Las mujeres pierden el deseo

Las mujeres pierden el deseo

El 40% de la población femenina se queja de pérdida de apetito sexual, un problema de salud al alza «Están demasiado agobiadas con la casa y el trabajo»

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Un 40% de las mujeres evita las relaciones sexuales porque ha perdido el deseo. No les pasa sólo a ellas, los varones también atraviesan momentos de su vida en que simplemente no les apetece. Algunas encuestas dicen que uno de cada tres hombres a partir de los 50 años se enfrenta en algún momento a un período, más o menos largo, de apatía sexual. El problema es que, al menos en ellas, éste es un problema al alza.

Diferentes estudios concluyen que un 30% de las mujeres carece de todo interés por el sexo, y otro 20% se queja de que sus relaciones no son placenteras. La mitad de la población femenina encuentra, además, muchas dificultades para llegar al orgasmo y el 25%, una de cada cuatro, es incapaz de alcanzarlo. Los datos, que son como para temblar, y no de placer, corresponden a un estudio elaborado por la Asociación para la Investigación de las Disfunciones Sexuales en Atención Primaria, a partir de casi 6.200 entrevistas, 3.600 a varones y otras 2.599 a mujeres.

La disfunción sexual es un «problema muy relevante» en las mujeres de cualquier edad, aunque en la menopausia es cuando aparece con mayor frecuencia, según relata la especialista Rosella Napi, del Centro de Investigación de Medicina Reproductiva de la Universidad de Pavia, en Italia. Las mujeres consideran, cada vez más, que la sexualidad es «una parte trascendente de su vida, necesaria para su bienestar físico y mental». Sin embargo, explicó la especialista, «a menudo no son capaces de entender plenamente que el final de la vida reproductiva provoca algunos cambios en su vida sexual».

No sólo físico

Con los años, disminuye el grado de excitación, de lubricación, la intensidad del orgasmo. Es inevitable. Los cambios físicos suelen ir unidos a otros problemas ligados a la vida cotidiana. Las responsabilidades familiares, los hijos, el peso de la casa, que a menudo recae en ellas más que en ellos, y el estrés que genera una vida en la que difícilmente pueden compatibilizarse los ámbitos laboral y doméstico acaban por minar la salud mental de buena parte de la población femenina. «La mujer -dijo la doctora Nappi- se siente demasiado agobiada ante tanta obligación», no siempre bien compartida con la pareja.

El trabajo elaborado por los médicos de cabecera pone cifras al drama. El 6,6% de las españolas confiesa no tener deseos eróticos. El 6,4% sufre dificultades para la excitación y otro 6,3 los admite para llegar al orgasmos. El 4,1% padece dispareunia, es decir, dolor durante la penetración o los movimientos del coito. La aversión sexual llega al 3,4% y el vaginismo, o imposibilidad de hacer el amor, castiga al 2,8%.

Lo normal es que la pérdida de deseo esté provocada por una combinación de problemas orgánicos y psicológicos. Puede ocurrir por unos o por otros, pero lo más habitual es que sea una mezcla de ambos factores. La menopausia, desde que se anuncia, facilita el desinterés por la sexualidad, pero también influyen otros factores, entre los que destaca la falta de comunicación en la pareja, que es la principal fuente de otros conflictos, desde las discusiones hasta la huida de toda relación sexual.

Los médicos aseguran que, por desgracia, las mujeres no hablan en sus consultas de sus relaciones. Sienten que la sexualidad es demasiado íntima, se avergüenzan de revelar sus problemas, incluso «se ven inseguras ante la reacción que pueda tener el especialista y presumen que el médico no tiene bastante tiempo para hablar de asuntos tan íntimos», argumentó el jefe de Ginecología y Obstetricia del hospital de Basilea (Suiza), Johannes Bitzer. «Las mujeres afectadas de disfunción sexual, en ocasiones, ni siquiera saben que disponemos de tratamientos eficaces».

Cuando la pérdida de deseo se debe sólo a una causa biológica, el problema puede ser fácilmente superable con «medicaciones eficaces» que contienen una combinación de estrógenos y andrógenos (hormonas sexuales femeninas y masculinas). No es lo más normal, como reconoció Michele Lachowsky, ginecóloga del hospital parisino de Bichat. Un abordaje integral debe incluir terapia psicológica, a menudo con la pareja. «El tratamiento psicológico es capital si se busca una solución integral, pero eso no significa que todas las mujeres deban consultar al psiquiatra», afirmó.