«Nunca he vivido situaciones de desigualdad en los barcos»

Domin Jorge, Ana Lore Benguria y Laura Fernández, junto a Juan Azkarate y Jon Anasagasti, fueron agasajados en Bermeo con motivo del Arrantzale Eguna / MAIKA SALGUERO
Domin Jorge, Ana Lore Benguria y Laura Fernández, junto a Juan Azkarate y Jon Anasagasti, fueron agasajados en Bermeo con motivo del Arrantzale Eguna / MAIKA SALGUERO

La capitana Ana Lore Benguria fue agasajada ayer en Bermeo, junto a la piloto de Mercante Domin Jorge y la patrona del Litoral Laura Fernández

IRATXE ASTUIBERMEO.

A finales de los setenta leyó en la prensa que las carreras de Náutica se abrían por fin a las mujeres, así que no dudó en matricularse en la Escuela Superior de Portugalete con la idea de convertirse en piloto. «Aunque iba para arquitecta», expresaba ayer la bermeotarra Domin Jorge, momentos después de recibir una placa por parte de los arrantzales del txoko Lamera Gane de Bermeo. La sociedad gastronómica aprovechó la celebración del Arrantzale Eguna para rendir también homenaje a otras dos bermeotarras; la capitana de la Marina Mercante Lore Benguria y la patrona de Litoral Laura Fernández, por sus trayectorias profesionales en un sector tradicionalmente masculino.

Domin recordó que en la carrera «había un profesor que no veía bien que las mujeres tripularan barcos». «Después vino a ofrecerme un puesto de responsabilidad en Salvamente Marítimo, que se lo rechacé y no le sentó nada bien», matizó. En una época en la que ocho centenares de varones frente a una docena de chicas cursaban sus estudios en las escuelas náuticas, Domin se convirtió en la primera piloto de la Marina Mercante de Euskadi. «Estaba encantada, a pesar de que pasábamos seis meses en la mar y solo dos en casa», rememora la exmarina a la que derroteros de la vida le han llevado a trabajar en la sede de la multinacional IBM. «Casualidad, el edificio simula un barco», se ríe.

Ana Lore Benguria Gutierrez, - «ponme porfavor el apellido de mi madre que si no se enfada»-, no podría haber elegido otra profesión que no fuera la de capitana de la Marina Mercante. La primera vez que se embarcó en un buque, de hecho, fue «con tres años, en el barco de mi padre, que me dejaba hacer alguna que otra maniobra», recuerda con nostalgia. Lleva una década capitaneando el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Almería, aunque no descarta echarse otra vez a la mar. «Lo echo de memos».

A lo largo de su carrera profesional asegura que «nunca he vivido situaciones de desigualdad en los barcos. Estando en Irán, no obstante, le recomendaron que no saliera a cubierta. «Los hombres se ponían a bailar y a hacer el tonto, pero al ver que yo iba a lo mío, ellos volvían a lo suyo».

'Sí, quiero', con galerna

Laura Fernández, la titulada más jóven, cursó sus estudios en las escuelas náuticas de Lanzarote y Bermeo. «Aquel año fuí la única chica de clase, pero jamás viví un comportamiento machista por parte de mis compañeros», aclaró. Del anecdotario de su profesión -actualmente trabaja en Armintza como vigilante del captador de la boya de la energía de las olas- guarda situaciones cómicas como aquel caluroso día de verano en la que un chico reservó el barco turístico 'Hegaluze' porque quería pedirle la mano a su novia a los pies de Gaztelugatxe. «Le advertí que se avecinaba una galerna pero él me rogó que saliésemos. El cielo se estaba poniendo cada vez más feo, así que le propuse fondear en la cala de Hondatzape, más resguardada. En cuanto escuché el '¡Sí, quiero!', metí máquina para volver a puerto».

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