Diallo y el insomnio de Galbiati
La perspectiva de perder al alero, dispuesto a marcharse a China, y la tardanza en reponer la baja de Samanic alimentan los desvelos del técnico baskonista
Noviembre suele ser un mes crítico para el entrenador del Baskonia. Así lo asegura la imaginería azulgrana, que archiva en el historial un buen ... número de despidos de técnicos en este tramo de calendario. Semejante acumulación de cambios en el banquillo durante estas fechas no es casual. En noviembre todavía se puede dar un giro a una mala trayectoria. No todo está perdido a estas alturas de campaña, por mucho que los balances provisionales generen nervios y dudas. Luego, está la acumulación de partidos de un calendario implacable que hace que las sensaciones respecto a un equipo sean efímeras. El Baskonia se siente seguro al calor del Buesa, pero flaquea en sus duelos a domicilio. Es la lectura fácil a la luz de los resultados. Seguimos a la espera de que el plantel azulgrana avance en un duro proceso de maduración.
Mientras, Paolo Galbiati conserva su puesto al frente del banquillo azulgrana después de superar ese noviembre que tan funesto fue para otros predecesores en el cargo. Pero tampoco nos relajemos. Arrancar sin consecuencias esa aciaga página del calendario tampoco garantiza que en la siguiente todo se pueda torcer. A veces, ejercer de entrenador del Baskonia, y de otros muchos clubes, tiene mucho que ver con el arte de esquivar balas. Las que provienen del rival de turno, pero también las internas.
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Es ese fuego amigo que adquiere la forma de presión, exigencia continua y petición de resultados inmediatos por encima de circunstancias adversas como lesiones, fichajes que llegan tarde o, simplemente, no llegan y demás contratiempos. Porque aquí hay una lógica inamovible: la plantilla siempre es la mejor posible a ojos del club, que para eso la construye y la paga. Luego, está el entrenador para sacar el máximo rendimiento, pedir poco o nada en materia de refuerzos o remaches y, a poder ser, atrapar la luna cuando esté en cuarto creciente. Y mejor que el técnico no establezca comparaciones con otros rivales o que recuerde en qué escalón de la tabla presupuestaria de la Euroliga se encuentra el Baskonia.
Tras medio verano en Vitoria y dos meses de competición, Galbiati debe de tener más que claro estos preceptos. Aun así, cabe imaginarse su desasosiego ante ciertas circunstancias con las que seguro que clama al cielo, aunque sea en silencio y de forma disimulada. A saber, el hecho de que haya pasado ya un mes desde la ruptura con Luka Samanic sin que haya llegado un repuesto o la inquietante perspectiva que se abre con Hamidou Diallo. Este periódico ya ha informado sobre la importante oferta llegada desde el baloncesto chino que tiene sobre la mesa el jugador estadounidense con pasaporte guineano. El panorama resulta incierto ante la posibilidad de que Diallo se marche a una liga que ya conoce, en la que su sueldo puede estar cerca del doble de lo que ahora cobra en Vitoria a cambio de responder a un nivel de exigencia muy inferior.
Para el club azulgrana, donde nadie está a salvo de ser vendido, el negocio puede resultar redondo, aunque todo queda a expensas de cómo y en qué se invertirá el dinero que llegue desde el lejanísimo oriente si es que se acomete el traspaso. Mientras, a Galbiati no le queda otro remedio que ejercer de mero testigo mientras da vueltas a un sudoku de complejidad extrema: sin un tercer pívot desde hace ya más de un mes, con Sedekerskis tocado de un tobillo que pide a gritos descanso y ahora con Diallo solicitando que le abran la puerta con dirección a China.
La perspectiva de perder a un alero de alta combustión muscular, que aporta una quinta marcha al juego y que gasta un carácter que puede encender a todo el Buesa Arena no debe contribuir a la serenidad ni al buen dormir del preparador transalpino. Sobre todo, porque el 'caso Samanic' enseña a Galbiati que no siempre está garantizada la llegada de un repuesto inmediato. Son lecciones que va digiriendo un técnico joven y ambicioso, enérgico pero también inexperto. Al menos, le sobran bases al técnico azulgrana, con Nowell, Simmons, Villar y un Forrest cuyo retorno está más cerca. El que no se consuela es porque no quiere. Que el segundo sea temporero y, a la vez, un hallazgo de calidad digno de retener no deja de ser uno de esos misteriosos caprichos del mercado.
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