La construcción levanta cabeza en Bizkaia y necesita obreros especializados

Obras en la antigua terminal de autobuses de Termibus./Iñaki Andrés
Obras en la antigua terminal de autobuses de Termibus. / Iñaki Andrés

El incremento de la inversión pública y de la venta de pisos acelera al sector, que creó 1.200 empleos el último año

Eva Molano
EVA MOLANO

En los albores de la crisis, hace nueve años, 50.000 personas trabajaban en el sector de la construcción en Bizkaia. Ahora, apenas son 24.900, aunque el número se ha incrementado en 1.200 el último año. En Euskadi, hay 49.600 ocupados, 1.600 más que en 2017. Y cada vez habra más, porque hay más 'currelo' en edificación, rehabilitación, obra pública y privada. «El sector está creando empleo y precisa de mano de obra cualificada», explica Iñaki Urresti, el secretario general de Ascobi-Bieba, la Asociación de Constructores y Promotores de Bizkaia. Según afirma, las empresas se están encontrando con muchas dificultades a la hora de contratar operarios especializados: encofradores, oficiales de pintura y de albañilería, especialistas en trabajos verticales, fontaneros, electricistas... Todo, porque durante los años pasados, toda esa gente que acumulaba muchísimos años de experiencia en el sector fue prejubilada o perdió su empleo y tuvo que buscarse las castañas en otras ocupaciones, como en la industria o la hostelería. «Tenemos la fama de ser un sector duro, pero los sueldos no han estado congelados todos estos años de penurias y se ofrecen unas condiciones de trabajo bastante atractivas».

Mientras tanto, los empresarios no tienen más remedio que acudir a personas con una cualificación más baja de la que requiere el puesto para suplirlos y formarles por el camino. Al igual que en otras ocupaciones, como por ejemplo la hostelería, «la inmigración está cubriendo parte de los puestos, ya que hay mucha demanda». Urresti señala el incremento de la actividad en el sector, además de la escasa experiencia de muchos de los empleados a los que han tenido que recurrir y que están formándose, como una de las causas del incremento de la siniestralidad: el año pasado hubo 5 fallecidos, frente a los 3 del año anterior, y más accidentes graves.

La recuperación se debe en buena medida a que las administraciones han recuperado el pulso inversor. En Bizkaia, el dinero que destinaron a obras creció un 48% respecto al año pasado. La Diputación y los ayuntamientos sacaron a concurso obras por valor de 663 millones frente a los 448 que gastaron en 2017. En toda la comunidad, las administraciones inviertieron 1.380. «Tienen que retomar ahora que pueden todas las inversiones que no han podido acometer durante la crisis», expone Urresti. Cuanto más recaudan, más pueden invertir, se genera más empleo y más actividad. La pescadilla que se muerde la cola. Y si las administraciones están empujando el sector a base de reformar guarderías, hacer carreteras o pabellones polideportivos, los ciudadanos, que han recuperado parte del poder adquisitivo perdido, están demandando más casas. El año pasado, ciudadanos y empresas compraron 10.362 viviendas en Bizkaia, un 16% más que el año anterior, cuando se formalizaron 8.889 adquisiciones.

La venta de pisos de segunda mano creció el doble que la de pisos de nueva construcción, que solo se incrementó en un 10%. Aun así, en Bizkaia se empezaron 2.423 viviendas nuevas, un 15% más. Llama la atención que 1.713 eran libres, un 39% más, y 710 protegidas, un 18% menos. El precio del metro cuadrado de la vivienda nueva libre se situó en los 3.509 euros, mientras que en los de segunda mano fue de 2.772. Aun así, las casas nuevas se venden cada vez más rápido. El año pasado tardaron una media de 500 días en encontrar dueño, tres meses menos que en 2017, lo que, para los promotores, es un buen augurio. «La vivienda nueva muestra una clara tendencia alcista de los precios», asegura Urresti, que sostiene que todavía se contruyen muy pocos pisos nuevos -tanto libres como protegidos-: apenas 2 por cada 1.000 habitantes. Para revertir esta situación, pide medidas de estímulo, como adecuar las reservas de suelo a las futuras necesidades, así como adaptar los precios máximos de las viviendas de protección oficial a la realidad de los costes de edificación . «Éstos han crecido y los precios de las VPO siguen congelados desde el año 2010. Hay muchas promociones que no se realizan porque no son rentables», advierte.