El Correo
Retrato de Isabel La Católica de Juan de Flandes.
Retrato de Isabel La Católica de Juan de Flandes.

Isabel la Católica, Isabel la Catódica

  • La serie de televisión que se emite todos los lunes devuelve a escena a la última reina de Castilla que no heredó al mismo tiempo las coronas de Aragón y Navarra. Pese a su muerte hace 510 años, posiblemente sea este su momento de mayor popularidad

Isabel 'La Católica' no es Michelle Jenner. Aunque haya sido esta actriz barcelonesa (de madre francesa y padre español de ascendencia inglesa) la que haya devuelto a la actualidad a una reina de Castilla que murió hace 510 años. Tanto es así, que en los perfiles de las redes sociales de la serie de TVE, los espectadores admiten que para ellos, Isabel ya es Michelle, y no la que retrató Juan de Flandes en su momento.

Según lo que contaban sus contemporáneos -hablamos ya del personaje histórico, no del televisivo-, tenía fama de muy estricta y, sobre todo, de no hablar nunca más que lo necesario. Vamos, que debía de ser bastante parca en palabras. Es de suponer, y en función de eso se han construido sus biografías, que su vida giraba en torno a su puesto como reina: primero de Castilla y, después de casarse con su primo, como consorte de Aragón en el Palacio de los Vivero, un edificio renacentista de Valladolid, situado frente al convento de las Descalzas Reales. Era reconocida en su época su sobriedad en la forma de vestir, exagerada incluso para el siglo XV. A sus contemporáneos les llamaba la atención lo recatado de sus vestimentas, así como su comportamiento muy discreto. No debía dejar de ser, por otra parte, una mujer de armas tomar. De ella se decía que una vez que había tomado una decisión, no había vuelta atrás.

Era hija de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, y había nacido en Madrigal de las Altas Torres el 22 de abril de 1451, un pueblo de la provincia de Ávila que cuenta en la actualidad con unos 1.500 habitantes y que no obtiene ese apellido De las Altas Torres hasta el siglo XIX para distinguirse de otros Madrigales, pues se trata de un topónimo bastante frecuente en la zona. Nació allí porque esa era la residencia temporal de su madre Isabel de Aviz.

Acabaría por convertirse en reina de Castilla en 1474 (con veintitrés años, por tanto, pero ya lo era de Sicilia desde 1469) y, diez años después, también de Aragón. Conseguía así no sólo afianzar la victoria sobre la otra familia aspirante al trono castellano, que optaba al poder con la figura de Juana (no confundir con su hija, también Juana, conocida como La Loca), sino también fundir en una sola corona al otro gran reino de la península, el de Aragón. Para la expansión de su poder por la península sólo faltaba completar la expulsión de judíos y musulmanes. Para ese entonces, del dominio islámico sobre la península sólo quedaba el reino de Granada, que acabará por ceder ante el empuje militar cristiano.

La fusión será total cuando su nieto Carlos herede para sí los títulos de Castilla y de Aragón, además del de Navarra y a la vez que la de otros territorios europeos y el dominio de las incipientes conquistas americanas. Fue su nieto y no su hija Juana quien aunara las coronas realmente porque desde 1506 Juana no gobernaba de facto, apartada por una supuesta locura que, al parecer, tenía más que ver con inquinas familiares y con no aceptar los sacramentos católicos.

Católica y celosa

Se ha escrito mucho sobre el carácter de Isabel La Católica, el libro 'Isabel de Castilla. Reina Mujer y Madre', de la escritora e historiadora María Pilar Queralt del Hierro, es un pormenorizado tapiz de la figura e importancia de esta reina española. Isabel era una ferviente católica, tal y como su nombre indicaba. Según Queralt del Hierro, "su conducta demostró su extraordinaria piedad, desde su protección a la Iglesia hasta su testamento". No obstante, en algunas ocasiones las razones de Estado pesaron más que su fe. Por ejemplo, no esperó a tener la dispensa papal para contraer matrimonio con Fernando de Aragón, lo que hace pensar que anteponía los intereses del reino a cualquier otra consideración.

Era conocida su fama de celosa aunque no le faltaron motivos dado la intensa vida galante de Fernando. Su biografía también recoge que era una mujer de temperamento y sentido de la realeza muy particulares. Y una de las curiosidades sobre esta Reina era su profunda aversión por el ajo, hasta tal punto que en una ocasión, los encargados de su cocina quisieron dismular la presencia de este ingrediente en un guiso con abundante perejil. Pero la reina lo detectó y exclamó : "¡Venía el villano vestido de verde", una frase que después pasó a la tradición popular para indicar toda amenaza oculta.

Reyes Católicos

Pero volvamos a finales del siglo XV. Isabel y Fernando son conocidos como tales por la bula papal otorgada por Alejandro VI en 1496, como recompensa a su expansión de la fe cristiana (y, sobre todo, la liberación de los territorios papales de Nápoles, invadidos por el monarca francés Carlos VIII). El título, en principio otorgado a Isabel y Fernando, será utilizado posteriomente por casi todos los reyes de España. Antes habían necesitado otra bula, en esta ocasión de Sixto IV (de la que se encargó el enviado Ricardo Borgia), para poder casarse entre ellos, ya que eran primos carnales. Para ese entonces, Colón ya ha vuelto de su XX viaje a América y la conquista americana está dando sus primeros pasos. No en vano, el estandarte que llevaban la Pinta, la Niña y la Santa María era el de Castilla. España no existía como reino entonces.

En los cálculos actuales se estima que Isabel tenía unos cuatro millones de súbditos, quizás cinco, al final de sus 53 años de vida. La mayor parte de ellos vivían en aldeas y subsistían con una agricultura poco sofisticada, sometida a impuestos reales y derechos feudales varios. La mayor ciudad del reino era Sevilla (que llegaría al medio millón de habitantes) y, como otras entidades urbanas florecientes, ven cómo la economía despega poco a poco, y más rápidamente con la llegada de un caudal de oro procedente de América en los años siguientes. Es la época en la que se están construyendo los edificios en el estilo gótico más esbelto. En Bizkaia, por ejemplo, de ese momento es la Basílica de la Asunción de Lekeitio, o la de Santa María, en Portugalete. En Bilbao, por ejemplo, la iglesia de San Antón, que forma parte del escudo de la villa, se construye en este período.