaba. Tenemos la idea de que existe un yo que nos controla, que tiene la capacidad de gobernar por completo nuestro cerebro, pero ese yo no existe, es una invención del cerebro, que actúa muchas veces casi independientemente de nosotros y por eso cuando tenemos una gran idea a veces nos parece que alguien nos la está susurrando.

¿El cerebro de ese personaje que está escribiendo sabe si ese hombre es escritor o científico?

Le da lo mismo. La capacidad de imaginar es paralela en el científico y en el escritor y tiene que ver con la estructura del cerebro, que está diseñada para tratar de adivinar lo que va a pasar después.

¿Puede distinguir el cerebro la realidad de la ficción?

No. El cerebro no tiene ningún mecanismo para distinguir una imagen que proviene de la realidad de otra que proviene de la ficción. Si vemos una imagen de una película o la vivimos en realidad, para el cerebro son equivalentes.

¿Por qué le interesa la neurociencia? ¿Qué busca en el cerebro?

Me empezó a interesar hace años, cuando empecé a escribir una novela y a partir de ahí me pareció fascinante porque es el gran terreno de exploración de nuestro tiempo.

¿Se da cuenta de que habla como un científico y no como un escritor?

Ojalá. Yo siempre hubiera preferido ser científico, pero soy escritor interesado en la ciencia.

¿No será un escritor infiltrado en el mundo de la ciencia para hacer creer a los científicos que todo es ficción?

Quizás sí. Me gustaría creer que la ficción, con su capacidad de hacernos vivir vidas que no tenemos, me hará vivir una existencia de científico. En el fondo sé que es una mentira pero espero convencer a unos cuantos.

Corríjame si me equivoco, pero ¿no es cierto que lo que escribe un científico sirve para algo y en cambio una novela solo vale para entretener y después se olvida?

Estoy absolutamente en contra de esa idea. Nuestra pasión por la ficción probablemente ha sido fundamental para convertirnos en seres humanos porque necesitamos ser otros, necesitamos vivir otras vidas y ponernos en el lugar de los otros. No es una simple voluntad de entretenerse; querer reproducirnos en la ficción y querer experimentar otras experiencias a través de la ficción es una necesidad de la propia estructura del cerebro.

Neuronas espejo

¿No es una forma de engañarnos a nosotros mismos?

Por supuesto que es un engaño, pero, como decía Vargas Llosa, de esas mentiras surgen otras verdades y del engaño de creer que yo puedo ser tú, que yo puedo ser un periodista en San Sebastián, deriva mi capacidad de entender mejor la naturaleza humana.

Usted ha dicho alguna vez que cuando leemos una novela pasamos a ser sus personajes.

Sí. El cerebro tiene unas estructuras que se llaman las neuronas espejo, que son el fundamento de la empatía, de la idea de poderse poner en el lugar del otro. Esas neuronas motoras copian y nos hacen repetir internamente los movimientos que vemos en los otros y también los que leemos en los otros.

¿Qué personaje es usted hoy?

Ahora finjo ser un escritor que sabe de neurociencia.

¿Cuando usted escribe se convierte en sus personajes?

Por supuesto, esa es la otra parte. Si uno como lector se convierte en los personajes, cuando escribes se vuelve un acto de esquizofrenia donde el yo se multiplica y se convierte en otro. Durante unos minutos uno realmente es ese otro, esos otros personajes que nos habitan.

Tiene que ser agotador ser varios personajes a la vez.

A veces es más agotador ser uno mismo.

Si al leer somos otros, ¿todos los días nos cruzamos en la calle con personales de novela?

Muchas veces sí, y por eso puede ser que haya muchos malentendidos, que estemos con una persona que cree o quiere ser otra.

¿Somos lo que los demás creen que somos? ¿Somos ficción?

Todos los demás también son ficciones, ideas más o menos complejas que habitan nuestro cerebro. Ahora mismo yo no sé si usted está ahí; existe básicamente en mi cerebro y lo que yo pueda haber aprendido de usted en estos minutos es lo que hace que usted exista para mí independientemente de su existencia real.

¿Y cómo sé yo que acabo de hablar con un escritor y no con un personaje ficticio?

Ahora sus sentidos le dicen que soy un escritor y cuando nos despidamos su cerebro guardará la información, pero tal vez en algún momento se confunda y crea que esto solo ha sido una ficción.

¿Hasta qué punto nuestros cerebros creen que nosotros somos reales?

La gran invención del cerebro es creer que somos reales, nunca podremos desmentir esa ficción.

¿Se ha creído alguna vez Amadís de Gaula?

Pues no. Más el Quijote.

¿Necesitamos caballeros andantes?

Lo que se sigue necesitando es gente capaz de volverse otros, ponerse en el lugar de otros y luchar por esos otros