Crece la tensión en Zorrozaurre tras una ola de robos y actos vandálicos

Vista panorámica de la ribera de la ría, la zona de Zorrozaurre donde seconcentran los edificios de viviendas. /Fernando Gómez
Vista panorámica de la ribera de la ría, la zona de Zorrozaurre donde seconcentran los edificios de viviendas. / Fernando Gómez

Hartos de conflictos, los vecinos plantean patrullas nocturnas después de que les desvalijasen la sede social y «reventasen» seis coches

LUIS LÓPEZ

Cuando grupos de vecinos están dispuestos a patear las calles de su barrio por la noche portando palos y gestos ásperos es que algo serio está pasando. Que nos acercamos a un escenario potencialmente explosivo. ¿Dónde? En Zorrozaurre. Los residentes de la zona están preparando patrullas vecinales después de que en los últimos días se incrementase la tensión debido a una serie de robos y actos vandálicos. «Esto es una ciudad sin ley. Si quieren una isla, la van a tener...», desafía la portavoz de la asociación vecinal, Anabel Toyos. El toque de atención es para el Ayuntamiento, al que reclaman soluciones que no llegan, y quien ayer no quiso pronunciarse sobre esta situación.

Es cierto que Zorrozaurre es un barrio tradicionalmente reivindicativo, pero también fundamentalmente tolerante con las fricciones que genera en la convivencia la presencia de personas extranjeras sin techo que ocupan varios inmuebles ruinosos del lugar. Hasta ahora, con ciertos altibajos, se había mantenido la calma y la cordialidad en la convivencia. Pero todo está a punto de saltar por los aires.

La tensión ganó enteros la semana pasada, con varios robos en la sede social del vecindario, ubicada en el viejo edificio de oficinas de Vicinay, que ocupan desde febrero con la tolerancia municipal. Los 400 vecinos de Zorrozaurre acondicionaron el inmueble y allí montaron un gimnasio, una zona de juegos para niños, una sala de fotografía, otra de reuniones... Lo fueron equipando con donaciones de varias procedencias y por sus propios medios, lo que da fe de una cohesión social y un sentido de comunidad que, hoy por hoy, es casi un exotismo.

Pues bien, «la semana pasada nos entraron y se llevaron herramientas que estábamos usando para acondicionar el local, máquinas del gimnasio como elípticas -nos habían dado las viejas cuando renovaron el de Txurdinaga-; también se llevaron bicicletas estáticas que había traído la gente...», revive Toyos. Aquello fue como una patada en el estómago del barrio y durante el fin de semana «varios chavales, incluso algún menor, se quedaron para hacer guardia con palos y todo». Desde la asociación vecinal se les convenció de que lo dejasen correr porque «son jóvenes, tienen la sangre caliente y podría haber una tragedia». La noche del miércoles «los municipales estuvieron dando vueltas por aquí, vigilando por Vicinay».

Pero ayer por la mañana se colmó el vaso. Cuando varios vecinos fueron a coger sus vehículos para ir al trabajo se los encontraron reventados. En concreto, una furgoneta y cinco coches amanecieron «con las lunas rotas». Los delincuentes apenas se llevaron nada porque nada había de valor. «Da la impresión de que lo hicieron más por incomodar que por robar».

1- Uno de los vehículos destrozados en la madrugada de ayer. 2- Un hombre vive desde hace meses en su coche. 3- Trasera de un edificio ocupado, junto a la plazuela. / El Correo / Ignacio Pérez

Llamar a la calma

Así que la atmósfera en Zorrozaurre está enrarecida. Los elementos más impetuosos ya proponían en los chats vecinales marchar contra los edificios que ocupan, esencialmente, jóvenes norteafricanos: un par de inmuebles residenciales y algún pabellón industrial, todos ellos en ruinas. La prudencia se impuso, pero la creación de patrullas vecinales toma forma. «En alguna ocasión anterior ya se había pensado, pero desde la asociación disuadimos a quienes lo proponían», explica Anabel Toyos. Pero ahora «yo seré la primera en ir a la primera patrulla vecinal. La situación se ha vuelto insoportable, y el Ayuntamiento no hace nada». El plan es definir la estrategia en una reunión próxima.

Cuando un barrio históricamente tolerante y diverso opta por medidas de autodefensa es que la gente está «muy calentita». Y el colectivo vecinal, «preocupadísimo» porque en estas circunstancias cualquier chispa se puede convertir en incendio.

Hay indignación, pero también dudas. En uno de los corrillos donde los vecinos no hablaban ayer de otra cosa estaban Estíbaliz, Joaquín, Viorel y Emilio. Discutían sobre quiénes pueden ser los autores de las afrentas. Porque durante las noches de los robos de la semana pasada se vieron por el barrio dos furgonetas blancas y una azul, así que quizás los culpables sean chatarreros, y no los inmigrantes sin techo a los que muchos apuntan -y parte de los cuales participa en actividades del barrio con toda normalidad-. «¿Y lo de reventar los coches? ¿Los chatarreros también?». «No van a venir de San Francisco para eso, tiene que ser gente de por aquí». «O no. Igual son los mismos de las furgonetas que tras ver a la Policía, por despecho, la tomaron con los coches...». «Yo, desde luego, si veo algo, me alejo». «No te vas a enfrentar a ellos, son muy agresivos». «Si voy solo no, pero si vamos cinco...».

En su contexto

400
vecinos residen aún en el barrio de Zorrozaurre, donde el Ayuntamiento ya tiene en marcha el principal proyecto urbanístico para el futuro de Bilbao. En los próximos años deberán convivir con las obras de lo que pretende ser 'la isla del talento'.
Pabellones en ruinas.
Los vestigios del pasado industrial, y algún edificio de viviendas en la zona residencial, han sido ocupados por decenas de personas extranjeras sin techo.
Tensión social.
Desde hace años ha habido en el barrio redadas para desalojar los pabellones en ruinas, que siempre terminan siendo ocupados de nuevo.

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