El cielo lloró con las saetas

El Nazareno salió a la calle casi a la hora prevista, bajo la lluvia y entre aplausos de un público numeroso / FERNANDO GÓMEZ

La popular procesión de El Nazareno recorrió San Francisco a pesar de la lluvia, que en algunos momentos rozó lo torrencial

Julio Arrieta
JULIO ARRIETA

Costó pero salió. Eso sí, lo hizo bajo la lluvia y protegido por una especie de chubasquero a medida con el que lo protegieron los cofrades. Nuestro Padre Jesús Nazareno salió en su procesión, la más popular y castiza del calendario de la Semana Santa bilbaína, la que recorre Las Cortes y a cuyo paso se pueden oír las saetas. Aunque lo hizo con un leve retraso en la salida y con algún cambio sobre el programa inicial previsto, a pesar de los coletazos de la galerna en forma de lluvia.

Desde buena mañana, todos los cofrades bilbaínos miraban al cielo, pero no empujados por un arrebato místico, sino por una preocupación meteorológica. Las previsiones habían apuntado la entrada de una galerna y el vaticinio se cumplió con creces. Llegaron la brusca bajada de temperarturas, el viento y la lluvia.

Los miembros de la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno deliberaban sobre qué hacer, minutos antes de la hora prevista para el arranque, las 20.30. «Así no podemos salir de ningún modo», decía uno. «Pero no podemos dejar sin procesión a toda esta gente», replicaba otro, mientras señalaba al público que abarrotaba las aceras de Hurtado de Amezaga. Por la misma calle subía ya, también con 'chubasquero' y desde el Museo de Pasos, la imagen de Santa María Magdalena. «Yo no tengo problema en mojarme», dijo el obispo auxiliar Joseba Segura. «¡Vamos a salir!», se decidió por fin. Muchos lo hicieron descalzos.

La procesión arrancó hacia la calle Cortes a ritmo algo más rápido de lo normal. Hubo un cambio sobre el programa, el paso invitado, La Soledad, se quedó en los Santos Juanes. La cofradía de la Vera Cruz prefirió no sacarlo. Las saetas se cantaron bajo la lluvia, las primeras desde el balcón del club Edén y las últimas en la plaza Corazón de María. Cantos a la belleza doliente de la Magdalena que ganaron en dramatismo bajo el cielo plomizo y sobre los paraguas. También en euskera. Por segundo año, el cantaor Juanjo Navas rompió moldes llevando la lengua vasca a este cante, «el mismo sentimiento que cuando canto en castellano, la misma intensidad, porque el mensaje y su profundidad son los mismos», como había explicado horas antes.