Psicología

Por qué enviar a tu hijo a un campamento de verano

Por qué enviar a tu hijo a un campamento de verano
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Vivir durante varios días en un entorno diferente en el que son un miembro más del grupo, en lugar del centro de atención, presenta múltiples ventajas para los niños a la hora de desarrollar sus habilidades sociales

MARÍA REYZÁBAL

Los campamentos dan la bienvenida al verano en forma de excursiones, juegos, deporte y hasta tecnología. Las aulas han cerrado ya sus puertas hasta septiembre, pero los más pequeños cuentan con muchas opciones para disfrutar y aprender hasta que vuelvan al colegio. A diferencia de hace décadas, cuando la oferta de actividades en época estival se antojaba escasa e incluso nula en ocasiones, lo cierto es que en la actualidad hay udalekus para todos los gustos. Una opción a la que cada vez recurren más familias de cara a planificar las vacaciones de sus hijos, cuando éstos ya han alcanzado un cierto nivel de autonomía. Pero antes de mandarlos a una colonia de verano, es normal que nos surjan dudas: ¿estoy haciendo bien?, ¿será beneficioso para mi hijo?

Estar las 24 horas del día, durante un tiempo, en un entorno diferente en el que son un miembro más del grupo –en lugar del centro de atención- presenta múltiples ventajas a la hora de desarrollar las habilidades sociales básicas:

- En primer lugar, aprenden a ser más autónomos y a tomar sus propias decisiones, pues deben actuar sin contar con sus padres como punto de referencia.

- Además, adquieren habilidades de negociación, que son las habilidades sociales que nos ayudan a mantener una interacción orientada al beneficio mutuo. Esto se debe a que debaten para llegar a acuerdos con sus compañeros (en temas sencillos como el horario de las duchas, en qué cama duerme cada uno, los juegos a los que dedicarán la tarde...)

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- Por otra parte, los pequeños deben controlar y gestionar sus emociones para poder relacionarse correctamente. En un campamento aprenden a empatizar y a expresar sus opiniones y emociones frente a los demás; reforzando así su inteligencia emocional.

- Aprenden también a desenvolverse siendo parte de un grupo. Esto ayuda a desarrollar el sentido de pertenencia y el trabajo en equipo. Cada niño comprende que tiene su papel en el grupo, una contribución específica.

- Además, la convivencia con otras personas diferentes hace que se asimilen valores como la tolerancia y el respeto.

Cada niño se responsabiliza de tareas del día a día que dependen de él: recoger la habitación, lavar la ropa, asearse… aprendiendo las consecuencias naturales que tienen lugar cuando estas tareas quedan sin hacer.

Al tener que adaptarse a unas normas y horarios diferentes a los de casa, nuestros hijos también ganarán en flexibilidad, es decir, aprenderán a habituarse a los cambios y a los nuevos límites.

Por último, se desarrollan la confianza y la tolerancia a la frustración, ya que las colonias cuentan con actividades y juegos que permiten tanto sobresalir como fallar, tanto ganar como perder.

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Una decisión consensuada

Conviene recordar que no todos los niños reciben con alegría la idea de ir a un campamento: si su personalidad es tímida, es probable que el plan no les parezca atractivo y se resistan a él. En estos casos, conviene elegir el campamento con especial cuidado, y escoger uno con actividades que resulten motivadoras para nuestros hijos, y que, preferentemente, se desarrollen en pequeños grupos. Si un amigo o conocido asiste al mismo campamento, puede suponer un gran apoyo para nuestra hija o hijo tímido.

Esta resistencia puede aparecer también en pequeños más sociables pero, en estos casos, una conversación motivadora, resaltando las ventajas del campamento o las colonias facilitará que se haga a la idea.

De todos modos, mi recomendación es que el hecho de ir o no a un campamento sea una decisión compartida, y se tengan muy en cuenta también las opiniones de nuestros hijos.

María Reyzabal es psicóloga en el Centro de Psicología Bilbao.