¿Qué derechos tienen los pasajeros del vuelo Alicante-Bilbao desviado a Barcelona?

Uno de los aviones de la compañía Vueling en el aeropuerto de Loiu. /
Uno de los aviones de la compañía Vueling en el aeropuerto de Loiu.

La normativa europea contempla una indemnización de 250 euros. «La compañía no les va a pagar. Hay que demandar, pero apenas lo hace un 5% de la gente», lamentan en la Asociación de Consumidores y Usuarios Vasca

YOLANDA VEIGA

Dice la estadística que de los 150 pasajeros del vuelo Alicante-Bilbao que fue desviado el lunes por la noche a Barcelona y llegó diez horas después a su destino solo siete u ocho acabarán por demandar a la compañía. Y aseguran los abogados especializados en contenciosos contra líneas aéreas que casi todos ganarán. «El reglamento europeo fija una indemnización de 250 euros en caso de cancelación o retrasos de más de tres horas para trayectos de menos de 1.500 kilómetros, como es el caso, siempre que no haya habido causa de fuerza mayor». Estudiado el caso, Iñaki Velasco, responsable jurídico de la Asociación de Consumidores y Usuarios Vasca (EKA/ACUV), considera que no la habido. «Un viento fuerte, que nieve y el aeropuerto quede impracticable, que un rayo dañe el aparato, que otro avión choque en la pista... eso son circunstancias que exoneran de culpa a la compañía. Pero si utilizan el mismo avión para hacer cuatro trayectos y van acumulando retrasos, la responsabilidad es de la compañía».

El vuelo 1451 de Vueling tenía que haber despegado el lunes a las 21.45 horas del aeropuerto de Alicante, pero no salió hasta las 23.42. Partió rumbo a Bilbao con un mayoría de turistas de regreso de sus vacaciones en la Costa Blanca a bordo, pero a mitad de trayecto el comandante informó que se desviaban a Barcelona porque el aeropuerto de Loiu estaba cerrado. Aterrizaron en la terminal de El Prat a las 1.20 horas y pasaron la noche en el aeropuerto, a la espera de ser recolocados en el primer avión de la mañana. Que, por cierto, también sufrió retraso y en lugar de salir a las 7.05 horas, como estaba previsto, lo hizo a las 7.45 horas.

A la llegada a Loiu decenas de pasajeros presentaron una queja en el mostrador de Vueling, que también permite hacer la reclamación online. «No les van a pagar. Les contestarán que no es su culpa, que fue una circunstancia de fuerza mayor», se muestra pesimista Iñaki Velasco, que defiende una media de cien casos contra compañías aéreas al año a través de EKA (esta organización representó, por ejemplo, a los aficionados del Athletic que hace cuatro años viajaron a Bucarest a ver un partido de la Europa League y sufrieron cinco horas de retraso: «les indemnizaron con 400 euros»).

La compañía aseguró ayer que lo que motivó el retraso del vuelo Alicante-Bilbao fue un incidente ajeno a ellos registrado en el aeropuerto de Barcelona : «un avión ejecutivo, de pequeño tamaño, se quedó en medio de una de las pistas por lo que hubo que operar con una sola pista, lo que repercutió en el resto de nuestros vuelos». Pero desde EKA no dan por buena la justificación: «¿Por qué afecta al vuelo de Alicante algo que ocurre en Barcelona? Este tipo de incidentes, igual que la mayoría de las averías, son riesgos que la empresa tiene que asumir. Si usan, como lo hacen, el mismo avión para varios desplazamientos el mismo día, entra dentro de lo previsible que en alguno ocurra algo que lo retrase y, por tanto, demore también los siguientes vuelos programados. Todo eso son circunstancias previsibles».

Iñaki Velasco anima a los 150 pasajeros del vuelo retrasado (llegó a Bilbao al día siguiente, pasadas las nueve de la mañana) a que reclamen y, en caso de respuesta negativa como prevé, que vayan a los tribunales. Pero hasta aquí llegan pocos: «Solo el 5% de la gente denuncia. Contratar a un abogado sale caro y es un proceso largo, aunque, en principio, este tipo de juicios se suelen ganar. Las compañías se valen de que muy poca gente les demanda, si lo hicieran todos pagarían automáticamente en cuanto les presentan la reclamación». En EKA/OCUV prestan asistencia jurídica en asuntos de menos de 2.000 euros a sus socios. Pero si alguien que no es socio quiere demandar a través de ellos basta con que se asocie hoy mismo: «Si no han hecho la reclamación pueden hacerla los próximos días, incluso a través de nosotros, y es conveniente guardar la tarjeta de embarque y la reserva del vuelo». La inscripción cuesta 30 euros (por familia) y hay que abonar otros 30 adicionales por la cuota anual.

La compañía alega que no pudo llegar a Bilbao porque el aeropuerto cerraba a las 00.50 horas y el avión tenía previsto llegar a la 1.02 horas.

Sí, pero el problema venía de antes. Ese vuelo no tenía que llegar a la una de la madrugada a Bilbao, tenía que aterrizar a las once. La causa de que el avión no llegara a Bilbao el lunes no fue que el aeropuerto cerrara antes, sino que salió con retraso.

Además de los 250 euros que establece la normativa europea (400 para trayectos de entre 1.500 y 3.000 kilómetros y 600 euros a partir de los 3.000 kilómetros), los demandantes tienen derecho a reclamar «todos los gastos que se hayan derivado del retraso: hotel si tuvieron que hacer noche, taxis, cenas...», además de lo que se denomina «daño moral». «Habrá gente que haya llegado tarde a trabajar ayer, que haya perdido una cita médica, o una entrevista de trabajo... A veces el juez toma en consideración estas situaciones y eleva la cuantía». El proceso judicial, explican en EKA, pueden alargarse «dos o tres meses desde que se presenta la demanda, aunque a veces las compañías pagan antes de ir siquiera a juicio». En todo caso, y por muy optimista que vean este caso, Velasco advierte de que «la última palabra la tiene el juez».

En el caso de los 150 pasajeros del vuelo Alicante-Bilbao, pocos o ninguno reclamará el gasto del hotel. La compañía les ofreció trasladarles a un hotel a pasar la noche, pero como el avión salía a las siete de la madrugada la mayoría optó por hacer noche en el propio aeropuerto. Peregrinando una hoja de reclamación que no llegó para todos y un bocadillo para una cena tardía, echando una cabezada apresurada en las sillas del aeropuerto. Así pasaron la velada de espera en El Prat los bilbaínos del vuelo 1451, que acabaron por perder la paciencia a ratos. «Nadie nos informó de nada en ningún momento. Parecíamos pollos descabezados por el aeropuerto, buscando a alguien que nos dijera qué hacer».

Iban Méndez, profesor bilbaíno, regresaba a casa el lunes con tres amigos después de haber pasado las vacaciones de Semana Santa en Benidorm. «Para allá ya fuimos también con retraso». Un 'aperitivo' de lo que les esperaba a la vuelta. «Estábamos esperando en la puerta de embarque cuando vimos que en la pantalla ponía 'retrasado', pero ni nueva hora ni nada. Miré en la aplicación de Vueling y allí indicaban que el retraso era debido «a sucesivos retrasos». Dieron las diez menos cuarto, la supuesta hora de salida, y allí no había ni personal de Vueling ni se veía el avión por ningún lado». Cuenta este vecino del barrio de Deusto que hasta una hora después no llegaron dos empleadas de la compañía y que les metieron «a toda prisa al avión». «A las once y veinte estábamos sentados. El comandante nos explicó que había habido varios retrasos ese día pero que el aeropuerto de Bilbao, de manera excepcional, nos iba a recibir cuando llegáramos. Al final despegamos a las doce menos cinco y al cabo de veinte o treinta minutos nos dicen que el aeropuerto de Bilbao está cerrado y que nos desvían a Barcelona. La gente estaba muy quemada».

Aterrizaron el El Prat poco antes de la una y media, cabreados y desconcertados. «No había nadie de Vueling esperando a decirnos qué hacer. Nos íbamos siguiendo unos a otros y al final acabamos haciendo cola en un mostrador que ponía 'Incidencias de Iberia' (Vueling es la aerolínea 'low cost' de Iberia) y en la que igual había trescientas personas, gente de otros vuelos que también había tenido retrasos. Así que empezamos a desesperarnos. Había familias con niños pequeños, personas mayores, alguna mujer embarazada... Sobre las tres de la mañana apareció una chica de Vueling y repartió unas pocas hojas de reclamaciones que no llegaron para todos y unos bonos de hotel, que casi nadie cogió porque a esas horas ya... También nos dieron unos vales de comida de 10 euros y hasta para eso hubo problemas. No nos atendían en los restaurantes, en uno guardaron los bocadillos cuando nos vieron llegar y solo nos daban café y fruta. Tuvo que venir un guardia civil a decirles a los del restaurante y a los del McDonalds que nos atendieran».

La odisea continuaría con un equívoco con la hora de salida del nuevo vuelo. «La numeración que nos habían dado correspondía a un vuelo que salía, según la información de las pantallas, a las 6.30 horas y aunque nos extrañó porque nos habían dicho que el avión era a las siete y cinco, fuimos para allá. Ni había nadie allí ni era ese nuestro avión. Era otro que salía a las siete y diez. Nos montaron otra vez a toda prisa pero dijo el comandante que le faltaba la hoja de ruta y que hasta que no llegase no salíamos». Por fin despegaron a las 7.45 y aterrizaron pasadas las nueve en Bilbao. Directos al mostrador de Vueling a poner la reclamación. «Nos han dicho que tardan un mes en dar respuesta. Y que por internet nos responden en dos días, así que voy a poner también la queja online».