El bullicio provoca «constantes» saltos de los sonómetros en Ledesma

El bullicio provoca «constantes» saltos de los sonómetros en Ledesma
BORJA AGUDO

El primer ensayo nocturno de esta experiencia piloto en una zona de terrazas se salda con una «buena acogida»

JOSÉ DOMÍNGUEZ

La sorpresa fue la respuesta mayoritaria de los usuarios de las terrazas de Ledesma a los haces de luz que saltaban cada vez que el bullicio superaba los 83 decibelios, el límite considerado tolerable para garantizar la tranquilidad de los vecinos en la calle. Porque, según reconocieron responsables municipales, entre las once y las doce de la noche del viernes los ocho sonómetros colocados en las fachadas de esta concurrida zona de copas saltaron de forma «constante» ante el sobresalto de muchas personas que desconocían su colocación o, al menos, el peculiar modo con el que se pretende reducir el ruido ambiental: un foco que ilumina un vinilo amarillo en el suelo que invita a reducir el volumen de voz con un escueto 'Baja el tono'.

Con todo, el primer ensayo práctico de la iniciativa piloto del Ayuntamiento de Bilbao obtuvo una buena «acogida» y generó expectación «porque no es invasivo y llama la atención». Una respuesta que, en cierta manera, logró su primer objetivo ya que, al margen de confirmar que la gente tiende a hablar muy alto cuando disfruta de su tiempo de ocio en una terraza, cada vez que saltaba un sonómetro y se producía el fogonazo, «la gente se callaba».

«Todavía es demasiado pronto para sacar conclusiones ya que fue un arranque cargado de pruebas, cambios y ajustes continuos», se justificaban las mismas fuentes. De hecho, los técnicos no paraban de subirse a las escaleras para mejorar el funcionamiento de los dispositivos cada vez que saltaban. Porque, lo que sí se pudo comprobar es que es no hacía falta que hubiese «gritos» ni grandes picos de intensidad para que el vinilo se iluminase. Y también que lo hacían más los puntos amarillos más cercanos a la calle Berastegi que en el otro extremo, la intersección con Alameda Mazarredo. «Esto nos ha llevado a pensar que igual tenemos que calibrar mejor y que se pueden rebajar los decibelios en algunas zonas, porque allí el volumen de salida ya es menor», matizaron desde el área de Movilidad y Sostenibilidad.

Un mes para valorar

Ahora, añadieron, toca analizar bien todos los datos y la reacción de la gente a medio o largo plazo. «Necesitaremos al menos un mes para disponer de una primera valoración», reconocieron desde el Ayuntamiento. En ese sentido, los sonómetros estarán en funcionamiento todos los jueves, viernes y sábados entre las once de la noche y las cuatro de la madrugada, aunque los momentos más conflictivos suele producirse antes de la una y media.