Los carteles de Carnaval de Bilbao desde 1979

Los carteles de Carnaval de Bilbao desde 1979

Un recorrido fotográfico por todas las ilustraciones de esta fiesta desde 1979 hasta 2017

ALBERTO CASTILLA

Repasa en estas fotografías los carteles de Carnaval de Bilbao desde 1979 hastas la actualidad en un recorrido lleno de imágenes coloridas para conmemorar la fiesta.

El 22 de febrero de 1979, una vez obtenida la financiación y el permiso de la autoridad competente, la Coordinadora de Comparsas recuperó para Bilbao la tradición del carnaval, prohibida desde los años 30. Era una época convulsa, con la Transición recién salida del horno, pero la ilusión y el éxito alcanzado por la Aste Nagusia el verano anterior hicieron el resto. Al año siguiente, con un programa de fiestas más alejado de la improvisación, se convocó el primer concurso de carteles anunciadores. Desde entonces, las nuevas tecnologías y un modelo de participación abierta a todos los públicos han marcado un certamen que era más local en sus orígenes, y que hoy en día recibe trabajos de todas partes de España.

Alfonso Gortázar (Bilbao, 1955), pintor de dilatada trayectoria, fue el autor de la obra ganadora de la edición de 1980. «Por aquel entonces no residía en Bilbao, había terminado mis estudios en la facultad de Bellas Artes un par de años antes, estaba buscándome la vida como pintor, y vivía en un caserío al lado de Mungia». Se enteró de la convocatoria «casi por casualidad», y presentó tres trabajos: ‘Sinsorgo’, ‘Sinfuste’ y ‘Sinfundamento’. «Ganó el primero de ellos, que era el mejor». Después, Gortázar olvidó el cartelismo. «En aquella época, con 25 años, me apuntaba a lo que fuera».

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El personaje ‘Sinsorgo’ está inspirado en «una fotografía, que me resultó muy curiosa, de un famoso ciclista bilbaíno de principios del siglo XX». Se trataba de Vicente Blanco ‘El Cojo’, que fue desde la capital vizcaína a París en bicicleta para correr el Tour de 1910. En cuanto a la evolución artística de los carteles de carnaval, tiene sus «dudas». «Ha habido un poco de todo», resultaban «más imaginativos los que jugaban con la máscara como elemento principal. El de este año me parece un poco flojo».

«Sin perfil de diseño»

En 1981, Juan Carlos Totorikaguena se llevó el concurso con su trabajo ‘Mozorroak euripean’. Hoy en día, con la «perspectiva para valorar ciertas prácticas» que le dan sus más de treinta años de experiencia como diseñador gráfico, realiza un análisis «muy crítico». «Creo que la calidad de los carteles, tanto de carnaval como de Aste Nagusia, está condicionada por el modelo de concurso abierto con jurado sin perfil de diseño». Esto «reduce las propuestas innovadoras e impide la participación de diseñadores con experiencia». Como consecuencia de ello, «la mayoría de proyectos presentados son de un nivel muy bajo».

El acceso «generalizado» a las nuevas tecnologías ha permitido que «cualquiera pueda crear un cartel, pero se necesita una base para lograr un concepto visual y gráfico», y esto solo se consigue mediante «una formación sólida y una experiencia contrastada». Totorikaguena considera que «estos carteles no están a la altura de una ciudad que pretende ser referente del diseño». Y subraya «expresamente la palabra diseño, para que no se confunda con arte, que tiene unas connotaciones más subjetivas y ligadas a un sector inaccesible e incomprensible».

Fiesta «ligada al exceso»

En una línea similar se pronuncia Marino Montero, personaje sobradamente conocido en la sociedad bilbaína, y que formó parte del jurado «en sus seis primeras ediciones». El carnaval regresó «derivado del éxito de la Aste Nagusia», y de ella «se importó la idea del concurso de carteles». En los primeros certámenes, «decidía la comisión de Fiestas», ahora el sistema mixto que incluye la votación popular «sirve para crear polémica». El plazo de las convocatorias es «excesivamente corto», denuncia. «Algunos llevamos tiempo defendiendo que deberían ser de un año para otro», con el objetivo de «mejorar el nivel, tanto de los participantes como de los trabajos presentados».

Montero establece un «cierto paralelismo» entre «la transformación de la fiesta en sí y la evolución de los diseños». El carnaval tradicionalmente era «una celebración para adultos, estaba directamente ligada al exceso, las licencias y la permisividad con el pecado». Hoy en día, se está convirtiendo en «una fiesta pueril», y eso se refleja en los carteles, «algunos parecen propios de una guardería. El entierro de la sardina se hacía la noche del martes previa al miércoles de ceniza, y ahora se ubica en horario infantil. Es un contrasentido total».

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