8.000 personas coronaron Artxanda por solidaridad

El buen tiempo ha presidido la subida solidaria. / Manu Cecilio

La Martxa Popular, organizada por EL CORREO y encabezada por el alcalde, Juan Mari Aburto, refuerza el «compromiso» de la ciudadanía y potencia la vida saludable

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

La organización les recomendó tomar un buen desayuno para afrontar con brío los repechos más fuertes y los participantes se lo tomaron al pie de la letra, porque frente a las causas más nobles no cabe el desfallecimiento. Empezando por el alcalde, Juan Mari Aburto, que, en plena forma, dio a las diez de la mañana el pistoletazo de salida con la solemnidad que merecen las mejores ocasiones. Con buen ritmo, fue marcando el paso en la IX Martxa Popular, organizada por EL CORREO,en colaboración con el Ayuntamiento de Bilbao. Ni se trataba de llegar el primero a la cima de Artxanda ni de quedarse atrás. Más cuando «es necesario echar una mano a las mejores causas», según el mandatario municipal.

Y ayer había dos. Los 8.000 participantes, que comenzaron a concentrarse casi 45 minutos antes del inicio de la prueba en los muelles de El Arenal, agotaron ya el pasado lunes los tiques de inscripción (2,5 euros). Por razones de seguridad, el número quedó limitado a esta cifra. Todas las personas sabían perfectamente lo que tenían por delante: una ruta de 9 kilómetros con desniveles máximos de 250 metros. El itinerario, diferente al de ediciones anteriores, descubrió desde las alturas un Bilbao de postal. Se calculaba que cubrir esta distancia llevaría a la mayoría entre 2 y 3 horas. Pero en la mente de todos estaban los 20.000 euros que, gracias a sus donaciones, se destinarán a la Asociación de Enfermos y Trasplantados de Corazón y Pulmón de Euskadi (Atcore) y a la Federación Vasca de Asociaciones de Personas Sordas (Euskal Gorrak).

A la altura del Puente de la Salve, como un turista más, el alcalde se detuvo un instante, sacó su móvil del bolsillo de la cazadora para retratar el Guggenheim y, al girar su cabeza, constató la enorme cantidad de gente que seguía sus pasos: «Esta jornada se ha convertido en un clásico en Bilbao. La ciudadanía disfruta de la vida saludable, pero desea comprometerse con aquellas personas que más nos reclaman y necesitan», destacó Aburto. Mientras abordaba las primeras grandes pendientes, en torno a las pistas de tierra de Pikotamendi, la concejala de Juventud y Deporte, Ohiane Agirregoitia, se felicitó por el «éxito intergeneracional» de una prueba que «cada año cuenta con un mayor número de participantes». Antes de tomar el Camino del Colegio Jesús María, con el sol apretando ya fuerte, Gotzone Sagardui, la edil de Alcaldía, destacó, por encima de las espléndidas vistas que ofrecía la zona de esparcimiento, «la fotografía solidaria» y la «calidad humana» de Bilbao.

Recién operada

Todos juntos, paso a paso, la Martxa Popular dejó un álbum donde entraron todos. Niños, familias, cuadrillas de amigos que echaron mano de palos de selfie para inmortalizar la jornada... La cuestión era caminar. Solo o acompañada, como Mavi Díaz, que completó el recorrido junto a 'Noa', un hermoso bulldog francés de 4 años. La cuestión era hacerlo, aunque Mari MarSan Román anduviese renqueante de la última intervención de rodilla. «Llevo prótesis en las dos.La de la izquierda me la pusieron en junio, pero he aguantado. Tampoco me ha costado mucho. He ido poquito a poquito, pero bien», detalló. Mari Mar se conoce al dedillo la zona. Ha faltado en pocas ocasiones. «Creo que llevo ya siete u ocho años, pero, cuando no he venido, he pagado también el tique», explicó desde el mirador principal de Artxanda, donde se fijó la zona de avituallamiento, minutos antes de coger el funicular. «Voy a hacer una pequeña trampilla porque al bajar tengo que ir frenando. Y no vaya a ser que por lo que sea me caiga y...», detalló.

También Iñigo Pombo se cuidó mucho cuando enfilaba el descenso, a la altura del barrio de Andramari. «La bajada ha sido más dura porque por las escalaras de Arabella hay un tramo con una pendiente un poco fuerte», subrayó el delegado de Acción Social, que no se ha perdido una subida a Artxanda desde que es concejal. «Llevo desde 1975 en temas sociales y todo lo que hagamos es poco. Cuando crees que ya has conseguido un techo resulta que se transforma en el suelo para lograr el siguiente objetivo. O sea que nunca llegas», reflexionó a pocos metros de Eduardo Amorós, vicepresidente de la Federación Vasca de Asociaciones de Personas Sordas. «Somos la discapacidad más invisible. La vida de las personas sordas en su día a día tiene todavía muchísimas barreras.Se han eliminado muchas en los últimos años, porque es verdad que ha habido mejoras, pero la sociedad todavía no está adaptada a nuestras necesidades. Hay demasiados obstáculos comunicativos, empresariales y educativos que se deben derribar. Sigue habiendo un número insuficiente de intérpretes de lengua de signos», lamentó mientras cruzaba un paso de cebra en El Arenal.

Cerca de la zona de meta, aguardaban Abel Corral, Carlos Rodelgo y Ramón Molina, miembros de ATCORE. Por razones de salud, declinaron subir a Artxanda, pero no podían disimular la ascensión organizada por EL CORREO. «Los 10.000 euros que vamos a recibir nos van a permitir durante uno o dos años seguir concienciando a la población de la necesidad de donar órganos y ayudar a enfermos y familiares que están en lista de espera o han sido ya trasplantados».

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