Cierra la discoteca Mao Mao, foco de conflictos en Zorrozaurre durante 13 años

Varios jóvenes practican botellón en las inmediaciones de Mao Mao Beach./Ignacio Pérez
Varios jóvenes practican botellón en las inmediaciones de Mao Mao Beach. / Ignacio Pérez

La sala de fiestas que transformó la noche bilbaína busca implantar otro modelo de negocio por falta de rentabilidad

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

La mítica discoteca Mao Mao Beach anunció el pasado martes su cierre temporal a través de la redes sociales. Ante la sorpresa de la clientela, el dueño de la polémica sala de fiestas, David Gallardo, advirtió que la clausura es «provisional», aunque admitió que ignora hasta cuándo mantendrá bajada la persiana. Lamentó las «molestias» causadas y trasladó a los usuarios que habrá «más noticias próximamente», sin avanzar nada sobre las mismas. La clausura de la sala pone fin a trece años de conflictividad vecinal. Supone también un punto y aparte por la falta de rentabilidad del negocio y la continua pérdida de clientes derivada del agotamiento de un modelo de ocio que llevaba años dando síntomas de inequívoco declive.

Los residentes en la zona siempre han ligado la «delincuencia e inseguridad ciudadana» del barrio a la actividad de una sala que tomó el testigo de Columbus. Desde su apertura, en 2003, acumula un importante número de expedientes sancionadores y elevadas sanciones económicas por parte del Ayuntamiento. Los responsables municipales ordenaron en distintas ocasiones el cierre de Mao Mao Beach por exceso de aforo y poner en peligro la seguridad de los asistentes.

La sala de Zorrozaurre irrumpió como un torbellino y dio impulso a la alicaída noche bilbaína. Desplazó el ocio del centro al extrarradio de la ciudad con una fórmula inspirada en clubes 'tropicales': camareras en bikini, barmans musculados y música comercial. La fórmula parecía inagotable y convirtió a Mao Mao en la discoteca estrella de la capital. «Proporcionó réditos millonarios a sus dueños», señalan empresarios del sector. Generaba todos los fines de semana colas kilométricas a la entrada e infinidad de problemas al vecindario. Retrovisores arrancados, carreras de coches, orines... Los afectados denunciaron la «indefensión y pasividad municipal» y llegaron a organizar patrullas vecinales para poner coto a los robos y actos vandálicos.

«Solo entraron 60 personas»

Anhelaban la llegada de la temporada estival por la tranquilidad que suponía el cierre de la discoteca durante más de dos meses. La historia volvió a repetirse este verano. Cerró la puertas en julio y agosto y las reabrió el pasado día 8. Gallardo, exconcursante de 'Gran Hermano', comunicó a través de su cuenta de Facebook que volvía «a la carga otra temporada más», con entradas con dos copas a diez euros, chupitos a dos y abundantes raciones de reguetón. Mantuvo gratuito el servicio de lanzadera hasta el número 30 de Particular de Olagorta para facilitar el traslado de sus clientes y la presencia del DJ Andy Grape como actuación estelar.

Principales discotecas

Sonora
La discoteca de Erandio sigue marcando el ritmo en el extrarradio de Bilbao.Su dueño achaca el éxito de la sala a la continua renovación. «O te pones las pilas en cuestión de luz, sonido y animación, o estás perdido. No hay otra forma de competir con las grandes discotecas de Bilbao. Y, por supuesto, es necesario tener al lado el metro, porque de lo contrario la gente no te llega. Los controles de alcoholemia afectan sobremanera a nuestro negocio», subraya Maestre.
Budha
Fue durante años la estrella de la noche bilbaína hasta la irrupción del Moma. Los jueces decretaron en mayo el cierre de este local durante cuatro meses por rebasar el aforo e impusieron a los propietarios una multa de 46.000 euros.
Moma
La discoteca de Rodríguez Arias es tan conocida por los llenos que completa cada fin de semana como por los ruidos que genera tanto en el exterior como al Hotel Ilunion. Los vecinos lamentan la «inacción» del Ayuntamiento.
BackStage
La disco de Uribitarte es otro de los locales de moda del centro. Residentes en la zona han denunciado muchas veces las «batallas campales» que se producen en sus inmediaciones.

Sin embargo, el regreso se saldó con un sonoro fiasco: apenas 60 clientes accedieron al interior de la sala, con capacidad para 463 personas. Gallardo reconoce que el local ha perdido «vitalidad» y que necesita un periodo de reflexión para reflotar un negocio que en sus comienzos operaba todo el fin de semana, pero que últimamente solo abría los sábados. «Hay que solucionar unas cosas, arreglar algunas y mejorar otras», detalló tras sugerir que en el futuro se podría reservar la discoteca para la organización de «fiestas puntuales» y conciertos. «Volveremos a abrir, pero no sabemos cuándo. En estos trece años hemos pasado temporadas realmente complicadas y siempre hemos salido adelante. Son ciclos. La noche, es verdad, atraviesa ahora un momento muy difícil y hay que mejorar el funcionamiento», admite. Gallardo justifica la caída de la facturación en el «brutal giro» que ha experimentado el ocio nocturno y asume que los «chavales ya no son como antes porque gastan menos», argumenta.

Sin embargo, detrás de este cierre subyace, a juicio de buena parte de empresarios del ocio, la pujanza de las discotecas del centro de Bilbao, como Moma, Budha, precintada desde mayo por rebasar el aforo, y BackStage. «Si no ofreces algo muy concreto, el público no te va a llegar porque la oferta está muy centrada en la capital vizcaína. El centro de Bilbao se ha convertido en una 'pequeña Ibiza', ya que los jóvenes saben que pueden hacer botellón y no pasa nada», asegura Diego Maestre, propietario de Sonora, la discoteca de Erandio que abarrota los fines de semana con propuestas especiales para «universitarios y sesiones vespertinas para mayores de 50 años. O te pones al día o te quedas totalmente desfasado», esgrime Maestre, que asegura que camareras de Mao Mao ya están «buscando trabajos en otras discotecas porque se temen lo peor».

«Si fuera para siempre, lo celebraríamos por todo lo alto»

Anabel Toyos, portavoz de la Asociación Vecinal de Zorrozaurre, recibió ayer con alivio el cierre temporal de la popular sala de fiestas. Rezumaba satisfacción, pero considera «insuficiente» el paso emprendido por el empresario. «Estamos encantados de la vida, pero mejor sería que la hubiesen clausurado hace veinte años. Habríamos vivido muchísimo mejor todo este tiempo. Nos han hecho pasar temporadas muy difíciles», recuerda.

Los afectados prefieren no hacerse demasiadas ilusiones, Ayer, casi todo el mundo especulaba en el barrio sobre si Gallardo bajará la persiana de forma definitiva. «A lo mejor es para siempre, o a lo mejor no. Si conseguimos que no vuelva a abrir nunca más, lo celebraremos por todo lo alto», adelanta.

Toyos insiste en que la actividad de la sala ha supuesto una losa para Zorrozaurre:«Cuando no abría, el botellón desaparecía de forma total y el barrio iba bastante bien. No había tantos gritos y robos. Tampoco te rompían los retrovisores del coche y nadie destrozaba los portales», asegura la portavoz vecinal, que reconoce que el declive de Mao Mao «mejoró» la convivencia vecinal. «Las noches de los sábados ya no teníamos los follones de antaño. Venía bastante menos gente que al principio y se notaba mucho. Para bien, claro».

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