Bilbao busca cómo contener el avance del mar por la ría

Punto de encuentro. La gran compuerta se levantaría a la altura de Portugalete, donde la ría se estrecha, y hasta podría desplazarse hacia El Abra. /jordi alemany
Punto de encuentro. La gran compuerta se levantaría a la altura de Portugalete, donde la ría se estrecha, y hasta podría desplazarse hacia El Abra. / jordi alemany

Expertos y administraciones barajan soluciones como una gran compuerta en el Nervión para poner la ciudad a salvo de las amenazas del cambio climático

Luis López
LUIS LÓPEZ

Ciudades costeras de todo el mundo se están devanando los sesos en busca de soluciones que garanticen su supervivencia, que conjuren los riesgos que supone la implacable subida del nivel del mar. Nueva York proyecta diques; Venecia está construyendo un complejísimo sistema de compuertas... ¿Y Bilbao? Estamos en una de las capitales españolas más amenazadas, junto con Santa Cruz de Tenerife, Alicante y Santander. Pero aquí tenemos una particularidad: el Cantábrico llega al corazón de la ciudad por la ría. Eso lo cambia todo... ¿Y si contenemos el avance de las mareas con una gran compuerta en Portugalete?

Expertos y administraciones ya han empezado a considerar esta posibilidad. Hay debate. Aunque, eso sí, genera dudas. El Ayuntamiento asume que el problema fundamental a la hora de cerrar la ría en pleamar surgiría si se disparan los aportes aguas arriba. Es decir, lo que llega de los ríos que la nutren, que son muchos: Nervión, Ibaizabal, Cadagua, Gobela, Galindo, Asua, Ballonti... Así que, antes de nada, hay que conocerla bien: su capacidad de almacenar agua, cómo funciona esa autopista líquida... Ya se ha puesto en marcha un estudio para hacerle la radiografía.

Porque estamos en el momento de pensar. Un proceso de reflexión mundial que se da esencialmente en las ciudades: «Son las que están ganando protagonismo a la hora de plantar cara al cambio climático, que tiene bastantes variables que nos preocupan con vistas a un horizonte próximo», explica José Antonio Garrido, presidente de Bilbao Metrópoli 30, el colectivo nacido hace tres décadas para planificar el futuro del área metropolitana. En este foro ya se ha planteado la posibilidad de levantar una gran compuerta en la ría. «El Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos inició una serie de mesas redondas para considerarlo», revela.

El decano del colegio es José Tesán y tiene dos cosas muy claras. La primera, que hoy en día «es físicamente posible hacer casi cualquier cosa». La ingeniería apenas tiene límites técnicos. La segunda, que antes de meterse en aventuras multimillonarias «hay que ver si tienen sentido desde el punto de vista del coste-beneficio».

«El principal problema de una compuerta es que a la ría seguirían llegando aportes de los ríos» José Tesán | Decano Ingenieros de Caminos

Aportes de los ríos

Hablemos de ese muro móvil e imponente que suena a ciencia-ficción. En principio, la idea sería colocarlo entre Portugalete y Las Arenas, donde la ría se estrecha y entre ambas orillas hay «entre 150 y 160 metros». En pleamar la lámina de agua en el lado exterior de la compuerta quedaría «tres metros y medio por encima de la ría». El problema es que durante el tiempo de marea alta y 'puertas cerradas' «seguirían llegando aportes de los ríos» a esa piscina que se formaría entre el Puente Colgante y Bilbao.

Así que debería calcularse la capacidad de esa especie de embalse temporal para recibir avenidas de agua, sobre todo, en caso de lluvias. «Quizás necesitaríamos más 'piscina'», apunta Tesán. Y ahí llegarían los problemas porque «eso nos obligaría a llevar la compuerta al Abra». Aquí las cosas se ponen peliagudas. Ya estaríamos hablando de un 'obrón' enorme. Medido en dinero, y a vuelapluma, la primera alternativa, una infraestructura en la ría a la altura de Portugalete podría salir por «unos 200 millones de euros». Si nos vamos fuera, «a unos calados de 35 metros», semejante megaestructura se dispararía «quizás a 2.000 millones».

Así que hay muchos cálculos que hacer. Lo bueno es que tenemos tiempo. Es verdad que la subida del nivel del mar está aquí y que desde 1970 se ha elevado 20 centímetros. También que a partir de ahora las previsiones apuntan a incrementos mayores, «de entre cinco y ocho centímetros cada década». Y «aunque fuesen doce... Hay tiempo para estudiar los nuevos modelos», tranquiliza el decano.

¿Qué es eso que hay que estudiar? Varias cosas. Porque el cambio climático no sólo supone que aumenta el nivel del mar; también cambia el régimen de lluvias. Lo malo es que «no sabemos cómo va a evolucionar». Claro, nuestros cauces «están preparados para el modelo de precipitaciones que tenemos: unos mil litros por metro cuadrado al año», bastante repartidos en el tiempo. Si, como se prevé, eso cambia a lluvias torrenciales «los modelos de evacuación de la ría también cambian». José Tesán recuerda que en las inundaciones de 1983 cayeron «más de 500 litros por m2 en día y medio», y ahí surgió el problema. Imagínese que pasa algo así con la ría cerrada por una compuerta y en un entorno como el actual, mucho más urbanizado y, por lo tanto, impermeable. Es decir, con menos suelo de tierra para absorber el agua.

Ese nuevo escenario meteorológico supone en sí mismo una amenaza para la ciudad. Es decir, el cambio climático acecha desde la costa por la subida de los niveles del mar, pero también desde las montañas por el riesgo de avenidas que provocarían las lluvias torrenciales. Y todo ello se juntaría en un mismo sitio: la ría. Así que hay que analizar cómo se conjugan medidas para combatir ambas amenazas. Por ejemplo, una compuerta en Portugalete con el gran túnel pensado entre La Peña y Olabeaga. Esta gran estructura, que casi sería como un nuevo metro, tendría como cometido canalizar, en caso de riada, la mitad del cauce del Nervión para evitar su paso por el centro de la ciudad. El objetivo sería que no se repitiese lo que ocurrió en 1983.

«El cambio climático tiene bastantes variables que nos preocupan para un horizonte próximo» José Antonio Garrido | Pte. Bilbao Metropoli 30

Una vaguada peligrosa

La zona a preservar, principalmente, es el Casco Viejo. Un entorno para el que, en su día, también se habían proyectado una serie de estructuras móviles que evitasen la entrada del agua en caso de crecida. Pero es que el peligro no sólo llega del Nervión. Sobre todo, en caso de lluvias torrenciales en la zona. La calle Iturribide, que es «una vaguada natural», puede convertirse en un caudal fatal, como ocurrió en la catástrofe de hace 36 años, recuerda Tesán. ¿Y si la solución es construir algo para canalizar ese torrente y que no lo destruya todo a su paso?

Por eso, desde el Colegio de Ingenerios de Caminos, Canales y Puertos insisten en que es el momento de pensar, analizar modelos, intentar conocer mejor a qué nos enfrentamos. Y, eso sí, interiorizar que el riesgo es real.

En realidad, ya se está teniendo en cuenta el cambio climático a la hora de proyectar el futuro de la ciudad. Zorrozaurre es el caso más claro, aunque la notoriedad más reciente le haya llegado porque en las inundaciones de enero –provocadas únicamente por una pleamar extraordinaria, no por las lluvias– el mecanismo protector fundamental fueron los habituales sacos de tierra. Sin embargo, el ánimo es levantar la isla metro y medio a base de rellenos para elevar la cota y ponerla a salvo. También construir grandes depósitos para contener el agua de lluvia, muros para impedir la entrada de la ría... La apertura del canal de Deusto es otra de las históricas medidas que al fin se ha materializado, aunque sus efectos se notan más aguas arriba.

En fin, que ya nos estamos preparando para un nuevo mundo que se acerca rápido. Lo malo es lo de siempre: que, en realidad, nadie sabe muy bien aún cómo va a ser.

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Una revolución en todo el litoral

La amenaza del cambio climático podría tener un enorme impacto en todo el litoral que va más allá de la subida del nivel del mar. «No sabemos cómo va a influir en las dinámicas oceánicas, pero sí parece que va a modificarlas», advierte el decano de los Ingenieros de Caminos. El problema no es menor. Las infraestructuras de protección en los puertos están diseñadas teniendo en cuenta una serie de parámetros: «La entrada del mar por el noroeste en series de siete olas, y unas corrientes submarinas determinadas». Si algo de eso cambia y, por ejemplo, los embates llegan del norte, José Tesán alerta de que «muchas infraestructuras de protección no van a funcionar bien».

Realojos y obras como solución

La Agencia Vasca del Agua (URA) tiene unos mapas muy interesantes donde se ven las zonas con más riesgo de inundación. En Bilbao son las conocidas: Elorrieta, Deusto, Zorrozaurre, Campo Volantín, Casco Viejo, La Peña... Este último barrio estaría amenazado únicamente por riadas con un periodo de retorno de 500 años, es decir, como las de 1983. ¿Quiere eso decir que queda casi medio milenio para que pase algo similar? No. Es una estimación puramente estadística, hecha añicos ahora por el cambio climático. Como es lógico, a la hora de hacer sus previsiones URA tiene en cuenta las variables conocidas. Lo desconocido –cuánto va a subir el nivel del mar, cómo va a cambiar el régimen de lluvias...– está por ver. Por eso, URA anima a usar la lógica y no ocupar suelos potencialmente inundables.

¿Y qué hacer con las zonas ya urbanizadas y donde vive un montón de gente? Ahí es donde cobran importancia las medidas para contener el avance del agua. Incluso «se pueden plantear soluciones totalmente innovadoras» desarrolladas por ingenierías locales que, además, «servirían como impulso para que se pudieran vender en todo el mundo», dice José Tesán. ¿De qué está hablando? De cosas revolucionarias. Por ejemplo, elevar ciertas calles. «Que lo que ahora son bajos, sean sótanos, y lo que son primeros, sean bajos...», lanza el decano del Colegio de Ingenieros de Caminos. En otros casos quizás lo lógico sea alejarse de las zonas peligrosas, quitar edificios, realojar vecinos...

– Todo eso suena algo exagerado...

– Puede que sí. Pero, ¿alguien se imaginaba hace cincuenta años cómo iba a estar Bilbao hoy en día? Hay que buscar soluciones, y quizás algunas sean radicales. Lo bueno es que tenemos tiempo.