«La Administración no quiere a los polizones en lugares públicos y nos los mete en casa»

La finca, a la entrada de Zierbena, tiene una superficie de 35 hectáreas. /Luis Ángel Gómez
La finca, a la entrada de Zierbena, tiene una superficie de 35 hectáreas. / Luis Ángel Gómez

Los propietarios de una finca en Zierbena se confiesan superados por la llegada masiva de inmigrantes al Puerto. «Campan a sus anchas y duermen en la cuadra»

ENEKO PÉREZ

«Se convirtieron en un problema desde el primer día. Estamos hartos». La presencia habitual de los polizones que acampan en las inmediaciones del Puerto de Bilbao tiene en vilo a Leire y a Ángel, un matrimonio que posee una finca situada muy cerca de la carretera de acceso a Zierbena. En esas 35 hectáreas tienen veinte vacas y «hemos llegado a acumular dos toneladas de basura», explica a este periódico la pareja, cuya residencia principal está en el barrio santurtziarra de Mamariga. «Las autoridades no los quieren ni ver en los sitios públicos. Pero cuando los echan de allí, nos los meten a nosotros en casa», protesta la mujer.

Ha pasado ya más de año y medio desde que se empezaran a detectar los primeros asentamientos, en su mayoría de albaneses. Su presencia alteró la calma del pueblo, donde se empezaron a vivir situaciones insólitas. «En nuestro solar es normal encontrar tiendas de campaña, ropa interior o gente durmiendo en la cuadra. También hacen sus necesidades por aquí», revela Leire «inquieta». Además, «los que llegan ahora son más mayores que al principio y ya no son tan educados. Responden más», advierte.

El año pasado, la Guardia Civil registró 3.815 intentos de acceso ilegal al Puerto de Bilbao

Ellos lo han vivido día a día. «Ángel llamó la atención a los primeros porque eran muy sucios. Desde entonces, lo dejaban todo limpio». Pero ahora ya no es así. Además, han tenido que hacerse cargo de facturas abultadas: «En una ocasión tuvimos que pagar hasta 600 euros por el agua. A raíz de eso supimos que se estaban duchando con las mangueras que utilizamos con los animales».

Su descontento y el de varios vecinos más ha llegado hasta el Ayuntamiento. El alcalde, Iñigo Ortuzar, admite que «la preocupación es absoluta desde el primer día. Hacemos lo imposible por tener despejado nuestro terreno municipal, pero esta situación nos supera». Leire y Ángel apuntan más arriba, «al Gobierno vasco y a la Diputación. Si nadie levantase la voz ellos no moverían ni un dedo. Su actitud es una vergüenza, están intentando tapar el problema en vez de buscar soluciones», censuran. «No entiendo por qué mi parcela se ha tenido que convertir en un vertedero y el hogar de gente que no conocemos. Me da miedo que algún día le pase algo a mi marido, pasa muchas horas al día allí», suspira ella. Su caso guarda similitudes con el de Yolanda Piñeiro, otra vecina que ya denunció hace menos de dos semanas en este periódico que los polizones habían entrado en su casa cuatro veces.

«No son refugiados»

Fuentes consultadas por este periódico aseguran que estos inmigrantes «no son refugiados de guerra. Son personas extranjeras con dinero, móviles de última generación y una obsesión enfermiza por llegar hasta Reino Unido», advierten, una versión que choca con la de algunas asociaciones que los ayudan. Los datos, eso sí, no mienten. Según la Guardia Civil, solo el año pasado se detectaron en la terminal marítima vizcaína 3.815 intentos de acceso ilegal, diez veces más que en 2016.