Elegidas para cambiar la realidad

Beatriz Gámiz, concejala del PSE en Ermua, con su hija Aitana, de tres años. Al fondo, su marido./Ignacio Pérez
Beatriz Gámiz, concejala del PSE en Ermua, con su hija Aitana, de tres años. Al fondo, su marido. / Ignacio Pérez

En Bizkaia hay 28 alcaldesas y 501 concejalas que luchan por conciliar frente a los patrones masculinos que marcan la política municipal

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

A finales de los setenta, si una mujer decía que iba a trabajar al ayuntamiento de su pueblo, casi inmediatamente se entendía que era secretaria, administrativa o limpiadora. Muy pocas eran representantes elegidas en las urnas. No llegaban ni al 7% y tenían que abrirse camino en un mundo de hombres. Actualmente, la proporción de electas vascas -entre alcaldesas y concejalas- ha rebasado el 40%, según datos de Eudel y Emakunde.

Es una evolución espectacular, sí, pero los números, fríos e inapelables, recuerdan que todavía queda mucho por hacer y que aún no es hora de lanzar fuegos artificiales. En Bizkaia, sólo 28 de sus 112 municipios -la cuarta parte- tienen alcaldesa y las localidades más pobladas -excepto Barakaldo y Santurtzi- están dirigidas por hombres. Si se baja en la jerarquía municipal, la representación femenina aumenta: en el territorio histórico hay más de medio millar de mujeres ediles, que ocupan más del 40% de las concejalías.

Es decir, pocas llegan al puesto más alto de la administración local, y las que lo logran duran menos que los hombres en el cargo. Según datos de Eudel, en la pasada legislatura repitieron el 53% de los alcaldes y sólo el 33% de las alcaldesas. ¿Por qué ocurre esto? Dos regidoras y tres concejalas vizcaínas, todas ellas integrantes de la red Baskeskola -una iniciativa de Eudel y Emakunde que, entre otras cosas, trabaja para mejorar la conciliación de las electas- explican las dificultades añadidas a las que se enfrentan y por qué hay que poner manos a la obra para terminar con ellas, ya que, según coinciden en afirmar, las políticas han venido «para quedarse».

Radiografía de género de los municipios vascos

28
son las mujeres alcaldesas que hay en Bizkaia. Gipuzkoa tiene 26 y Álava, 15.
501
es el número de concejalas que hay en el territorio histórico. Gipuzkoa tiene 387 y Álava 140.
27,4%
s el porcentaje de municipios vascos que tienen una mujer al frente.
1.100
mujeres electas, entre alcaldesas y ediles, hay en Euskadi. Hace 4o años únicamente había 170.

Beatriz Gámiz-Concejala del PSE en Ermua

«Tenemos que dar ejemplo»

Una concejalía más tres niñas en casa es una combinación endiablada que obliga a hacer todos los días «auténticos puzles de horarios» para llegar a todo, admite Beatriz Gámiz, concejala del PSE en Ermua, quien dice que desde los ayuntamientos hay que «dar ejemplo» y no sólo tratar la conciliación como concepto teórico. Ella llegó al Consistorio desde la empresa privada, donde ya se dio de bruces con los problemas que aún afectan a muchas mujeres cuando se quedan embarazadas. Y no hablamos de náuseas mañaneras: «Me cambiaron de sitio, tuve un juicio a raíz de la reducción de jornada...», enumera. Poco después, empezó su vida 'municipal'. ¿Mejor o peor que la anterior? «Ahora puedo hacer más cosas. Mi marido es autónomo y eso me da flexibilidad», añade Gámiz. No obstante, esa mejora tiene una cara B. Ella se organiza, sí, pero «no hay horarios» y a menudo la flexibilidad es más bien elasticidad: el día se alarga por su parte final como si fuese un chicle. Se lleva trabajo a casa para ponerse con él después de cenar, cuando las chavalas -dos de una anterior relación de su esposo y Aitana, la benjamina de tres años, hija de ambos- ya están dormidas.

«Queramos o no, la casa, la maternidad y las tareas relacionadas con el ámbito de los cuidados nos siguen marcando mucho a las mujeres», admite. Por eso, es inevitable que haya momentos de desesperación. Pero cuando se ve en uno, se aplica un antídoto: «Hay que pensar que estás ahí porque te han elegido y porque te compensa en cuanto a crecimiento personal». También ayuda tomarse con humor los equilibrismos que a veces ha tenido que hacer para compaginar su trabajo con la maternidad. «Durante algunas comisiones, mi hija se ha quedado con el secretario del alcalde, con sus pinturas y sus juguetes, tan contenta», indica. Al fin y al cabo, cuando Aitana era aún más chiquitina, el edificio consistorial le parecía algo casi mágico. «Decía que era un castillo», comenta su madre, divertida. Ahora, Aitana ha crecido un poco y se ha dado cuenta de que no lo es. Y su madre, de que «las mujeres deben unirse» para que la conciliación deje de ser un cuento de hadas.

Aintzane Urkijo-Alcaldesa de Santurtzi (PNV)

«Ciertos horarios son irracionales»

Aintzane Urkijo oficia una boda, otro de sus cometidos como alcaldesa de Santurtzi.
Aintzane Urkijo oficia una boda, otro de sus cometidos como alcaldesa de Santurtzi. / P. U.

Nunca se sabrá cuántas mujeres con aspiraciones en la política municipal se han quedado en la cuneta. Aintzane Urkijo, alcaldesa de Santurtzi, conoce casos de algunas que asomaron la cabeza pero «terminaron dejándolo». Y de otras que llegaron, pero no quisieron repetir porque el coste personal era muy alto. «Tenemos que apoyarnos unas a otras para que esto no ocurra...», proclama Urkijo, que lleva tres años como alcaldesa y dos legislaturas más como concejala.

Para ella, que tampoco se ve como «candidata eterna» -pero porque no es «costumbre» en su partido, matiza- organizar la agenda del Consistorio de una manera más racional es una de las claves. «Por ejemplo, cambiar los plenos a la mañana es un acierto -apunta Urkijo-. Ciertos horarios son irracionales para las mujeres y para los hombres, para todos».

Las rutinas heredadas de épocas pasadas no están pensadas para el presente, ni para alcaldesas con familia numerosa, como Aintzane, que tiene tres hijos de 23, 21 y 14 años. «Cuando empecé en política, la menor tenía dos añitos, y en esa época precisan muchos cuidados. Pero ahora las necesidades son otras, ella está en una edad en la que quiere compartir conmigo cosas. Y no estás. No me lo echa en cara, pero tú sabes que muchas veces es así».

Beatriz Marcos-Concejala del PP en Bilbao

«Llevaba a mis hijas a todos los actos que podía»

Beatriz Marcos posa sonriente con sus hijas en una Aste Nagusia.
Beatriz Marcos posa sonriente con sus hijas en una Aste Nagusia. / Pedro Urresti

Cuando Beatriz Marcos se metió en política hace casi veinte años, con sus dos hijas, Alejandra y Paula aún pequeñas, ya era toda una experta en compaginar su vida laboral con la familiar. Había aprendido años antes de una manera muy dura. Nada más estrenarse como madre, su padre falleció de un derrame cerebral y ella, abogada de profesión, tuvo que hacerse cargo de su propio bufete y el de su progenitor. «Me vi de repente con una recién nacida, sin baja y teniendo que conciliar sí o sí -recuerda la concejala del PP de Bilbao-. Trabajaba dieciséis horas diarias. Vivía en el despacho».

En aquella época iba a los juzgados con su bebé en la mochilita, aprovechaba las siestas de la peque para avanzar trabajo y, en alguna ocasión, hasta tuvo que atender a algún cliente con la niña dormida en su hamaquita debajo de la mesa. «Ni él se dio cuenta ni ella tampoco», desvela. A los tres años, tuvo otra hija.

¿Podía embrollarse más su vida? Sí. Cuando las niñas empezaban a ser algo más autónomas -tenían 10 y 6 años, respectivamente-, Beatriz se vio con algo de tiempo libre... «Entonces me ofrecieron ir en las listas del PP y acepté», señala. Así que inició una nueva etapa; en su caso, marcada además por la amenaza terrorista: «Para aprovechar al máximo el tiempo con mis hijas, me las llevaba a todos los actos que podía -recuerda-. ¡La de conciertos de la banda municipal que han visto los domingos!». ¿Y no se arrepiente de las horas que el Ayuntamiento le ha 'robado' y le sigue robando a su vida familiar? Es una pregunta que no se le suele plantear a un hombre alcalde o concejal y ahí empiezan, sin querer, las diferencias. «He vivido la vida como he querido -responde Marcos-y ahora veo a mis hijas, que ya tienen 25 y 22 años, y creo que no lo he hecho tan mal. Estoy orgullosísima de ellas. Es mi premio y volvería a repetir todo lo que he hecho».

Paula Amieva-Concejal de Guk Getxo

«Veo a las alcaldesas como auténticas heroínas»

Paula Amieva, concejala de Guk Getxo, compra el pan antes de irse a casa.
Paula Amieva, concejala de Guk Getxo, compra el pan antes de irse a casa. / R. Arnaiz

Paula Amieva, concejala de Guk Getxo, la marca de Podemos en la localidad, sólo lleva tres años en política, pero le han bastado para comprobar que la agenda municipal, en cuanto te descuidas, te devora. Empieza mordisqueando ese tiempo que se pasa con los amigos tomando un pote, luego ese cafe despreocupado, luego se come el ratito de hacer deporte, después el de ese hobby que tanto gusta y, cuando te das cuenta, le ha hincado el diente a las horas dedicadas a la pareja y la familia. «Hay que estar dentro para verlo... Desde fuera es algo difícil de entender», trata de explicar. «Las jornadas son maratonianas. Está la parte institucional, que son los plenos, las comisiones... Pero luego está la parte que no se ve, las reuniones informales, atender a colectivos por la tarde... No son ocho horas y ya», apunta.

Con este panorama que describe, la política municipal no resulta muy seductora para las nuevas generaciones. Y para las mujeres jóvenes, aún menos. Porque muchas pretenden ser madres en el futuro y ya ven que va a ser difícil compaginarlo todo. «Te metes en política y entonces eres consciente del poco tiempo que te deja. Y eso puede retraer a muchas mujeres que quieren ser concejalas o alcaldesas», dice Paula, de 32 años. Ella, que no tiene hijos pero no lo descarta en el futuro, cree que «hay que luchar por la compatibilidad». «Yo, el día de mañana, quisiera decidir si sigo o no en política sin que me condicione mi situación personal», reivindica.

Liberada actualmente para poder desempeñar sus tareas municipales, cree que es necesario «romper el estereotipo» de que la política local debe ser un sacerdocio. «Hay que hacer que sea un ámbito inclusivo, que no sea más complicado para las mujeres que para los hombres», indica Paula, quien califica a las alcaldesas que conoce de «auténticas heroínas».

Idurre Bideguren-Alcaldesa de Bermeo (EH Bildu)

«Nos hemos tenido que poner el traje de hombre»

La alcaldesa de Bermeo, Idurre Bideguren, corriendo, uno de sus hobbies.
La alcaldesa de Bermeo, Idurre Bideguren, corriendo, uno de sus hobbies. / I. Pérez

La alcaldesa de Bermeo explica de una forma muy gráfica los problemas extra -como si los que da un municipio fueran pocos- que tienen que afrontar las alcaldesas y concejalas por ser mujeres: «Al entrar en política, nos hemos tenido que poner el traje de hombre». Con ello, Idurre Bideguren quiere decir que el modelo actual ha sido diseñado a lo largo de muchos años «por ellos y para ellos». Para su comodidad. Y, claro, cuando las mujeres se han incorporado a la vida municipal, han visto que «el sistema no las ayuda y que hace muy difícil la conciliación. Es hora de crear nuestro propio traje».

Después de ocho años como alcaldesa, sabe muy bien que «tienes que estar disponible los 365 días del año». Ante cualquier emergencia, la alcaldesa debe responder. Eso ni lo cuestiona... «Pero en el día a día y de forma sistemática para asuntos que se pueden organizar de otra manera, la forma de trabajo debe cambiar -indica-. Es que, si no, las mujeres no van a tener las mismas oportunidades que los hombres. Otra manera de hacer política es posible, pero hay que buscarla». De momento, queda mucho camino por recorrer. «Todavía no ha habido, por ejemplo, una diputada general y casi todos los ayuntamientos grandes los dirigen hombres», remarca.

Bideguren cree que las mujeres electas se ven en «disyuntivas» que no tienen sus compañeros varones, como la de valorar si se puede ser madre mientras se ocupa un cargo público. «Son muchas las razones que pueden hacer que una mujer retrase el momento de la maternidad», afirma. Y la política municipal suma un buen ramillete más. «Yo no he sido ama, pero sí soy consciente de que esta vida hace que las mujeres se planteen cosas como 'para qué voy a tener un hijo, si no voy a estar'».

En muchos ámbitos, si las cosas no cambian, «para ellos es difícil, pero para las mujeres, imposible». Bideguren, que es muy práctica, cree que todos tienen mucho que ganar si se logra compatibilizar la vida personal y política con menos agobios. «Si estás bien tú y con la familia, serás mejor persona. Y, por tanto, mejor política, que de eso se trata, ¿no?».

«Hay más mujeres, pero aún existe un techo de cristal»

La red de mujeres Baskeskola, impulsada por Eudel y Emakunde, está formada por cargos electos de todo Euskadi que dejan a un lado sus diferencias ideológicas para «apoyarse entre sí y reforzar su liderazgo en la política municipal», explica Izaskun Landaida, directora de Emakunde. Además de formación, Baskeskola -que cuenta con tres comisiones: Tiempo, Incidencia Política y Acogida de Nuevas Electas- tiene como objetivo que estas mujeres estén en contacto, de modo que las más jóvenes aprendan de las veteranas y se sientan mejor acogidas al desembarcar en política. «Baskeskola es un apoyo y un punto de encuentro para poder avanzar y para superar las dificultades añadidas -manifiesta Landaida-. Cada vez hay más mujeres en política local, pero aún existe un techo de cristal».

Nati López de Munain, alcaldesa de Elburgo y miembro de la ejecutiva de Eudel, afirma que muchas mujeres «hacen malabares» para conjugar su vida personal con la actividad municipal -y, si no están liberadas, también con la esfera profesional- y «por ello tienen la sensación de no disfrutar de la vida política, lo que puede hacer que decaiga el ánimo y la energía». Por eso, la red «pretende allanar el camino a nuestras nuevas compañeras, ayudarlas a perder el miedo... Que no se detengan en el ensayo-error, porque nosotras ya hemos testado ciertas cosas», afirma la alcaldesa, que es la voz de la experiencia, con cuatro legislaturas al frente del municipio.

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