40 años de estímulos para vencer a la parálisis cerebral

Paula entrega un pictograma al lehendakari durante su visita al centro de Aspace en Loiu. /JORDI ALEMANY
Paula entrega un pictograma al lehendakari durante su visita al centro de Aspace en Loiu. / JORDI ALEMANY

Centenar y medio de voluntarios de Aspace consagran sus esfuerzos a ayudar a personas que sufren este trastorno con el fin de impulsar su integración social

TERRY BASTERRA

La mirada de Ioana Chirca se ilumina cuando las logopedas le preguntan si quiere contar dónde vive. A sus 16 años su parálisis cerebral no le impide comunicarse y quiere demostrarlo. Aunque lo hace de una forma singular. Las trabajadoras del centro de educación especial que Aspace tiene en Loiu han diseñado un cuaderno específico para ella en el que los colores le sirven de guía. Gracias a ellos identifica los distintos pictogramas, cada uno con un significado distinto. De esta forma indica si tiene hambre, le duele algo o el lugar donde reside con su familia. Ella es vecina de Balmaseda.

Esta niña es una de las cerca de 450 personas que la entidad asiste en Bizkaia. Lo hace en catorce centros. Uno de ellos está en Loiu y allí se atienden a niños y jóvenes de entre 3 y 21 años. Ayer sus 45 chavales recibieron la visita de Iñigo Urkullu con motivo del 40 aayudaniversario de la asociación. El lehendakari destacó su labor y recalcó que «la atención a las personas que más lo necesitan es un reto compartido». Insistió además en la necesidad de seguir «trabajando juntos por una sociedad más comprometida, cohesionada, solidaria y justa».

«El tesoro de Aspace son sus empleados», destaca la logopeda Mónica Blanca. Y no se equivoca. Están enamorados de lo que hacen y se les nota en el cariño y la paciencia con las que tratan a los usuarios. Izaskun Rodilla es de las veteranas. Comenzó a trabajar en esta entidad en 1988, con apenas 23 años. Ha sido testigo de la evolución que ha experimentado la atención a estas personas en las últimas décadas. «El cambio es espectacular. Antes para mover a los chicos todo lo teníamos que hacer a pulso. Ahora te ayudas de una grúa. Por no hablar de las tecnologías. Algunos de nuestros muchachos son capaces de manejar tabletas con la mano o la rodilla para comunicarse», destaca. Y es que la mayoría de ellos carecen de lenguaje oral.

Estimulación personalizada

En las instalaciones de Aspace atienden a personas con diferente grado de parálisis cerebral. «Trabajamos la estimulación de los niños de forma personalizada y con un equipo multidisciplinar. Aquí participamos fisioterapeutas, pedagogas, logopedas, técnicos en tiempo libre, voluntarios... Buscamos crear un ambiente agradable para que los chavales estén cómodos y contentos y, a partir de ahí, que desarrollen todas sus potencialidades», explica Naroa Madariaga. Ella comenzó a trabajar en Aspace en 2006, tras cursar estudios de Educación Especial, y lo tiene claro: «son personas como todos los demás, nuestro objetivo es integrarlos en la sociedad».

Para lograrlo otra de sus líneas de trabajo son las salidas. Y no se fijan las limitaciones. Han estado en parques de atracciones, en museos, han viajado en avión, practicado esquí, kayak y surf. Este último verano un grupo de usuarios pasó dos semanas de colonias en Asturias. El responsable de organizar este tipo de salidas es Iker Ortolatxipi. Su máxima es «ser flexibles» e intentar hacer que todo sea accesible. Las barreras no les frenan a la hora de sacar a sus llevar a la calle para que puedan disfrutar de las mismas actividades que el resto de la ciudadanía. «En cada salida se convierten en el centro de atención del lugar al que van. La gente responde muy bien y ellos disfrutan mucho. Se les ve en la cara», destaca Naroa Madariaga.

Estas excursiones y estancias de una o dos semanas permite, por otro lado, dar un respiro a las familias de los usuarios. Les da la opción de disponer de unos días libres sin estar pendiente del cuidado de sus hijos y hermanos. Los pueden utilizar para ir de vacaciones o dedicarlos a cualquier otra actividad.

La labor de Aspace, además de potenciar la capacidad cognitiva y motora de sus usuarios, tiene también una función educativa igual de importante, como recalca Izaskun Rodilla. «Hay que enseñarles límites y por eso los tratamos como a unos niños más».

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