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Dixie y la rebelión zombi

Dixie y la rebelión zombi

  • Vivitos y coleando

La materia prima y los cuatro elementos de la creación (tierra, agua, aire y fuego) están presentes en ‘Dixie y la rebelión zombie’, nueva película de animación destinada a los pequeños de la casa. Los realizadores vascos Ricardo Ramón y Beñat Beitia lo tienen muy en cuenta a la hora de rendir creíbles las peripecias de unos inofensivos zombies, entre los que se cuela de rondón una pérfida bruja, dispuesta a dar buena cuenta del género humano con todas sus consecuencias. Una animación sencilla, repleta de humor, escolta las andanzas de estos esqueletos, vivitos y coleando, iluminados por un agradable colorido y unos trazos humanos que recuerdan de alguna manera a Tim Burton (‘La novia cadáver’).

En sus bien apretados 83 minutos, la película ofrece una modesta pero disfrutable alternativa a las espectaculares superproducciones de Walt Disney, DreamWorks, Pixar, las maravillas japonesas de Hayao Miyazaki (‘La princesa Mononoke’) y compañía. Un jubiloso divertimento con el que también pueden disfrutar de lo lindo los adultos amantes de los relatos fantásticos, poblados por carismáticos personajes, incluida la protagonista, Dixie Malasombra, con lo cual el entretenimiento está garantizado.

Asimismo se hacen notar algunas estimulantes mejoras técnicas en relación con el anterior esfuerzo creativo de ambos cineastas, ‘Papá, soy una zombi’, que siguen indagando con mirada amable en toda una serie de seres animados, sin olvidar en ningún momento al público al que van destinados. A veces, ‘Dixie y la rebelión zombi’ me hace recordar los años de niñez en los que el tiempo no existe. Un día, unas horas, unos minutos, como los que dura la película, se convierten en una gozosa eternidad. ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño? Se preguntaba el poeta. Sea como sea, Beitia y Ramón cincelan insólitos recovecos en el alma de sus personajes.