El exbaskonista Carlos Martínez devuelve la movilidad a la mujer que le cuidó cuando era un bebé
El gallego, campeón del mundo de baloncesto 3x3 y empresario, diseña un exoesqueleto que facilita el caminar de personas con párkinson
A Carlos Martínez le va a ser imposible olvidar el 2025. En verano se proclamó campeón del mundo de baloncesto 3x3, la disciplina en la que encaminó su carrera tras debutar en la ACB y en la Euroliga con el Baskonia. Una medalla de oro sobre la cancha que comparte con su éxito empresarial más especial. El exjugador azulgrana regresó hace unas semanas a su Coruña natal con un propósito: intentar que Mary, la mujer que le cuidaba cuando era un bebé, volviera a andar con normalidad.
Este jueves fue un día de muchas emociones para mí.
— Carlos Martínez Pardo (@cmartinezpardo) November 15, 2025
Mary.
La mujer que me cuidó cuando yo no sabía ni caminar.
La que me llevaba en brazos, la que me enseñó mis primeras rutinas, la que me recogía cuando me caía.
También la que eligió mi anillo de pedida.
Tiene 85 años.
Muchas… pic.twitter.com/E88B8w4oen
La mujer, a sus 85 años, apenas podía caminar. Ha sufrido varias operaciones y las muletas y el andador se habían convertido ya en sus engorrosos acompañantes habituales. «Llevo unos años de pena», relata en el vídeo compartido por el baloncestista. El jugador gallego, que ahora reside en Lausanne (Suiza), donde juega uno de los equipos de 3x3 más potente, percibió que su cuidadora había perdido la energía que la caracterizaba. «Siempre fue fuerte de verdad. De las que sostienen a una familia entera o dos». El no poder andar le hizo «perder autonomía, seguridad, perder parte de quién eres», expresa quien fuera alero en su etapa en Vitoria entre 2010 y 2016.
Martínez fue a visitarla con un aparato innovador diseñado en una de sus siete empresas, Wellbeinn, que ha desarrollado un exoesqueleto pensado para ayudar a personas con párkinson, movilidad reducida o con un fuerte desgaste corporal. «No es una fórmula mágica», asume el exbaskonista en Onda Cero. «No tengo la cura para que todo el mundo pueda volver a andar». Pero con Mary parece haber funcionado.
Sus primeros pasos con el dispositivo fueron inseguros. Agarrada de las manos del niño al que hace 29 años acunaba en sus brazos. Hasta que se sintió estable. Le pidió avanzar sola, primero por el pasillo de su casa y después en el rellano. «No tengo el dolor en la ingle que me jorobaba», le contó la mujer, que se echó a reír de felicidad. La carcajada le llegó a Martínez hasta sus adentros. «La misma que escuchaba de pequeño cuando hacía alguna travesura», rememora.
Mary volvió a sentirse ágil. La mujer que le enseñó a andar, que le levantaba del suelo cada vez que se caía, que marcó su infancia, y que eligió el anillo de compromiso del jugador con la vitoriana Judith Knörr, a la que conoció en su etapa del Baskonia, era ahora la que volvía a caminar de nuevo con su ayuda. Una feliz inversión. El ciclo de la vida. El aparato tiene un precio de 3.000 euros.