Bruselas se muda a Leioa por un día

La simulación contaba con todos los ingredientes para calcar un pleno de los de verdad./Pankra Nieto
La simulación contaba con todos los ingredientes para calcar un pleno de los de verdad. / Pankra Nieto

Estudiantes de la UPV simulan un pleno del Parlamento europeo en el que no faltan aplausos, abucheos, pactos y hasta una inesperada dimisión

XABIER GARMENDIA

Las encuestas han debido de volver a fallar porque ninguna preveía que el ascenso electoral de la extrema derecha euroescéptica fuera a ser tan importante. Contra todo pronóstico y por primera vez en la historia, el principal representante de esta corriente ideológica ha alcanzado la presidencia de la Comisión Europea y está dispuesto a dar marcha atrás en todo el proceso de integración comunitaria. Incluso considera al estadounidense Donald Trump como una «persona de bien» con la que trabajar mano a mano. El Parlamento está atónito.

Cuidado, porque esta es una realidad alternativa aunque a más de uno le pueda resultar verosímil de cara a los comicios del 26 de mayo. El hemiciclo ni siquiera está en Bruselas o Estrasburgo, sino en el paraninfo de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV en Leioa. Los parlamentarios tampoco son lo que aparentan. Si bien visten con indumentarias formales acordes a sus cargos, no pasan de ser unos veinteañeros a los que les apasiona la dialéctica. Toda esta parafernalia responde a la simulación de un pleno del Parlamento europeo organizada por la Asociación de Debate de la UPV en colaboración con Eurobasque, el Consejo Vasco del Movimiento Europeo.

La simulación, en todo caso, cuenta con todos los ingredientes para calcar un pleno de los de verdad. Los participantes se dividen en los principales grupos parlamentarios representados en la Cámara comunitaria: populares, socialdemócratas, liberales, alianzas de izquierdas y la extrema derecha. Además de los inquilinos de los escaños, tampoco faltan periodistas que cubren la sesión, miembros de grupos de presión -los conocidos como 'lobbies'- que trabajan por que se aprueben iniciativas favorables a sus intereses económicos y hasta ujieres que transmiten notas entre representantes de los diversos partidos. De hecho, la sesión es un no parar de 'post-its' que deambulan de una a otra bancada. «Aquí todo es como si fuera verdad», explican los participantes, aunque a más de uno se le escapa una ligera sonrisa al decirlo.

El objetivo, puntualizan, no es tanto «quedar bien» o «soltar cantinelas» como practicar la oratoria y fomentar el pensamiento crítico en un escenario lo más parecido a la realidad. Tanto es así que el inflexible presidente del Parlamento se lo toma completamente en serio y no titubea en apercibir a los eurodiputados que no se comportan bien o se revuelven en sus escaños: «Les vuelvo a llamar al orden para que prime el decoro parlamentario. A la tercera advertencia les expulsaré».

La recreación cuenta con todos los ingredientes: grupos parlamentarios, mesa, periodistas y ujieres

Giros en los acontecimientos

En la simulación, como en la realidad política, todo puede pasar. Incluso en un debate de tal importancia como la seguridad comunitaria y la situación en Ucrania. Mientras el recién proclamado presidente de la Comisión, Unai Gómez, pronuncia un duro discurso contra inmigrantes y refugiados, de repente se cuela en la pantalla un vídeo en el que dos habitantes de Crimea suplican a la Unión Europea que intervenga con urgencia en el conflicto bélico y les permitan huir de su país. El documento audiovisual produce tal reacción en el mandatario comunitario que pide un receso en la sesión para responder a la solicitud.

A diferencia de lo que suele ocurrir en la vida real, una primera solución llega en cuestión de minutos porque varios países se ofrecen a enviar ayuda humanitaria y acoger a los afectados. Sin embargo, las discrepancias que suscita la receta sí se parecen bastante a la realidad y todo acaba en un inesperado giro de los acontecimientos. Los presidentes de Rusia y Ucrania, Mikel Guarnido e Inés Aranguren, que asisten al debate, se ponen a la gresca, las redes sociales de cada uno de los grupos parlamentarios echan humo y la división interna entre los socialdemócratas precipita la dimisión de su líder, Iker Márquez. Entre ovaciones cerradas, abucheos y pactos entre los pasillos, cualquiera deduce que la realidad no supera la ficción. En citas como esta, tan solo se igualan.