Resucita la cerveza de Bilbao

Jon Ruiz, principal promotor de la empresa, junto a la nueva Salve y su ‘abuela’. /
Jon Ruiz, principal promotor de la empresa, junto a la nueva Salve y su ‘abuela’.

La Salve, desaparecida en los setenta después de ser una de las rubias más deseadas del 'botxo' durante noventa años, regresa rejuvenecida

SOLANGE VÁZQUEZbilbao

Bilbao, esa ciudad que canta inflamada de orgullo a sus rincones, sus maneras y hasta sus defectos, no puede, sin embargo, presumir de tener una cerveza autóctona a la que dedicar bilbainadas. No hay una marca de aquí a la que defender ardientemente en esas tertulias de bar que son como el choque de cornamentas de dos ciervos en berrea. Y eso, se mire como se mire, es una carencia. De hecho, en un mapa de España donde casi todas las regiones tienen su cervecita propia como esa Estrella Galicia que conjura a las meigas o esa Cruzcampo fresquita que planta cara al calor sevillano, el botxo y sus aledaños son como un agujero negro sin referentes cerveceros. Pero no siempre ha sido así...

Los que ya tienen unos añitos recordarán que en la capital vizcaína hubo marcas míticas, con fábricas y cervecerías propias que se convertían los días de fiesta en chispeantes puntos de encuentro para los bilbaínos de la época, que acudían a estos lugares para enamorarse entre trago y trago ellas sólo unos tímidos buchecitos que no llamasen la atención, celebrar sus pequeños y grandes logros y, en definitiva, ver pasar la vida con el regusto del lúpulo en el paladar. Una de estas marcas era La Salve, que desde su nacimiento en 1886 hasta su desaparición en 1978 se mantuvo como uno de los iconos de la ciudad. De ella ya sólo quedan recuerdos de días pasados, fotos en sepia de un Bilbao chiquitín y algo ingenuo... y algunas recetas, porque de la que era su fábrica, ubicada en la ladera de Matiko, en la zona del antiguo cuartel de la Guardia Civil, no tenemos ya ni un vestigio, ni tampoco de sus multitudinarios despliegues en El Arenal, con miles de mesas y clientes. Sin embargo, esta vieja gloria está a punto de ser resucitada: un grupo de promotores va a recuperar esta mítica bilbaína para volver a lanzarla al mercado y llenar así el vacío en esa cartografía de la cerveza.

El lanzamiento

Fecha Los primeros botellines saldrán el 7 de agosto al mercado y en Aste Nagusia se presentará la marca a lo grande. Se encontrará en bares y también se venderá en supermercados y on line
Futuro inmediato El año que viene abrirán una microcervecería en Bilbao y en 2016 una fábrica, previsiblente en Zorrozaurre

El próximo 7 de agosto podrán verse los primeros botellines en bares y establecimientos comerciales, aunque su puesta de largo por todo lo alto será en Aste Nagusia. No podía ser de otra manera con un producto que vuelve con la pretensión de ser "la cerveza de aquí, de Bilbao", según indica Jon Ruiz, el principal promotor de la iniciativa empresarial. ¿Quienes la prueben sufrirán una inmediata regresión al pasado y se reencontrarán con un sabor perdido? "Quienes la tomaban, probablemente, podrían reconocerla", desliza Ruiz. La Salve del siglo XXI recuperará recetas originales de la marca y no será industrial, sino artesana, una tendencia en auge que en países como EE UU crece a un ritmo endemoniado. "Tardamos mucho más en producir una cerveza La Salve que una cerveza industrial. Es un producto sin carbónico inyectado, sin pasteurizar, con mejores materias primas, con mucha pasión...", indica Ruiz.

"Y también con mucho conocimiento", añade el promotor, quien señala que en el despertar de La Salve es fundamental el fichaje de Alberto Pacheco, un maestro cervecero que tiene su propia marca en Logroño y varios reconocimientos nacionales e internacionales. De hecho, el producto se elaborará, al menos al principio, en la fábrica de la capital riojana. "Aunque ya hemos dado pasos para que esté aquí", se apresura a aclarar Ruiz. Para el año que viene, la firma pretende contar ya con una microcervecería en Bilbao cuya ubicación aún no quieren desvelar y que produciría unos 100.000 litros al año, y ese será el escalón previo a su gran plan: la puesta en marcha en 2016 del Espacio La Salve, una fábrica de cerveza que también actuará como foco gastronómico y social de la ciudad y que, previsiblemente, estará en Zorrozaurre, en algún edificio con peso histórico para hacer así honor a la solera de la marca.

Artesana, diferente y fácil

En total, la firma que no ha tenido que recurrir a entidades financieras al contar con el apoyo de potentes socios invertirá cerca de tres millones en los próximos cuatro años y prevé crear una veintena de puestos de trabajo y lograr una facturación de catorce millones de euros, con una cuota de mercado del 8 al 9% en Bizkaia. "Nuestro objetivo no es comercializar una cerveza. Es recuperar un patrimonio histórico y transformar, generar contenidos, dinamizar la escena cultural y musical...", enumera Ruiz, quien destaca que la familia Pérez Yarza, dueña de la cervecera original, se ha involucrado "encantada" en este proyecto. Todas estas aspiraciones caben en una botella de La Salve, de vidrio marrón, muy minimalista y mucho más espigada que su abuela, que tenía una graciosa silueta curvilínea y achaparradita.

"Vimos la oportunidad de pelear y de hacer un producto mejor. No queríamos crear más de lo mismo", afirman los impulsores, un grupo de profesionales procedentes del marketing, la comunicación y la distribución alimentaria. El resultado es una cerveza artesana, diferente y fácil de beber, pero no un producto para gourmets, ya que su precio, según avanzan, "será higiénico". Sólo así lograrían el arraigo popular que buscan. "¡No queremos que la gente pida una caña, queremos que pidan una Salve!", claman.

La nueva cerveza, según sus impulsores, nace con la vocación de "pelear" con las grandes multinacionales que ahora mismo reinan en las barras de Bilbao y en los estantes de los supermercados. Vamos, que regresa en plan casi justiciero, ya que en los setenta y los ochenta los gigantes cerveceros se llevaron por delante a las firmas bilbaínas y, con ellas, esos días dorados de tragos fresquitos y sin pretensiones.

Estilo alemán en el 'botxo'

A finales del siglo XIX, Bilbao era un lugar de oportunidades, de despegue, una ciudad a la que se le veían muchas veces las ansias de sacudirse el complejo de pueblo y copiar modas europeas. En ese contexto, José Schumann, hijo de un cervecero alemán asentado en la villa, vio clara la oportunidad de negocio: abrir su propia fábrica en la zona de La Salve. No sólo se dedicaba al zumo de cebada, porque de sus instalaciones salían también bebidas gaseosas. Le fue tan bien que pronto prescindió de sus socios iniciales y voló solo. Pero en pleno éxito, en 1910, falleció y su viuda, al año siguiente, decidió vender el negocio a la familia Pérez Yarza, que por aquel entonces era el principal bastión de la hostelería bilbaína, ya que regentaba los negocios más punteros, entre ellos los cafés Boulevard y Arriaga, el Bar Carabanchel y el Hotel Excelsior.

Durante la gestión de esta familia, la empresa cuyo nombre fue sufriendo diferentes modificaciones hasta quedarse en 1923 con el definitivo Cervecera La Salve experimentó un gran crecimiento. En los años treinta producía más de 776.000 litros anuales. Pero su impacto en la sociedad bilbaína no fue una cuestión de cantidad. La cervecería se convirtió en uno de los lugares de reunión favoritos para los vecinos de la villa y en un importante foro musical.

En los sesenta arrancó la época de las vacas flacas. Mermaron las ventas, las multinacionales del sector empezaron a copar el mercado y la actividad decayó. La Sale estaba tocada, pero la puntilla la puso la expropiación de terrenos de la fábrica debido a la construcción de la autovía de acceso norte a Bilbao en 1968 y la construcción del puente de La Salve, inaugurado en 1972. Finalmente, en 1978 cerraron y esta cerveza bilbaína desapareció tras noventa años de historia, en los que convivió con otra exitosa marca local, la Cervecera del Norte, cuya fábrica estaba en Basurto y que la sobrevivió unos pocos años, hasta que en los ochenta también sucumbió.

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