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Las neskas marcan tendencia

Itziar Zubizarreta, de Olazar, ajusta el pañuelo a un maniquí en el escaparate de su tienda. /BLANCA CASTILLO
Itziar Zubizarreta, de Olazar, ajusta el pañuelo a un maniquí en el escaparate de su tienda. / BLANCA CASTILLO

Faldas a rayas y estampadas, chalecos con eguzkilores bordados, vainicas y puntillas que rematan pañuelos... San Prudencio se cose con puntadas de tradición pero se tiñe de nuevos colores, del mostaza al rosa neón

María Rego
MARÍA REGO

Rojo, blanco, azul celeste y marino, verde, un rosa que chilla en tono neón, negro, granate... Un colorido ejército de bobinas de hilo aguarda a que la máquina de coser comience a disparar en el taller que esconde la tienda Olazar. Una ligera cortina separa los dos mundos, el creativo y el comercial, de este establecimiento especializado en trajes (cada vez menos) tradicionales cuyas ventas comienzan a animarse en torno a San Prudencio. «La gente viene a última hora cuando saca la ropa y ve que le falta un pañuelo o que no le gusta algo que ha llevado otros años», cuenta Itziar Zubizarreta con la cinta métrica colgada del cuello. Ella se divide entre la pequeña fábrica de ideas que engulle la 'singer' y la zona que pisan los clientes entre maniquís y perchas donde cuelgan faldas a rayas y estampadas, chalecos bordados y pañuelos con vainicas y puntillas de esas que cosían las amamas.

El trabajo artesanal, puntada a puntada, se mantiene a la hora de coser la fiesta pero la moda evoluciona aunque, en este caso, algo encorsetada por los dictados de la tradición. «No se puede decir que haya habido un cambio enorme. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de un traje tradicional que se creó hace muchos años», advierte Aintzane Ramírez tras el mostrador de Zazpiak Bat por el que pasan alaveses de todas las edades. Pero matices haberlos, haylos y así se visualizará el domingo 28 sobre las campas de Armentia, sobre todo, entre ellas, las neskas. «Los hombres a veces te dicen que están cansados del gris y que por qué no traemos algo en otro color para ellos pero, cuando lo hacemos, te dicen 'ay qué bonito, pero dame el de siempre'. Son bastante clásicos», retrata Ramírez en un repaso mental a su catálogo con los pantalones mil rayas como protagonistas del 'streetstyle' festivo y el negro, el rojo y el granate como reyes de la paleta.

Tres modelos muy diferentes de falda para neskas.
Tres modelos muy diferentes de falda para neskas. / RAFA GUTIÉRREZ

Los novatos en la materia deben saber que el traje masculino se compone de cinco piezas (la camisa, el chaleco, el pantalón, el gerriko y el pañuelo) y que el color comienza a teñir algunas de ellas con discreción, muchísima discreción. Los bordados son otra opción para destacar entre la marea uniformada que sale a honrar a San Prudencio. Hay lauburus, escudos de Vitoria, ikurriñas, símbolos locales como las cuatro torres y eguzkilores que brotan en chalecos con la dificultad de casar sus dos mitades en el eje central de la prenda. «Es un trabajo muy complicado», reconoce Zubizarreta mientras ajusta uno de ellos a un maniquí. Sobre su cuerpo todo vale pero en los modelos de carne y hueso cambia la historia. «Los chicos son menos arriesgados. Los dantzaris se atreven un poco más pero el resto, a partir de los treinta, cuando comienzan a tener familia y ya no salen tanto en cuadrilla, innovan algo pero no tanto», corrobora esta patronista que acaba de trasladar su tienda al Casco Medieval.

Diseños «a capricho»

Allí, mientras el hilo musical lanza 'greatest hits' de la fiesta como 'Lau teilatu' o 'Kalian gora', plancha una falda salpicada de minúsculas flores en rosa y granate. Es la pieza más vistosa del traje femenino, que se viste con saya, pololos opcionales, blusa, corpiño, delantal, pañuelo en la cabeza y al cuello. «Se vende muy bien la raya, pero las jóvenes prefieren la flor. Y piden la falda más corta», agrega. Hay creaciones que combinan ambos estampados aunque esta idea aparentemente rompedora bebe asimismo de la tradición porque «antes, cuando se te quedaba pequeña, se metía la tela que había por casa y no siempre era igual», recuerdan en Zazpiak Bat. Ahora lo que se busca es «la personalización» de la ropa, un diseño «más a capricho» para pasear entre puestos de talo y pastel vasco.

El eguzkilore destaca entre los motivos de los bordados en el traje tradicional. Se puede plasmar sobre mochilas, pañuelos, corpiños...
El eguzkilore destaca entre los motivos de los bordados en el traje tradicional. Se puede plasmar sobre mochilas, pañuelos, corpiños... / RAFA GUTIÉRREZ

El modelo básico sin floritura alguna, pero con todas las prendas, sale por 110-200 euros, en función del establecimiento. «Hay camisas desde 30 euros y faldas desde 60 hasta lo que te quieras gastar», apunta Ramírez. El precio, advierten en Olazar, «se dispara» con los bordados y los accesorios también suman a la cuenta final. En tiempo, los corpiños absorben unas cuantas horas de trabajo y las faldas tampoco se hacen en una tarde. Las más sencillas necesitan, al menos, dos metros de tela. «Muchas neskas quieren que lleven bolsillos, los he llegado a coser incluso en los pololos, pero cada vez más se compran una mochila a juego para llevar las llaves, el móvil... Mira ésta qué monada», presenta Zubizarreta con un saquito negro rematado por un eguzkilore.

Varias faldas con los múltiples estampados entre los que se puede elegir. De flores a rayas y puntos en casi todos los colores imaginables.
Varias faldas con los múltiples estampados entre los que se puede elegir. De flores a rayas y puntos en casi todos los colores imaginables. / RAFA GUTIÉRREZ

El 'dress code' festivo marca que los complementos vayan a juego de la ropa, igual que algunas madres quieren versiones 'mini' de su traje para vestir a las hijas. «También hay parejas que lo piden», añade. En el escaparate se paran precisamente un hombre y una mujer atraídos, tal vez, por el traje de neska en mostaza que acumula 'likes' en el Instagram de la tienda. «Se nota mucho la influencia de lo que pones en las redes sociales. He tenido diseños acabados que en ocho meses nadie ha hecho caso y que, en cuanto he subido una foto, todos vienen preguntando por ellos», comenta Zubizarreta. No obstante, quienes pretenden hacer hueco en su armario para una de estas creaciones, más o menos modernizadas, buscan sobre todo que aguante el día, la noche y, como no, la madrugada aunque en San Prudencio la fiesta dure menos de 24 horas. «Esta ropa la quieres para salir de jaia, tirarte al suelo y comerte el bocata en la 'Cuchi'», afirma Ramírez desde el local de la calle Rioja. De ahí que el algodón, tan «sufrido», sea el tejido estrella.

Ahora sólo queda que el cielo acompañe el domingo al patrón en su gran día. «El tiempo no siempre ayuda en esta fecha y eso condiciona mucho que la gente se vista».

Los mozos de Armentia estrenan traje

En muchos hogares se reservaba el estreno de ropa para las fiestas de guardar y en Armentia no hay día más grande que San Prudencio. Por eso, los mozos del pueblo –19 chicos y chicas «majísimos» de 16 a 21 años– lucirán el domingo 28 traje nuevo para acompañar al santo. «Ahora que tenemos un grupo de chavales que colaboran un montón creímos que era el momento de recuperar la vestimenta propia», cuenta el presidente de la Junta Administrativa, Alfredo López de Uralde, quien puso la idea sobre la mesa. El chaleco de ellos y la falda inferior de ellas lucirá «un falso bordado que mezcla el negro y el azul» como seña de identidad. Para el proyecto se han ayudado de la documentación que atesora la Fundación Sancho el Sabio y se han inspirado en lienzos de pintores como Díaz de Olano.