Resignados a pensar sólo en la Liga
Dada la situación del equipo y el calendario que se le avecina, al Athletic sólo le queda concentrarse en el torneo doméstico
La familia rojiblanca desayunó, comió y cenó ayer hablando del partido del domingo contra el Oviedo. Algunos, los más intranquilos, incluso aprovecharon la hora del ... aperitivo y hasta la de la merienda para debatir sobre una cita que, de forma absolutamente imprevista –quién nos lo iba a decir a finales de agosto–, ha adquirido una importancia enorme. O se gana al Oviedo o la tierra se abre bajo nuestros pies. O sumamos los tres puntos o caemos a ese círculo del infierno en el que aquel personaje de Woody Allen se encontró con el inventor del metacrilato. Estamos exagerando, por supuesto, pero menos de lo que algunos podrían pensar. Y es que es desde el propio Athletic desde donde se está transmitiendo esta percepción sobre la trascendencia cada vez mayor de los partidos de Liga, empezando por el del domingo.
Es algo que viene sucediendo casi toda la temporada. Recordémoslo. La derrota ante el Alavés, que vista con perspectiva hizo más daño en el organismo rojiblanco que una jarra de cicuta, provocó que el Athletic debutara en la Champions contra el Arsenal mirando de reojo el duelo en Mestalla cuatro días después. Gorosabel, Adama, Vesga y Robert Navarro entraron en el once. Algo muy parecido sucedió en la visita al Borussia Dortmund. Los rojiblancos venían de perder en Valencia, de empatar con el Girona y de caer en Villarreal, de manera que el choque en el mítico Westfalen Stadium quedó en un segundo o tercer plano –Gorosabel, Lekue, Rego, Unai Gómez, Robert Navarro y Maroan fueron titulares– en beneficio del partido contra el Mallorca.
Sólo ante el Qarabag presentó el Athletic un once que podía considerarse de gala con la única salvedad de la entrada de Rego. Es cierto que también jugó Gorosabel, pero está claro que Valverde tiene previsto alternarle con Areso en el lateral derecho; entre otras razones porque no ve mayor diferencia entre ellos. La excepción ante los azeríes estaba más que justificada. Para empezar, porque después de dos derrotas consecutivas el equipo no podía permitirse el lujo de una tercera ante el rival más flojo de la liguilla. La afición se hubiera puesto de uñas ante lo que consideraría un papel ridículo en la máxima competición continental. Por otro lado, Valverde había recuperado a los lesionados durante el parón y, aunque el juego contra el Elche fue muy pobre, tampoco podía alegarse la excusa del cansancio.
Se llegó entonces al choque –nunca mejor dicho– contra el Getafe. Si el 0-1 contra el Alavés tuvo el efecto de una jarra de cicuta, el 0-1 ante la tropa de Bordalás fue como un garrafón. Los rojiblancos se fueron tocados al derbi y la nueva derrota, esta vez en el descuento, oscureció el panorama hasta el punto de que aclaró por completo lo que iba a suceder en Newcastle; es decir, que entre lesiones, lesioncillas, precauciones y bajas tácticas, el Athletic iba a salir a Saint James Park con un once irreconocible al que sólo se le podía exigir que se dejara la piel, controlara los daños y cayera dignamente. Que es lo que hizo, por cierto, ante un rival más gris de lo que se esperaba.
Prioridades
El miércoles, por supuesto, la vista estaba puesta en el Oviedo. Con todo el sentido, habría que decir. Y es que ya no cabe engañarse con objetivos, y menos con su orden de prioridades. Otra cosa distinta es que no se pueda evitar la dolorosa impresión de que el Athletic ha tirado esta Champions, como si tuviera la seguridad de que le quedaba grande. Pero lo que está claro es que, a estas alturas, visto lo visto, ya no queda otro remedio que hacer un ejercicio muy concienzudo de realismo. En primer lugar, por la propia situación de la plantilla, que en realidad no se sabe bien cuál es. Lo que se sabe es que es mala en lo que se refiere al rendimiento de los jugadores, a su estado físico y a la disponibilidad de un buen número de ellos. Hace tiempo que no se recuerda una enfermería tan llena.
Para el partido del Oviedo, por ejemplo, se hace difícil adelantar los once futbolistas que Valverde pondrá en su once inicial. Hay muchas preguntas en el aire. ¿Podrán Nico y Sancet, el primero con pubalgia y el segundo con una lesión leve-moderada en el bíceps femoral de su pierna izquierda, jugar contra el Oviedo o tendrán que ser descartados como lo fueron para Newcastle? ¿Estará en condiciones Guruzeta después de su proceso gripal? ¿Podrá aguantar Jauregizar, que lo ha jugado todo, los 15 partidos de la temporada como titular, aguantar la tralla que lleva o necesitará descansar algún día? ¿Mejorarán su nivel los centrales, que han flojeado tanto en Anoeta como en Saint James Park? ¿Se atreverá Valverde a dar carrete a chavales como Selton o Hierro en vista del bajo rendimiento de sus jugadores del frente de ataque?
El ejercicio de realismo del que hablábamos se convierte en una urgencia con sólo ver el calendario de Liga. Tras jugar contra el Oviedo, a la vuelta del parón, los rojiblancos se enfrentarán por este orden al Barcelona y el Levante (fuera) y al Real Madrid y el Atlético (en casa). Teniendo en cuenta la entidad de tres de esos equipos y de que los de Valverde jugarán en Praga cuatro días antes de hacerlo en el Ciudad de Valencia, hay que reconocer que pensar en algo que no sea una victoria contra el Oviedo resulta muy inquietante; tanto que es mejor descartarlo de antemano no vayamos a ir a este nuevo parón, el último del año, buscando cada día por casa el frasco de las sales.
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