Rozalén, fruto de un amor prohibido

Maika Salguero y Pablo del Caño

La cantautora albaceteña llenó hasta las apreturas Abandoibarra y dio un conciertazo con sonidazo y traducción simultánea en lenguaje de signos

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El lunes, tercer día de Semana Grande, también por descarte tuvimos claro a qué concierto acudir de los tres grandes montados por el Ayuntamiento: eliminamos al transformista local Asier Bilbao, inamovible año tras año en La Pérgola (con tanta insistencia en su programación ya nos empieza a picar la curiosidad), y a la Fanfaraï Big Band parisino-argelina en Plaza Nueva (no nos apetecía nada ese día practicar la danza del vientre). Así que apostamos por el escenario de mejor y más atractivo cartel, el de Abandoibarra, donde actuó la albaceteña Rozalén, quien petó la explanada. De hecho, para poder entrar tuvimos que dar un rodeo porque se había cortado la entrada principal de las escaleras.

Ahí, Rozalén (María de los Ángeles Rozalén Ortuño, nacida en Letur, Albacete, hace 32 años), en octeto desplegó un concierto mucho mejor de lo que esperábamos y beneficiado por el sonidazo (volumen y claridad) y por la pantalla lateral que lo retransmitía en grande (si no, desde tan atrás poco habríamos colegido del tablado). Fue un conciertazo de 111 minutos para 23 temas (incluyendo la coda pregrabada 'Respect', donde presentó a sus músicos y se pusieron a bailar). Y, paradójicamente, estuvo mejor la primera parte, los diez primeros temas, que la segunda, cuando avisó: «A partir de ahora, todo cachondeo», aunque no sonó tan festiva.

Habló bastante en esa primera parte Rozalén, pero sin ponerse pesada. Explicó de qué trataban varias canciones, y en su primer parlamento desentrañó las dos iniciales: 'La puerta violeta', con la cadencia de Rosario y sobre los malos tratos a las mujeres, y 'Vivir', fusión aflamencada escrita para la Asociación Española Contra el Cáncer. Y antes de dilucidarlo ya había saludado: «Gabon, Bilbo. ¡Qué privilegio! Estoy nerviosa. Eskerrik asko por poner esto así. No he dormido de la importancia que tenéis» Sí, estaba llenísimo, había mayoría femenina, y abundaban las cuadrillas de chicas muy jóvenes colocadas en corrillos, algunas dando la espalda al escenario.

Rozalén sonó a veces como una sucesora de Amparanoia ('Ahora'… apareces tú), se declaró «a gustico», informó que en su tercer disco ('Cuando el río suena', 2017) se había inspirado en su familia («¡todos los trapos sucios a los cuatro vientos!»), osó a ser sofisticadamente post-rock ('Para los dos', con su fisicidad femenina algo Ella Baila Sola), y comentó que 'Justo' era su tío abuelo que en 1938 fue reclutado en la quinta del Biberón (las levas republicanas, eso no lo aclaró) y fue el único del pueblo que no volvió de la guerra pero que ya han encontrado la fosa común con sus restos (fue una buena canción, muy dramática y con epílogo de habanera).

Continuó esta estupenda primera mitad con el subidón aflamencado y creciente a lo Zenet 'Las hadas existen' («después del sofocón, a la alegría», invitó la manchega), con aires latinos a lo Depedro ('Antes de verte', cuando nos reveló que se emborrachaba antes de citarse para componer con el argentino Kevin Johansen), como última historia nos contó la del amor de sus padres, que su padre había sido sacerdote durante diez años, hasta que conoció a su madre («yo soy fruto de un 'Amor prohibido'», zanjó antes de esta pieza algo María Arnal o Silvia Pérez Cruz), y alcanzamos el límite con su versión de 'La belleza' de Luis Eduardo Aute.

Rozalén leía en ocasiones las letras de un atril y estuvo escoltada todo el rato por Beatriz Romero, traductora teatral del lenguaje de signos que, no es ironía, a menudo nos recordaba a Popotxo, el humorista de La Orquesta Mondragón. La parte festiva, o sea la segunda mitad, arrancó regular con la ranchera a lo Bebe 'Me arrepiento', pero alcanzó varios picos: mejorando a Zenet ('Tu nombre'), cumbia a lo Depedro ('Somos', donde se describe cantando «Soy fresca, coplera, sensible / hippie, pija, cultureta / chica lista, no me pierdan de vista / Alguien que encuentre una fórmula / libre, firme y luchadora / Soy progresivamente tradicional / ahijada de, hija del otro, nieta de mi abuela / voz dulce rasgada, que acaricia el alma»), un arreón zíngaro ('Bajar del mundo', de lo mejor de la agradable velada), más mestizaje en plan nueva Amparanoia ('80 veces', otra cima de la cita), soul español onda Alejandro Sanz ('Comiéndote a besos', otro cénit antes del bis) y panamericanismo vía Depedro (en la habanera 'Girasoles', ya en el bis).

Muy buen concierto de Rozalén, que será de lo mejor de la Semana Grande. Llenó Abandoibarra (de pago llenó hace poco el Euskalduna), pero no se le ha llenado la cabeza de pájaros: «Aunque haya quien no lo sepa, llevamos años en esto y hemos llegado a tocar delante de 20, 15 o 2 personas. Ver esto ahora así nos parece un milagro». Seguro que su carrera será larga.

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