Récord de calor: los 44'7º de Orozko de ayer marcan el máximo histórico de Euskadi en un mes de junio

La gente trata de hacer frente al calor como puede. /E. C.
La gente trata de hacer frente al calor como puede. / E. C.

Los vecinos capearon el sofocante calor como pudieron tras la engañosa tregua de la mañana

SERGIO LLAMAS | LEIRE PÉREZ

Bizkaia volvió a tener ayer los ojos puestos en el termómetro. La segunda jornada de la ola de calor hizo que se superaran las temperaturas del miércoles, que habían colocado el listón en los 40,4º registrados en Sodupe. Este barrio de Güeñes alcanzó ayer los 41,1º pocos minutos después de las cinco de la tarde, aunque Orozko le arrebató el primer puesto al disparar el mercurio hasta los 44,7º, «récord histórico de Euskadi en un mes de junio, pendiente de comprobación», según afirmaron desde Aemet.

En ambas localidades, los vecinos capearon el sofocante calor como pudieron. Las piscinas de Sodupe, que no se han visto afectadas por las huelgas, volvieron a rozar el lleno. El miércoles habían rondado los 700 usuarios, una cifra nunca alcanzada en sus nueve años de historia. «Viene mucha gente de Bilbao porque son más baratas y están menos abarrotadas», explicó una trabajadora, Anuska Prado.

Ponerse a remojo fue un alivio para Mikel Gauna, que volvió a llevar a sus hijos Amets y Olaia, de 8 y 10 años. «Con esta temperatura hay que andar del agua a la sombra», apuntó. Ni siquiera en la piscina se estaba a salvo del todo. El miércoles, a las dos de la tarde, Olaia Garai sufrió un pequeño mareo cuando estaba allí. «Pasé unos 15 ó 20 minutos bastante malos y luego estuve vomitando», explicó la mujer. Ese mismo día, a las seis de la tarde, dos ambulancias tuvieron que atender a una vecina que sufrió una lipotimia en el centro de Sodupe.

Mikel Larrea, trabajador del bar Navarro, vio llegar a los sanitarios desde la barra. Ayer todos los cafés que se pedían eran con hielo y pocos se atrevían a asomarse a la terraza. Javi Muñoz, Juan Andrés Iragorri y Joseba Alonso, sin embargo, se animaron a utilizarla. «Cuando aprieta tanto se está mal en casa y en todas partes», razonaron.

Conciliar el sueño la noche anterior había sido difícil, pero más lo fue para Muñoz, que tiene el turno de noche en una fábrica. «Tienes que tener todo cerrado», aseguró. Al grupo, la brisa y los pequeños nublados de por la mañana le habían hecho albergar esperanzas de tener una jornada menos extrema, que se disiparon por la tarde. «Hoy he tenido que comer con un ventilador a los pies», afirmó Iragorri.

El chocolate, a la nevera

Por buscarle el lado bueno, Rogelio Eitor ha vendido estos días más helados que nunca. Solo el miércoles, «unos 200», calculó el hombre desde su tienda. En la tarde de ayer, dentro del local el termómetro marcaba unos tolerables 27 grados. «Luego pongo el horno para calentar unas pizzas y la cosa sube bastante», añadió el hombre, que también tuvo que meter algunos productos de chocolate en la nevera para asegurarse de que se conservaran. Otro mercado en auge estos últimos días ha sido el de las cremas de protección solar. «Hasta ahora no había hecho tampoco demasiado bueno, así que no se habían llevado muchos protectores», explicó Arantza Acha, de la farmacia de la Herriko Plaza. El termómetro exterior del local, a la sombra, señalaba 37 grados a las 16.24 horas.

Orozko también fue ayer un auténtico brasero. El alcalde, Pedro Intxaurraga, reconoció que no recordaba un valor similar en un municipio interior que está acostumbrado a que el mercurio suba más de lo normal. «No es habitual que haga tanto calor, aunque todos los años sufrimos algún día más que el resto», comentó. El tope habían sido los «38 grados». El primer edil es un experto del entorno rural y de los montes. En 2003 recuerda también cómo afectaron las altas temperaturas. Ese año pueblos próximos al parque Natural sufrieron incendios, el mayor motivo de temor. «Es una mala combinación que sople el viento fuerte con este calor. De momento, parece que libramos», afirmó.

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