Suspendida la corrida de toros en Orduña tras huir el empresario con la recaudación

Ivan Abasolo -en el centro- en una corrida en la plaza de Orduña./
Ivan Abasolo -en el centro- en una corrida en la plaza de Orduña.

El diestro local Iván Abásolo intentó salvar el espectáculo ofreciéndose a matar él los cuatro astados

ALBA CÁRCAMO

La ciudad de Orduña, apasionada del toreo y de donde han salido grandes nombres de la tauromaquia, vivió ayer una intensa jornada en el ruedo. Y no por la habilidad de los diestros con el capote y la espada. Después de que el jueves uno de los máximos exponentes de la lidia, Iván Fandiño, fuera el pregonero que dio el pistoletazo de salida a las fiestas de su pueblo, otro torero local no pudo salir en la tarde de ayer por la puerta grande. En plenos Ochomayos, y con el coso impaciente, se suspendió la corrida mixta. El empresario contratado para gestionar el evento no pagó a los matadores y, además, se llevó el dinero recaudado con las entradas, lo que crispó más si cabe los ánimos de unos aficionados que regresaron a casa sin espectáculo y sin dinero.

Prevista para las seis de la tarde, el público se alarmó al ver que el ruedo, pasados varios minutos, estaba vacío. De hecho, y de acuerdo al acta de suspensión levantada por la Ertzaintza, que circulaba ayer por las redes sociales, fue la propia Policía autonómica la que a las 19.10 horas anunció por la megafonía de un vehículo oficial que el evento no se iba a celebrar, ya que «no llegando a un acuerdo entre las partes» la presidencia de la plaza decidió, «dada la situación y la avanzada hora de la tarde», cancelar la corrida.

«Me hacía mucha falta»

El incidente se había gestado más de una hora antes. El plato fuerte de la jornada, el torero orduñés Iván Abásolo, explicó muy consternado por lo sucedido que «cuando hemos ido a torear no estaba el dinero que habíamos apalabrado». La firma encargada de la organización, Baños Toros, les invitó a «esperar a ver cuánta gente entraba». Entonces, a las 17.55 horas, llegó a la plaza José Luis Villalva, el otro matador, «que venía además de la mano de la empresa». Este último, según la versión del vizcaíno, zanjó que «sin dinero no salía al ruedo».

Abásolo intentó entonces «mediar». Al ver que no conseguía solventar el incidente, que después desembocó en un problema mucho mayor, «me ofrecí yo a matar los cuatro toros» -el quinto estaba destinado a la rejoneadora Ana Rita-, de la Ganadería Albarreal de Sevilla. Pero tropezó con nuevas negativas. «El problema ha sido que la empresa no ha cumplido, pero a mí me hacía mucha falta y tenía mucha ilusión por torear aquí», lamentó antes de confesar que la de Orduña, su casa, «es para mí la corrida más importante y después de algo así te quedas mal».

El acta de suspensión detalla que «el empresario -José Antonio Sáez Herrero- no se encuentra ni en la plaza ni en sus inmediaciones, por lo cual no se ha procedido a la devolución del dinero de las entradas vendidas tanto en taquilla como en los puntos concertados de venta». En ese sentido, Abásolo fue un paso más allá y aseguró que «ha cogido el dinero de la recaudación y se ha ido corriendo. En mi vida he visto algo así», señalaba, consternado, a este periódico.