Bailando para quitarse el miedo

Pablo del Caño / Pedro Urresti

Doctor Deseo llenaron Abandoibarra de público transversal y dieron un buen concierto con una discreta Banda Municipal de Bilbao a la que opacaron con su electricidad

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El domingo, segunda jornada de fiestas, seguía habiendo poca oferta municipal de grandes conciertos. Descartamos el electroswing de los ingleses mixtos 'The Electric Swing Circus' en la Plaza Nueva por mecánicos y artificiales (no se puede afirmar que su estilo bailón se adapte a los aires folk propios de ese escenario) y tampoco nos decidimos por el homenaje a Los Módulos madrileños en La Pérgola. Y así, no solo por descarte sino también por curiosidad y por verles en vivo al menos una vez en cada disco que editan, apostamos por el concierto conjunto en Abandoibarra entre los locales Doctor Deseo y la Banda Municipal de Bilbao, la cual sonó tapada por el grupo de rock y apenas se distinguieron arreglos excepto en alguna introducción y en las tres piezas que la banda tocó sola: dos de Bernstein y el 'Je T'aime...Moi Non Plus' de Jane Birkin y Serge Gainsbourg, afortunadamente sin susurros, ni suspiros, ni jadeos...

Como era de esperar, la explanada del Guggenheim estaba llena de gente de todas las edades y abundaban los jóvenes. Doctor Deseo (Bilbao, aprox. 1986), antaño un grupo provocativo e impostado que resonaba a Héroes del Silencio y le cantaba al sexo y a la toxicomanía y estaba plagado de personajes decadentes (término que le disgustaba al líder Francis, quien alegaba que estos seres imaginarios de sus letras no se hallan en caída porque nunca habían estado arriba), se ha convertido hogaño en una suerte de artefacto políticamente correcto (Francis llegó a decir al final lo de 'no es no'), lleno de temores, autoconmiserativo y relativista, recogido en una vulnerabilidad afectada que canta al miedo y a las lágrimas (usa una terminología redundante: niño, paraíso, saliva, bailar…) y que, para frenar el tempus fugit, intenta oponerle el carpe diem. El líder carismático del sexteto, Francis Díez, llegó a proclamar en el epílogo que la fragilidad y la ternura son las nuevas diosas. Buf…

Pues el domingo fuimos a ver a Doctor Deseo en la gira de su último disco 'La fuerza de la fragilidad / Palabras ante el espejo' (Baga Biga), en el que se alistan en el feminismo. Sofocando con su presencia a la Banda Municipal en un concierto que a veces, sólo a veces, sonó embarullado, Doctor Deseo dejaron buena impresión (no sólo entre sus fanáticos) a lo largo de un encuentro creciente de 21 piezas en hora y tres cuartos con dos bises. Sobre un escenario luminoso con dos rombos visibles al fondo, bien apoyados por la pantalla lateral que retransmitía el show (cuando no tocaban ellos vaya caras de condescendencia se les veía a los músicos de la banda; y eso que al menos tienen alta formación reglada dos de los doctores, el teclista Raúl Lomas y el saxofonista Joe González), a la tercera salió el grupo de rock y con la banda sofocada en la primera colaboración tocó con sentimentalismo 'Una mirada distinta'.

En las tres siguientes Doctor Deseo actuaron a solas y oímos 'Pequeños héroes', con los arreglos evidentemente bailongos de los teclados («El miedo a la oscura noche que bailan los sueños rotos / Hay un mar de fondo y me roba la calma / Te busco de acá para allá / y no hay manera de dar sentido a tanto dolor en cualquier esquina»), una intensa 'Olas y naufragios' (aquí vimos en pantalla a un Francis demasiado maquillado y con excesiva brillantina), y 'De chocolate y vainilla', que interpretaron tras decir Francis «muchas gracias a vosotras por lo de la manzana» y beber de una botella derramándosela por encima.

A continuación vinieron cuatro colaboraciones con la Banda Municipal de Bilbao: 'En tu rincón', una ranchera cañí algo Elefantes con Francis bajando a cantar desde el foso cerca de sus fans (y se vio a varias chavalillas en pantalla) y con la banda aportando sustratos sin más; 'Adiós', con la banda tapada por el grupo y Francis, elegante con traje, sombrero y liga en el muslo, tapándose con una boa («Lágrimas compartidas / acarician el dolor de estar vivo»; al acabarla Francis nos regañó: «Podéis bailarla a lo agarrado, de eso se trata. Siempre lo digo pero nunca me hacéis ni puñetero caso», que fue la palabra más malsonante que usó en sus itroducciones); 'Cuanto frío hace en Saturno', con la banda destacando en la introducción costumbrista; más el vals 'Que amanece de nuevo', conseguido a pesar del barullo de la banda, y con corista embarazada invitada, a la que Francis presentó como María.

De lo mejor de la noche llegó con la banda a solas interpretando al Bernstein urbanita («parece una canción de payasos», juzgaron unos chavales de menos de 20 años), Doctor Deseo a solas enlazazon otra terna: 'El placer de conspirar', con el propio grupo embarullado («Que tu saliva / Sea una ola tempestuosa / Surfeada por tu lengua / Donde mi piel se ahogue»); el genuinamente after punk 'Nire monstrua' con los teclados aportando más dance; y la explosión springsteeniana con el saxo de Joe protagonista en 'Busco en tus labios', con saltos de Francis.

Ya ven que los fogonazos se intercalaban, y no pararon en las tres últimas piezas, estas con la banda: 'Mi torpe corazón', un post-funk cañí a lo Elefantes otra vez; 'Corazón de tango', el primer gran momento coreado, con tipos cantándola abrazados y una introducción de la orquesta afrancesada en plan Iparralde o por ahí hasta que otra vez resultó sofocada por el grupo de rock; y 'De nuevo en tus brazos', subtitulada 'Morirse en Bilbao', la de «Hay vicio en el ambiente, la fiesta está caliente.....¡ay!», con unos aires muy Lou Reed.

De verdad que no estuvo mal lo catado. Quedaba el bis, que la peña no pidió porque lo daba por supuesto. Y tras un silencio algo embarazoso con la banda permaneciendo en escena («a este -por Francis- le dices ahora para ir de farra y aguanta más que tú», supusieron los chavales de menos de 20 años, los de los payasos), reapareció el grupo de rock para tocar a solas 'Alfarera de sueños', algo vals también, con fragilidad y ternura en una interpretación potable. Y con la banda apoyándoles cayeron 'Abrázame', con la segunda intervención de la invitada María en una suerte de post-rock a lo Vetusta Morla con la banda marcando el reloj; y el adiós con su hit primigenio 'La chica del batzoki', el cual mutaron con toques aflamencados y morunos más guiño a Triana, y que fue el otro tema cenital, a pesar de que se dilató con las presentaciones, hasta de sus managers, y con Francis usando un efectista spray de pompas y con explosión de confetis, detalles que ya habíamos visto antes en el concierto.

«Todo un orgullo tocar con esta gente», dijo Francis a modo de despedida, y añadió: «Y gracias a vosotras y vosotros. Que siga la fiesta». Y la masa de Guggenheim gritó beste bat, beste bat, y sonó el segundo bis, fuera de programa este, con los doctores tocando solos 'Soñar, desear y atreverse' («Locos por quemarse / En el volcán bajo tu vientre / Locos por ahogarse en el mar de tu saliva»). Y se acabó el concierto, y mereció la pena a pesar del papel gregario y segundón de la Banda Municipal, y seguro que fue lo mejor que ofrecían los conciertos de ese domingo, y no nos aburrimos ni un instante, lo cual es decir bastante.

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