Cuestión de zona

Viviendas Municipales alquiló 1.016 pisos en 2017

Viviendas municipales en Bilbao La Vieja./E.C.
Viviendas municipales en Bilbao La Vieja. / E.C.
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Decíamos ayer que se advierte en el Ayuntamiento una cierta pasión grandilocuente. Parece confirmarlo el hecho de que Viviendas Municipales anuncie que han superado el millar de arrendamientos «por primera vez en lo que va de siglo». La cifra se superó el año pasado y es una gran noticia. Es la apelación secular lo que da que pensar. ¿Podrá uno decir con pertinencia que acaba de hacer las mejores lentejas en lo que va de siglo? Quizá sí. Al fin y al cabo estamos en 2018: el siglo está prácticamente resuelto.

Los 1.016 contratos de alquiler impulsados por Viviendas Municipales el año pasado suponen un aumento del 14% respecto a los del año anterior. Eso significa que más gente ha accedido a una vivienda económica y en buenas condiciones. También que más inmuebles se han ocupado, aportando algo de vida a sus comunidades y barrios. Esas son las funciones principales de Viviendas Municipales, una institución que cumple un siglo justo ahora, este año, o sea, un siglo en lo que va de siglo, y que atesora en sus actas información muy valiosa sobre cómo ha cambiado esta ciudad. Ayer el concejal de Vivienda explicó que en una promoción de 265 pisos en Torre Urizar se metieron en 1919 nada menos que 1.361 personas. Las familias de la época eran otra cosa y entraban en aquellas casas una media de cinco personas por vivienda.

También eran distintas las necesidades. Y la concepción del mundo, si me apuran. Es lo que se deduce de uno de los datos que aportó ayer Goyo Zurro. En Viviendas Municipales enseñan cada piso 1,7 veces antes de ocuparlo. Si tenemos en cuenta que el organismo no es una inmobiliaria y que los pisos no se proponen, sino que se adjudican, eso quiere decir que casi la mitad de las veces la gente rechaza la vivienda que se le asigna. Ni siquiera importa que hacerlo suponga quedar un año fuera de las listas y perder la antigüedad. Habrá casos puntuales en los que el rechazo sea compatible con la buena voluntad, pero el grosor del dato hace pensar en algo distinto. Ha dejado una herencia de contraproducente ligereza aquella cultura atroz de la VPO con trastero y garaje. Es como si hubiésemos interiorizado el derecho objetivo al premio en la lotería. Solo eso explica que a tanta gente no le guste la zona donde el Ayuntamiento le ofrece un piso en buenas condiciones por 300 euros al mes.

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