«No puedo pedir perdón por algo que no ha tenido lugar»

José María Martínez Sanz, exprofesor del Colegio Gaztelueta, en un momento del juicio./EFE
José María Martínez Sanz, exprofesor del Colegio Gaztelueta, en un momento del juicio. / EFE

El exprofesor de Gaztelueta insiste en su inocencia en una carta pública

EL CORREO

José María Martínez Sanz, el exprofesor de Gaztelueta, ha enviado a primera hora de esta tarde una carta pública a los medios en la que, tras ser condenado a 11 años de cárcel, insiste en su inocencia y asegura que «la pura verdad es que jamás he abusado sexualmente de nadie». «No puedo pedir perdón por algo que no ha tenido lugar, pero sí soy capaz de perdonar a quienes con tanta saña y crueldad están destrozando mi vida y la de mi familia».

Esta es la carta íntegra:

«Hace unas horas he conocido la sentencia por la que se me condena a once años de prisión por un delito de abuso sexual continuado del que soy completamente inocente. Está siendo, sin lugar a dudas, el momento más duro de mi vida. Comprendo que resulta difícil creerme después de una resolución judicial condenatoria, pero la pura verdad es que jamás he abusado sexualmente de nadie.

Durante los últimos años he vivido angustiado porque era consciente de que ante estas acusaciones falsas, incluso personas cercanas y queridas, podrían dudar de mi inocencia. En medio de esta situación tan horrible, pensar en el juicio me dio una cierta esperanza.

He callado durante todo este tiempo por consejo de mi abogado. Aunque confié en que el lugar adecuado para defender mi inocencia eran los tribunales, he sufrido lo inimaginable por todas las falsedades publicadas en los medios. En el juicio escuché a muchas personas a las que no conocía dando por cierta mi culpabilidad, sin presentar ninguna prueba, más allá de la credibilidad que daban al testimonio del chico..

Hoy no aguanto más y grito con todas mis fuerzas: ¡SOY INOCENTE! No soy ajeno al dolor de la otra parte ni insensible a sus demandas y denuncias, pero declaro rotundamente que por duras o escalofriantes que parezcan, ¡no son ciertas!

Durante 10 años me dediqué en alma y cuerpo a la educación; era mi pasión ayudar a aquellos que, por la razón que fuese, no estaban aprovechando todas sus capacidades. Lo mismo me sucedió durante los años en que, sin ser profesor, dedicaba mi tiempo a los jóvenes en campamentos, excursiones y equipos de fútbol. En total 15 años trabajando con gente joven. Nunca una queja, nunca una insinuación. Jamás pensé que tan desinteresada dedicación se pudiera volver contra mí de una forma tan injusta y tan cruel.

A mí no se me ha juzgado una vez, sino decenas de veces desde hace más de seis años, en la opinión pública y sin ningún tipo de garantías. Pase lo que pase en el futuro, estos años han roto mi vida profesional y personal, y mi familia ha sufrido muchísimo. No le deseo esto a nadie.

Yo también tengo una familia. Mis padres y mis hermanos han sufrido lo indecible durante todo este tiempo, se han quebrado al conocer la sentencia y me aterra lo que a alguno le pueda llegar a afectar. No solo sufre el que sale gritando en los medios.

El único consuelo que encuentro en este infierno que ha destrozado mi vida es saber que Dios es testigo de mi inocencia. No puedo pedir perdón por algo que no ha tenido lugar, pero sí soy capaz de perdonar a quienes con tanta saña y crueldad están destrozando mi vida y la de mi familia.

Recurriré la sentencia mientras pueda.»

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