Best 50: embajadores a cuerpo de rey

Repercusión internacional. Periodistas de una decena de países probaron lo más selecto de la gastronomía vizcaína en el Baserri Maitea./Jordi Alemany
Repercusión internacional. Periodistas de una decena de países probaron lo más selecto de la gastronomía vizcaína en el Baserri Maitea. / Jordi Alemany

Reporteros de todo el mundo recorren Urdaibai en busca del refrescante txakoli, el bonito más suculento, el txuleton más jugoso... hasta caer rendidos en el autobús que les lleva al txoko

Eider Burgos
EIDER BURGOS

«¿Cómo deletreas orujo?». Son las diez de la mañana y la bodega Doniene Gorrondona, en Bakio, ya despacha aguardiente de algas, especialidad de la casa. Ishay Govender, periodista de Ciudad del Cabo, solo lo huele. A su lado, una compañera mexicana pide una botella para llevar: «Si puedo con el tequila...»

Asisten al especial 'hamaiketako' de anchoas, queso, jamón y bizkaiko txakolina que la Diputación desplegó ayer para la prensa internacional. De Colombia, México, Japón, Austria, Dinamarca, Alemania, Sudáfrica, Suecia, Rusia y Estados Unidos llegan a Bilbao atraídos por el aroma de los Oscar de la gastronomía: 'The World's 50 Best Restaurants', que el próximo martes 19 se entregarán en el Palacio Euskalduna. Hasta entonces, reportarán los rincones más 'goxos' del territorio, con vistas a que luego presuman de jamada en medios de todo el mundo.

Ayer tocaba Urdaibai. Una nublada jornada compensada con los viñedos extendiéndose ladera abajo hasta la localidad costera de Bakio. Andoni Sarratea, relaciones comerciales de la bodega, explicaba en un inglés americano el proceso de recolección y fermentación de las uvas con denominación de origen: la hondarrabi zuri para los blancos y la hondarrabi beltza para los «rosé». «Para los vascos, el vino no es tinto, sino beltza: negro».

«¿Y cómo se dice 'gracias' en euskera?», pregunta discretamente Melinda Joe. Lo volverá a preguntar a la salida del caserío, tras la merendola, «que el euskera es muy difícil». Ella, de Luisiana, ya había probado el txakoli... en Tokio, donde vive desde hace 15 años y trabaja como reportera: «Es una bebida conocida, pero muy cara». Un vaso tipo txikito cuesta unos 7 dólares.

¿Es Bilbao conocida en la otra parte del planeta? «Puede que solo el Guggenheim, San Sebastián tiene más proyección», señala Hiroko Sasaki, periodista 'freelance' de la capital nipona. A su lado, la danesa Nana Balle matiza: «Si eres aficionado a la gastronomía, sí es probable que conozcas la cocina vasca o que hayas oído hablar de la ciudad». Aunque Nana trabaja en una asesoría para empresas de alimentación, también escribe artículos sobre gastronomía: «Intentaremos que en este quede algo bonito», sonríe.

Cata de bizkaiko txakolina en Goniene Gorrondona, en Bakio.
Cata de bizkaiko txakolina en Goniene Gorrondona, en Bakio.

Del 'cheers' al 'topa'

Tras el vino y los orujos, la tropa sube a un bus hasta San Juan de Gaztelugatxe. Por problemas en los accesos, solo lo podrán disfrutar desde un lejano mirador que empequeñece su esplendor. Ni la baza del rodaje de 'Juego de Tronos' cuela con este grupo: nadie ha visto la serie.

En plena costera del bonito, el tour se detiene en la Conservera bermeotarra Serrats, en activo desde 1890 y bajo el mando de la quinta generación. Ataviados con asépticas batas, gorros y 'cubrebarbas', examinan de cerca el proceso de limpieza y enlatado del bonito del norte. Deben permanecer atentos, pues la visita finaliza pesando y envasando su propia pieza, que incluye un mensaje en una minibotella y que será remitido a la persona que ellos elijan. El trabajo bien hecho lo celebran descubriendo la ventresca, con unos pintxos que se deshacen en la boca. De fondo, el 'chin-chin' de las copas, en las que ya catan otro txakoli, de Itsasmendi. A estas alturas, ya cantan «topa».

Envasaron una pieza de bonito del norte en Serrats, en Bermeo.
Envasaron una pieza de bonito del norte en Serrats, en Bermeo.

Chuletón de Gernika

La última parada de la golosa ruta señala al Baserri Maitea, un espectacular caserío del siglo XVII en plena reserva de Urdaibai que recibe a los periodistas con otra bandeja de copas. «¡Más vino!», exclama una avanzadilla. Les explicamos que en Euskadi cualquier reunión es digna de celebrar con comida y bebida. Lo saben, conocen el ritual «de bar en bar» y el truco de los zuritos. Sí se sorprenden al acceder al comedor, antaño una cuadra. Ahora, las mesas se adornan junto al asador donde reposarán tres tipos de chuleta: de Gernika, de semental alemán y de Polonia. En una cata a ciegas, no hay un claro favorito y solo los locales han elegido la vaca vasca. El resto del menú lo conforma un desfile de platos que complican la traducción, entre sisas, kokotxas, poteras o cuajadas.

De vuelta a Bilbao, el jet lag y la tripa llena acaban tumbando al personal, que cae rendido contra la ventanilla del bus. Deben descansar: en apenas dos horas cenarán en un txoko. En el del Athletic, para ser exactos, y con un cocinero Michelin a los fogones, «aunque el nombre es sorpresa». Unos pocos lo cambiarán por el Azurmendi y estos días comerán en el Mugaritz y el Asador Etxebarri. Aunque la modorra es tal que más que ilusión les da pereza.

«Mi primer pintxo lo probé en un bar de Barcelona, el Txapela»

Varios de los periodistas que ayer recorrieron Urdaibai ya conocían las delicias de la cocina vasca. Algunos, de aquella manera: «Mi primer pintxo lo probé en Barcelona, en un bar que se llamaba Txapela», cuenta el alemán Derk Hoberg, entre risas. Otros ya habían sido invitados en su calidad de redactores gastronómicos. La mayoría, eso sí, a San Sebastián. «Hicimos una ruta de pintxos en diciembre», cuenta Melinda Joe, estadounidense que reside en Tokio desde hace una década. «También vinimos a Bilbao, pero solo vimos los museos». Nina Wesseley, supo del arte a través de los maestros: entrevistando a Andoni Aduriz, chef del Mugaritz, y a Elena Arzak, que dirige el prestigioso restaurante junto a su padre. «Los cocineros de aquí son muy amables». ¿Les han colado ya la lista de los que saldrán ganadores este martes? «¡No tenemos ni idea!», prometen.