El elocuente vacío de Sedekerskis
El capitán azulgrana, bastión en campañas anteriores por su regularidad y estabilidad defensiva, sufre una ración de banquillo en la segunda mitad tras una aportación muy escasa
La fase triste que arrastra el Baskonia a domicilio la personificó a la perfección Tadas Sedekerskis en el banquillo del Zalgirio Arena. Impasible, prácticamente pétreo, ... con la toalla colgada del cuello, veía con impotencia cómo los jugadores del conjunto lituano anotaban una y otra vez sin casi oposición durante el último cuarto. El capitán participó solo nueve minutos del encuentro, firmó una actuación muy discreta y hasta tuvo despistes en defensa. Lo nunca visto en los últimos años, convertido en el líder del Baskonia cada vez que la posesión le correspondía al rival.
La sensación es que con una versión normal del lituano, con molestias en el tobillo desde verano, se podrían corregir algunos de los problemas que acusa el conjunto de Galbiati cada vez que sale del Buesa Arena. La escuadra vitoriana pena en lo que el canterano brillaba. Su concentración, su rigor y su estabilidad sujetarían algo al equipo en los momentos en los que se despeña. La afición baskonista espera con ansia su dupla con Rodions Kurucs y otro pívot para compensar desde la defensa los problemas en ataque. Esos tramos en el que no puede correr y le toca atacar en estático o cuando los triples no entran en la red.
Lo peor es que pocos o ningún aficionado le achacarán a Galbiati la escasa participación en la segunda parte del jugador nacido en Nida. Los ánimos de sus padres y amigos desde la grada y su posterior consuelo no fueron suficientes para sacarle de la cabeza la rabia que debe sentir al ver que no logra ayudar como quisiera al equipo que siente como el suyo. Sedekerskis es de los pocos lituanos que no ha sentido el afán de jugar en el Zalgiris. Con su renovación hasta 2029 rubricó su amor por el conjunto alavés con la esperanza de capitanear un nuevo rumbo del equipo que aún no se ha producido.
El parón de nueve días sin partidos parece una aliado para el lituano, que podrá descansar el tobillo y tratar de refrescar una mente sobre la que a buen seguro pesa el mal inicio de curso. El equipo azulgrana precisa de la mejor versión del capitán.
El Baskonia se quedó sin referentes en Kaunas en el peor tramo del partido. Se notaron las bajas de Forrest y Howard, de los que se intuye que hubieran asumido galones en ataque, y la pérdida del tino de Cabarrot, brillante en la primera parte pero sobrepasado en la segunda. El encuentro se fue con la inspiración del galo, y con ello la fe.
Hubo un momento clave en el partido. Con 40-49 a favor del Baskonia en el minuto 24, Cabarrot, que hasta ese momento acreditaba un 4 de 5 en triples, decidió no intentar el lanzamiento liberado y le entregó el balón a Sedekerskis, que fue hacia el aro pero tampoco intentó la canasta. La posesión se terminó. En la siguiente acción, Syrvidis anotó tras un rebote ofensivo en el que el Zalgiris encontró la forma de tomar las riendas del encuentro.
Con 52-52, Nowell falló un contraataque ante la intimidación del propio Syrvidis y Maodo Lo puso por delante al Zalgiris por primera vez en el encuentro. Para entonces, Diakite, con tres personales, se diluyó tras un buen partido. Ahí es donde reside la importancia de tener un tercer pívot. Aire fresco. Salió Frisch para tratar de redimir al capitán. Anotó un triple y cometió una falta en ataque que le condenó de nuevo al banquillo. «Podemos volver y remontar», gritaba Galbiati a sus jugadores mientras recibía triples liberados (61% de acierto) o bandejas con facilidad. El Baskonia estuvo en bonus los siete minutos finales del último cuarto y bajó los brazos .
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