Todo empezó con Mickey, aquel simpático ratón

Mickey y su amigo Pluto. /
Mickey y su amigo Pluto.

Walt Disney le puso Mortimer de nombre, pero luego cambió de idea. A Pinocho le dibujó inicialmente como «un muñeco de palo engreído» y se hicieron 14 versiones de Pepito Grillo. Un libro descubre los secretos de nuestros personajes animados favoritos

YOLANDA VEIGA

Aquel simpático ratoncillo de las orejas redondas fue el primero. El poblador original de ese universo mágico y animado que ideó Walt Disney y en el que hemos vivido instalados buena parte de nuestra infancia. La que pasamos con Mickey, la Cenicienta, Pinocho, Peter Pan, luego El Rey León, más tarde Brave y hoy esas animaciones por ordenador que abarrotan de chiquillos las salas, ahora que tan difícil es llenar los cines. 'El libro de Disney' (DK) es eso que dice precisamente su título, doscientas páginas 'animadas' que repasan los orígenes de nuestros personajes favoritos. No solo eso, ponen al descubierto sus secretos, que también los tienen.

No es tanto un secreto, sino una historia solo a medias conocida. La de Walt Disney, el artífice del macrouniverso infantil. El productor y animador estadounidense nació el 5 de diciembre de 1901 en Chicago y ya de niño mostró inclinación por la ilustración. Trabajó para una revista cuando no había cumplido los 18 y después de la Primera Guerra Mundial se empleó de conductor para la Cruz Roja en Francia durante diez meses. Allí puede decirse que empezó a montar su emporio, decorando la lona de los camiones con sus ilustraciones cómicas. Para finales de 1923 ya se había asociado con su hermano Roy y tenían su primer estudio, una pequeña oficina por la que pagaban un alquiler de 10 dólares al mes. Aunque el negocio era cosa de dos, el protagonismo y el nombre se lo llevó Walt, que hablaba maravillas de su hermano: «Era un auténtico genio, creativo, con una gran determinación e ímpetu».

Y en esas llegó Mickey Mouse. Cuentan en el libro que lo diseñó en un viaje de tren de vuelta a California. Lo quería llamar Mortimer, pero a su mujer no le gustó el nombre y le pusieron Mickey. El ratoncito se dio a conocer en la película 'El botero Willie', donde sale a los mandos de un barco. Fue solo el primer 'papel' de una carrera que incluye 121 cortos de animación, varias películas, una serie de televisión y hasta una estrella en el Paseo de la Fama. De hecho, fue el primer personaje animado en lograr tal distinción, en 1978.

Mickey no es un ratón solitario porque tiene muchísimos amigos. Empezando por su inseparable Minnie y siguiendo por Pluto, al que crearon en 1930, y el Pato Donald, que se unió al universo Disney cuatro años después. Luego aparecieron el tío Gilito y sus sobrinos Juanito, Jorgito y Jaimito...

Walt Disney dio un salto cualitativo en 1937 con Blancanieves, uno de los personajes más querido de los niños. Y también ideó a los siete enanitos que la acompañaban y que exigieron horas de debate sobre sus características, sobre cómo se iban a mover, a hablar, etc. La película se estrenó en Navidad, después de cuatro años de trabajo y un presupuesto récord de 1,5 millones de dólares, y fue un éxito total.

En 1940 nació Pinocho, otro de los personajes más entrañables. Inicialmente se le 'dibujó' como un muñeco «antipático y engreído», pero afortunadamente cambiaron de idea y perfilaron un muñeco que acabó pareciéndose a un niño bondadoso. Le buscaron un compañero, Pepito Grillo, del que se dibujaron hasta catorce versiones antes de dar con este insecto con frac y sombrero que representa la conciencia de Pinocho.

Dumbo fue otro de los pelotazos de Disney, y apareció en 1941, junto a su inseparable y parlanchín amigo, el diminuto ratón Timoteo, al que tardaron mucho en buscar un actor que le diera voz, Ed Brophy. Otro personaje entrañable se unió a la troupé un año más tarde, Bambi. La película tardó seis años en estrenarse porque llevó mucho trabajo detrás y hasta llevaron a los estudios a una pareja de cervatillos para que los dibujantes pudieran captar los detalles del animal. Según el libro, esta fue una de las películas favoritas de Walt Disney.

El animador estadounidense estrenó la película de La Cenicienta en 1950. Era un cuento, pero quería una imagen femenina muy real y por eso grabaron a la actriz Helene Stanley, que entonces tenía 18 años, interpretando al personaje, para captar sus movimientos, su manera de actuar y comportarse. Otra heroína infantil, La Bella Durmiente (1959).

Y antes, Peter Pan (1953) y su amiga Campanilla, «uno de los mejores personajes creados por Walt Disney». «Icónica y querida», gustó tanto al público que acabó por convertirse en algo así como imagen de marca de Disney. Una curiosidad, esta pequeña hada mide 15 centímetros.

La «nueva era» de las princesas

Ariel inició en 1989 la nueva etapa de las princesas, que ya no son tan cándidas como las de los años 50 y 60. La protagonista de La Sirenita, un personaje original de Hans Christian Andersen que adaptó al cine la firma Disney, se distingue de sus antecesoras por su rebeldía, incluso por su aspecto físico. En el libro aseguran que Ariel «sentó las bases de una nueva era de princesas emancipadas».

Una historia que gustó no solo a los niños, sino a todos, La Bella y la Bestia, que se estrenó en 1991 y narra «una historia intemporal sobre el poder redentor del amor». Según se cuenta en el libro, el personaje de Bella, y especialmente su belleza, «está inspirada en la actriz y cantante Judy Garland».

El avance tecnológico no ha mejorado la inventiva del universo Disney ni ha creado personajes mejores o más queridos, pero sí ha multiplicado las posibilidades en la presentación. Una muestra es la película Aladdin (1992), en la que se juega de manera maestra con los colores. El supervisor de arte del departamento de diseño era un iraní que sacó más de 1.800 fotos a su ciudad natal, Isfahán, para que los especialistas pudieran recrear con la máxima fidelidad los escenarios de Oriente Medio en el siglo XV. Los villanos lucen en colores rojos, mientras que los azules se reservan para los héroes de la película.

Aunque si una película marcaría un antes y un después esa fue El Rey León (1994), protagonizada por el inolvidable Simba. Para recrear ese fantástico mundo animal llevaron a los estudios «dos cachorros de león, dos leones jóvenes y dos adultos», de manera que los creadores pudieran estudiar su comportamiento. Además, seis realizadores hicieron un safari por Kenia, cargando con sus lapiceros y sus cuadernos de dibujo en los todoterreno con los que recorrieron la sabana africana.

La historia de Disney sigue escribiéndose, con nuevos personajes como Frozen, que supuso tal éxito que hasta le hicieron una secuela en 2015, o Big Hero. Y más que vendrán porque The Walt Disney Company ya no es una oficina modesta que se alquila por un puñado de dólares. Es un auténtico imperio con estudios cinematográficos, parques de atracciones, hoteles, canales de televisión... El cuento no ha terminado.