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Las niñas ya no quieren ser princesas en su comunión

Tres modelos de comunión muy diferentes para niñas./ BLANCA CASTILLO
Tres modelos de comunión muy diferentes para niñas. / BLANCA CASTILLO

Los vestidos pomposos que ocupaban media iglesia son cosa del pasado. Ahora triunfa el plumeti, los fajines de colores y las coronas en el pelo. Para ellos se vende «muy bien» el traje de calle

María Rego
MARÍA REGO

Lo sentimos por Cenicienta, Bella o, la más moderna, Elsa, pero las niñas ya no sueñan con ser princesas. Ni en su comunión, cuando la mayoría de ellas se visten de largo por primera vez, se quieren ver dentro de un traje pomposo, lleno de florituras, como la mismísima Lady Di en su boda. «Los vestidos que ocupaban media iglesia son cosa del pasado aunque todavía hay quien los pide, sobre todo, las abuelas», confirma Blanca Blanco tras el mostrador de Confección Infantil Zuriñe, en Sansomendi, por donde pasan entre 150 y 200 críos cada año a punto de tomar la comunión. Su tienda, abierta hace más de tres décadas, ha sido y es testigo de la evolución de la moda para esta ceremonia donde las menudas protagonistas huyen hoy de «lazos y cuellos bebé, y el color blanco prácticamente no existe». «Se mantiene la organza pero ahora se lleva mucho el tul y el plumeti, y el vuelo que sea lo más discreto posible», detallan, entre las tendencias de la temporada, Irma Mérida y Andrea Rojas desde Atelier Vitoria, abierta hace tres años en la calle Domingo Beltrán.

Las cintas de color y las flores dan un toque diferente a un sencillo vestido blanco.
Las cintas de color y las flores dan un toque diferente a un sencillo vestido blanco. / BLANCA CASTILLO

Quien prefiera lo clásico lo encontrará y aquéllas que busquen un estilo más informal, incluso de inspiración hippy, también pues de los talleres de algunas marcas especializadas salen centenares de modelos diferentes para cada primavera. En sus catálogos se ve «cómo va entrando poco a poco el color, aunque muy suave, en forros en pastel, gasas en salmón... y, sobre todo, en fajines» que, junto a las flores, arrasan alrededor de la cintura de las niñas. Pero si hay un tono que triunfa en la paleta es el blanco roto, y en esto se contagian de la moda nupcial. Las comuniones, de hecho, se asemejan cada vez más a las bodas y la Unión de Consumidores de Euskadi ya advertía en 2016 de que estas ceremonias obligaban a las familias a sacar más de 7.000 euros de la cartera. Un vestido «normal» de niña, por ejemplo, ronda los 300 euros aunque hay opciones en el 'outlet' por la mitad y diseños de firma, desde Roberto Torretta a Francis Montesinos, que llegan a los 600, calculan en la tienda situada en Sansomendi.

Los accesorios marcan la diferencia también en los estilismos de comunión.
Los accesorios marcan la diferencia también en los estilismos de comunión. / BLANCA CASTILLO

El agujero que desgarra una comunión en el bolsillo lleva a muchos hogares a practicar la economía de aprovechamiento y desempolvar «el vestido que llevó la tía, la madre o la hermana y transformarlo», destacan en Atelier Vitoria. «Hay que tener en cuenta que las telas de ahora no tienen ninguna comparación con las de antes. Hoy un metro de tela buena, como la de esos vestidos de hace años, te sale por lo menos por 100 euros», detalla Mérida antes de recibir a una novia para la prueba de su traje. Pero el siglo XXI no sólo ha fulminado los diseños de volúmenes imposibles sino que también ha traído inventos como el vestido con dos faldas. «Una por encima de la rodilla y otra larga unidas por el mismo fajín. A las niñas les encanta ir de largo a la ceremonia pero luego, en el banquete o a la hora de jugar, están mucho más cómodas de corto», describe Blanco sobre esta propuesta que «aún no se conoce mucho».

Las fllores son las protagonistas de este diseño en plumeti y con encajes donde se cuelan los tonos empolvados.
Las fllores son las protagonistas de este diseño en plumeti y con encajes donde se cuelan los tonos empolvados. / BLANCA CASTILLO

Más extendidos están los adornos para la cabeza, como «casquetes y coronas florales», una tendencia que amenaza con convertirse en plaga y que «por mucho que guste no queda bien a todas las caras». La última palabra la suelen tener las propia niñas, avisa Mérida, que trabaja sobre todo confección para ellas, que entran en la tienda «con la idea súper clara de lo que quieren». «Hace años decidían más las madres pero hoy, en un 80% de los casos, dan su punto de vista y son las hijas quienes finalmente deciden», afirma.

El canotier da un plus de estilo a este modelo que luce la pequeña Uxue.
El canotier da un plus de estilo a este modelo que luce la pequeña Uxue. / BLANCA CASTILLO

Pero, si quien va a tomar la comunión es un niño, olvide todo lo anterior y respire, porque la elección resultará bastante más sencilla. Las opciones se reducen y al mirar por el retrovisor se comprueba que «los modelos han cambiado menos» que los diseños femeninos. Diferencias, eso sí, haberlas haylas. «Antes todos querían ir de almirante y cuantos más galones llevaran, mejor», recuerdan en Confección Infantil Zuriñe, que comienza la temporada en octubre y concentra las ventas entre diciembre y febrero. «Es que en marzo ya están con el reportaje fotográfico», aclara. El 'outfit' de marinero, que «está volviendo a entrar», nunca ha tenido muchos adeptos entre los pequeños vitorianos aunque sobre esa y el resto de las opciones reina el traje de calle con «americanas y pantalones no tan de vestir que después podrán usar más». Los más estilosos podrán dar un toque diferente al conjunto, por ejemplo, en forma de coderas semiocultas en las chaquetas.

Desde bailarinas a botas bicolor con lazada. Todo cabe en el calzado infantil de comunión, incluidas las alpargatas.
Desde bailarinas a botas bicolor con lazada. Todo cabe en el calzado infantil de comunión, incluidas las alpargatas. / BLANCA CASTILLO