Dos policías locales con olfato, y valor, para los atracadores

Una patrulla de la Ertzaintza./
Una patrulla de la Ertzaintza.

Uno de los miembros de la patrulla que frustró el asalto a un banco en Abanto recuerda cómo hicieron frente a los ladrones a sabiendas de que podían ir armados

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

«Esta vez salió muy bien. El atracador llevaba un revólver de fogueo, pero era una réplica exacta, incluso en el peso. A primera vista, imposible distinguirlo». Los agentes de la Policía Municipal de Abanto y Zierbena que el pasado viernes detuvieron a los asaltantes de una sucursal bancaria del municipio demostraron un gran pundonor. Miembros de una pequeña Policía local, tuvieron el valor de interceptar a dos profesionales del delito a los que sorprendieron prácticamente 'in fraganti'. La sección de Erne en la Policía Municipal les felicitó en un tuit.

«Fuimos los primeros en llegar», relata uno de ellos a este periódico. Eran las 14.10 horas. Acababan de empezar el turno de tarde y estaban aún en la comisaría dos agentes, un agente primero y un suboficial. «Recibimos una llamada de la Ertzaintza de que estaba habiendo un atraco a mano armada en la sucursal de la BBK», recuerda el policía.

«Un compañero y yo montamos en un coche patrulla y el otro nos siguió». La oficina bancaria, situada en la Avenida del Minero, en Gallarta, se ubica a unos 300 metros del Ayuntamiento y la sede de la guardia urbana. «El compañero se parapetó detrás de un coche y yo en la esquina del edificio con el arma en la mano». Sabían que los asaltantes estaban armados y poco más. «Esperábamos a que llegara la Ertzaintza para recibir instrucciones», explica. Después se supo que los ladrones habían amenazado a los empleados de la caja de ahorros y a un cliente.

Justo en ese momento, «veo que sale de la sucursal un hombre tranquilo, tan normal, con una mochila. No sabíamos si podía ser alguno de ellos», por lo que el agente, consciente de que igual llevaba algún arma, le gritó: «Las manos a la cabeza». Él le contestó: «Tranquilo, yo no he hecho nada». Como si estuviera bloqueado o nervioso, el individuo no atendía a sus órdenes. El uniformado, que al principio estaba a unos cinco metros de él, se fue acercando. «¡Que levantes las manos!», le insistió. Así se cercioró de que no llevaba nada en las manos.

El verduguillo en un bolsillo

Al de pocos segundos, apareció por la puerta de la sucursal el segundo asaltante y echó a correr. No había duda, «son ellos», pensó. El policía local vio que su compañero y un ertzaina le perseguían y se centró en el primer atracador. Le obligó a que se colocara de rodillas y advirtió a los otros policías para que «miraran que no había nadie más dentro de la sucursal». En medio de la confusión, «escuché un disparo» que algún policía efectuó al aire para frenar la huida del segundo atracador.

La clave

Momento curioso
«No puedo que tengo artrosis», le espetó el delincuente al policía que le pedía que se levantara.

Entonces, se produjo un momento curioso. El delincuente tenía puestas las esposas y estaba sentado. El policía local le pedía que cruzara las piernas para así, de un empujón en la espalda, ayudarle a levantarse, pero él se resistía. «No puedo que tengo artrosis», le espetó. También se quejaba de que se le clavaba el revólver que llevaba a la cintura y de que le dolía un ojo. «Me vais a tener que llevar a un médico», le advirtió. Los atracadores eran viejos conocidos de la Policía y se las sabían todas. De 52 y 53 años y nacionalidad española, ambos tenían antecedentes e ingresaron ayer por la tarde en la prisión de Basauri tras ser puestos a disposición del juzgado de guardia de Barakaldo, informó el Departamento de Seguridad.

Finalmente, le levantó a pulso y le colocó contra la fachada para, con ayuda de un ertzaina, registrarle. «Llevaba un pinganillo al oído y un talkie, suponemos que para comunicarse con alguien que esperaba fuera». Tenía calzas de unos siete centímetros para aparentar más altura, relleno en el abdomen para hacer creer que tenía barriga y una ropa encima de otra, para quitarse una en la huida. Para salir de la caja de ahorros sin levantar sospechas se había despojado del verduguillo y lo llevaba en un bolsillo, junto con cinta americana de la que se usa para maniatar en la mochila.

Como hacen habitualmente por falta de medios, los policías locales trasladaron a los detenidos hasta la comisaría de la Ertzaintza en Muskiz, donde culminarían las diligencias. El agente se había hecho daño en la espalda, por lo que tras prestar declaración, pasó por la mutua donde le diagnosticaron una contractura en la zona lumbar, de la que, por la tensión, ni se había percatado.

 

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