A los pies de San Pedro en Lekeitio

A los pies de San Pedro en Lekeitio
Pankra Nieto

El dantzari Asier Uskola, actor principal de la Kaxarranka, describe la tensión de reeditar año tras año la tradición sobre un arcón de sólo 40 centímetros de ancho

MIRARI ARTIME

Las fiestas de San Pedro tienen nombre propio en Lekeitio. Asier Uskola es el dantzari del grupo Etorkizuna que desde hace 16 años asume la responsabilidad de bailar la 'Kaxarranka', un baile único en Euskadi con el que los arrantzales honran a su patrón. Rechaza cualquier protagonismo, pero admite que es un honor mantener en pie una de las tradiciones más sentidas por los vecinos de la villa. «De momento no se ha planteado ningún relevo, aunque cuando llegue el momento habrá que hacerlo con naturalidad», indicó sin descartar que algún día su sustituta tenga nombre de mujer.

Durante el último medio siglo, sólo dos hombres se han subido de manera oficial al arcón que portan los remeros de Isuntza: Pedro Murelaga –que lo bailó más de tres décadas– y Uskola, que se estrenó con sólo 17 años. A pesar de ser ya un veterano, desvela que antes de comenzar se siente un poco nervioso. «Es bueno –admite– mantener un poco la tensión, el baile sale mejor», señaló.

«El arcón apenas supera los 40 centímetros de ancho y tengo que calcular muy bien dónde pongo los pies, es muy importante estar concentrado y abstraerse un poco de los aplausos y los 'irrintzis'», detallaba minutos antes de dar las últimas órdenes a los ocho jóvenes que sujetaban la pesada pieza sobre la que fue trasladado frente a la ermita del santo protector, en en el muelle. Ante un público expectante, Uskola cumplió con creces y respondió con una amplia sonrisa a los espectadores. «Baila tan bien que parece hasta fácil», comentaba un grupo de mujeres. No le faltaba detalle: vestido con frac, camisa y pantalón blancos, pañuelo rojo al cuello y un clavel en la solapa ejecutó todo el repertorio –un 'zortizko', 'fandango' y un 'arin arin'–, chistera en una mano y en la otra un banderín rojo con las llaves de San Pedro bordadas.

Después, la Kaxarranka se repitió delante de la Cofradía de Pescadores y en la plaza. De esta manera, se respetó la tradición que se remonta al siglo XV y que simboliza el cambio de mayordomo que se encargada de velar por los bienes y documentos donde se detallaban las ganancias de todo el año y que se guardaban en el arcón. «Es el mismo cofre, que se cuida con mucho esmero y con especial atención a la tapa, no sea que luego el dantzari se resbale», detallaron. Desde entonces, cada 29 de junio, ese acto se celebra con gran solemnidad. «Es muy sentido por todos los que hemos vivido de la mar», expresaba emocionado un arrantzale jubilado, que acudió al puerto tras la procesión con la que arrancó la jornada.

Protección para la costera

Después de la misma mayor en la iglesia de Santa María, una comitiva encabezada por autoridades religiosas y municipales se encargó de trasladar la figura de San Pedro para celebrar la Kilin Kala (guiño del santo al agua). «Es para pedir su protección y que tengan una buena costera del bonito, por eso, los pescadores de Lekeitio esperan a esta ceremonia para incorporarse a la campaña», le explicaba un lekeittiarra a los turistas interesados por el origen de la ceremonia. Los que portaban la imagen realizaron dos guiños inclinando la imagen hacia el mar mientras los espectadores se mantenían atentos a una posible caída. «Recuerdo verlo caer cuando era pequeño, pero ahora no lo hacen tan a la esquina, por si acaso», matizó.

A primeras horas de la mañana, también se cumplió otra de las costumbres de la festividad. En esta ocasión, corrió a cargo de un grupo de mujeres conocidas como las 'Dei eittekuak' (llamadoras) por simular la manera en la que antaño despertaban a los marineros para salir a faenar si es que las condiciones meteorológicas lo permitían. Al grito de 'Gora jaungoikuen ixenian' '!Arriba en el nombre del Señor!', inundaron el casco viejo de alegría y buen humor. Como colofón, las mujeres del grupo de danzas Etorkizuna bailaron en la plaza un aurresku femenino o 'eguzki dantza', que en este municipio se interpreta al menos desde 1682.