El Correo

Un Moisés para el siglo XXI

Charlton Heston en 'Los diez mandamientos' y Christian Bale en la recién estrenada 'Exodus'.
Charlton Heston en 'Los diez mandamientos' y Christian Bale en la recién estrenada 'Exodus'.
  • En 'Los diez mandamientos', Charlton Heston ofrecía una caracterización que se debatía entre lo solemne y lo melodramático. Ahora, Christian Bale asume en 'Exodus' un personaje ambiguo que tiene tanto de guerrillero como de líder espiritual

"Y entonces apareció el mismísimo Moisés". La cita pertenece a 'Bowling for Columbine', el controvertido documental de Michael Moore sobre la masacre acaecida en una escuela de secundaria del condado de Jefferson en 1999. La profería un ciudadano anónimo, estupefacto ante la inminente presencia en la ciudad de Colorado del otrora presidente de la Asociación Nacional del Rifle, Charlton Heston, que acudía para pronunciar un mitín algo inoportuno tras el fatídico suceso. La alusión no nos interesa con el propósito de dedicar este artículo a los valores que promueve esta organización, sino para rememorar lo que supuso para Heston encarnar al personaje bíblico, como vemos, prácticamente un icono de la cultura popular. Y 'Exodus', el nuevo largometraje de Ridley Scott, ha insuflado vida al clásico que lo puso en el mapa cinéfilo. Nos referimos a 'Los diez mandamientos', uno de los hitos de esa época en la que el séptimo arte era 'bigger than life': superproducciones de duración excesiva (¡220 minutos!) que consagraron el poder de las masas (hasta 12.000 extras) y el cartón-piedra, la libertad creativa según el manual hollywoodiense o el potencial mercadotécnico de una buena partitura musical, especialmente cuando la firmaba Elmer Bernstein. Añadiendo un reparto de campanillas, la gloria del technicolor y las pretensiones de una religiosidad exaltada se obtiene la historia más grande jamás contada. Nada que no supiese poner en marcha Cecil B. DeMille, que ya había adaptado el texto del Antiguo Testamento en su versión silente de 1923.

Heston, en su papel de Moisés, alza las Tablas de la Ley.

Heston, en su papel de Moisés, alza las Tablas de la Ley. / AP

Heston, entonces una estrella incipiente (aún tendría que llegar 'Ben-Hur' para confirmar su éxito internacional), fue seleccionado por su parecido con el Moisés que esculpió Miguel Ángel. Sin abandonar del todo su aspecto de tipo rudo y serio, su caracterización bascula constantemente entre lo solemne y lo melodramático, especialmente si la comparamos con la que propone Scott. Pura mítica. Incluso si no has visto la película o han pasado años desde la última revisión, no te será difícil recordar dos imágenes inmortales protagonizadas por el astro estadounidense: su Moisés separando con el báculo las corrientes del Mar Rojo (se filmó en un tanque en el que se vertieron millón y medio de litros de agua, escena que más tarde se montaría al revés para que obrase el 'milagro') o levantando las tablas del Pacto, un capítulo que sirve para recalcar la idea de 'una libertad con leyes' y que, si bien en 'Exodus' se resume en un episodio de corte intimista (se obvia, además, el episodio del becerro de oro), bajo la batuta de DeMille es otra apuesta por la grandilocuencia.

Más preocupado por el espectáculo visual

En esta ocasión, el actor galés Christian Bale y su "imponente presencia física", tal y como se empeñan en subrayar todos los directores para los que ha trabajado, recoge el testigo de Heston. Scott acentúa el carácter contradictorio y vacilante del caudillo espiritual y militar del pueblo hebreo. Aunque jamás ahonda en la complejidad psicológica del personaje, sí opta por perfilar la ambigüedad que requiere ese tipo de héroe que poco a poco ha pergeñado el cine del siglo XXI. El hombre que liberó a los judíos del yugo de la tiranía egipcia, capitaneada con puño de hierro por Ramsés II, es la cabeza visible de una rebelión que se apropia de las tácticas de guerrilla (¿alguien dijo terrorismo?), un líder cuya inseguridad se debate entre la duda metódica, los dilemas derivados de su ADN étnico-religioso y las posiciones extremistas. Sin embargo, no hay mucho más: aunque el cineasta británico se ahorra los prolegómenos (aquellos pasajes que relatan su abandono en una cesta en el río Nilo o su educación en la corte de Menfis), apenas si se detiene en las paradojas del individuo de carne y hueso, insignificantes cuando la película se recrea una y otra vez en la grandiosidad de los planos cenitales, en la monumentalidad de un Egipto digital.

¿Qué separa a este Moisés de otros profetas del universo Scott como Robin Hood, el general romano de 'Gladiator' o el herrero que se erige en adalid de la Cristiandad en 'El reino de los cielos'? Posiblemente, nada. Más preocupado por asegurarse la baza del espectáculo visual (las plagas, la embestida del Mar Rojo sobre la guardia egipcia como si de un tsunami se tratase), el realizador evita incidir en las posibles lecturas políticas de su lucha. En cierto momento, Moisés comparte con los suyos una inquietud que le hace titubear, que le lleva a cuestionar el fin último de su hazaña en el desierto. ¿Cómo recibirán las tribús de Canaán a ese medio millón de emigrantes? ¿Cómo actuarán los judíos cuando consumen su intención de asentarse en la tierra prometida? Claro, las concomitancias con el actual Israel podrían haber dado más juego. Sí resulta más reseñable la visión de un Dios colérico y vengativo (mucho se ha hablado de las licencias en su representación, aquí un niño que aúna pureza y crueldad), una elección que poco se destila en la gran pantalla y que ha merecido encendidos debates entre los estudiosos de la teodicea.

El filme, rodado en gran parte en Almería y Fuerteventura con financiación española (las largas filas de figurantes locales que participaron en la cinta son, a su manera, otro retrato de la crisis que vive este país), carece de un antagonista carismático, como sí lo era el faraón interpretado por Yul Brynner en 'Los diez mandamientos'. En su boca, el legendario "que así se escriba y así se cumpla" sonaba insuperable. Pero como decíamos, 'Exodus' es aséptica, maniquea, cuenta con un elenco de secundarios absolutamente desaprovechado (Sigourney Weaver, Aaron Paul, Ben Kingsley o un John Turturro próximo a la caricatura desopilante) y uno de los scores más anodinos que se le recuerdan a Alberto Iglesias. No es cuestión de pedirle al autor de 'Alien, el octavo pasajero' o 'Blade runner' algo de la magia de antaño (este periodista defendió 'Prometheus' a capa y espada), ni de aplicarle un correctivo ciñéndonos a argumentos equívocos (en una entrevista concedida a María Estévez y publicada en las páginas de El Correo, Scott aseguraba que le importaba "una mierda" que tachasen su propuesta de racista), pero, con un material igualmente peliagudo, Darren Aronofsky no dudó en saltar al vacío con su discutida 'Noé'. No, no corren buenos tiempos para la épica bíblica superlativa.