El bailarín vasco que acompañaba a Miki en Eurovisión

Ernesto Santos./
Ernesto Santos.

Ernesto Santos, de 34 años, fue uno de los cinco artistas que acompañaron al representante de España en el escenario. «Ha sido una experiencia increíble»

Virginia Melchor
VIRGINIA MELCHOR

La gala de Eurovisión se vivió este sábado con especial entusiasmo en un txoko de Bilbao. Allí se reunieron todos los familiares y amigos de Ernesto Santos, uno de los cinco bailarines que acompañaron en el escenario a Miki, que representó a España con la canción 'La venda'. Elena y Ernesto, que regentan una peluquería y una ferretería en este vecindario, vivieron emocionados la actuación de su hijo. «Muy bieeeeeeennnnn, precioso, espectacular, te queremos, aúpa», le escribió literalmente su madre en cuanto bajó del escenario. Hasta encargaron una palmera gigante en la panadería del barrio de Otxarkoaga, con el lema 'suerte Ernest', para endulzar la velada. «Se sienten muy orgullosos de mí», afirma Ernesto a Álava Dmoda, después de disculparse por tardar en responder al teléfono. «Estoy todavía con la resaca emocional, habré dormido doce horas, ha sido una experiencia increíble», cuenta.

Este joven de 34 años, que estudió en el colegio Hijas de Jesús de Artxanda, se mudó a Madrid cuando tenía 19 para «perseguir el sueño de ser cantante». Se matriculó en una escuela de canto, donde descubrieron sus grandes cualidades para bailar, así que poco después se apuntó también a un centro de danza. «En todo este tiempo no he dejado de formarme, porque esto es una carrera de fondo, como un deporte, si no te sigues renovando te quedas atrás», reflexiona Ernesto, que ha trabajado en musicales como 'Mamma Mía' o 'Hoy no me puedo levantar'. Este joven inquieto también compone sus propias canciones. Recientemente sacó al mercado el single 'Para el reloj', que acumula más de 14.000 visualizaciones en Youtube.

En este txoko de Otxarkoaga la gala de Eurovisión se vivió como una auténtica fiesta. No faltó hasta una palmera gigante en apoyo a Ernesto.
En este txoko de Otxarkoaga la gala de Eurovisión se vivió como una auténtica fiesta. No faltó hasta una palmera gigante en apoyo a Ernesto.

Cuando hace tres meses sonó su teléfono para proponerle participar en un casting que le abriría las puertas de Eurovisión, no podía ni creérselo. «Tenía muchas ganas, me apetecía un montón vivir ese momento, pero sabía que era una gran responsabilidad y que no podía fallar», relata. Para que todo saliera a la perfección, él y el resto de bailarines estuvieron ensayando «muy duro» durante meses, ocho horas al día. «Mientras cantábamos teníamos que botar y pasarnos pelotas de baloncesto, saltar a la comba, correr por todo el escenario... una matada, parecían clases de crossfit», recuerda.

Hace diez días pusieron rumbo a Israel para vivir la experiencia «más emocionante» de su vida: «Hemos llorado mucho esta semana, porque ha habido muy buen rollo, nos hemos convertido en una familia». Entre los tres pases que realizaron los dos primeros días y los ensayos en el hotel, también hubo tiempo para el ocio. «Nos llevaron de excursión a Jerusalén y fue muy bonito, pasamos mucho calor, hacía 35 grados, pero nos encantó.»

Los cinco bailarines y Miki, representante de España en Eurovisión, han formado una piña y han disfrutado de grandes momentos juntos en Israel.

La puntuación, «con humor»

Este sábado Ernesto y el resto de bailarines pusieron en pie a Europa en una actuación vibrante en la que demostraron la gran química que han creado entre todos. Al actuar los últimos, pudieron seguir la gala casi al completo en una sala contigua, donde se vivió «una auténtica fiesta». «El recinto era increíble, un mundo, no sé cuánta gente podía trabajar allí, pero es que teníamos hasta una zona de juegos, echábamos partidas al billar o al pin pon con los representantes del resto de países, muchas veces no entendíamos su idioma, pero estabamos unidos», recuerda Ernesto. El resultado, eso sí, fue peor que el que vaticinaban las encuestas. Miki Nuñez y sus cinco bailarines tuvieron que conformarse con el puesto 22, quintos por la cola. «Nuestro objetivo era dar lo mejor de nosotros y así lo hicimos, así que no nos pusimos tristes en ningún momento. Los de la organización nos dijeron que les encantábamos los representantes de España, porque eramos muy alegres y cero competitivos. La verdad es que nos hemos tomado la puntuación con humor, como una forma de no perder la costumbre...».

Los planes más cercanos de Ernesto pasan por tomarse «una semana de relax» para asimilar lo vivido en Israel. Pero la siguiente volverá sin falta a Bilbao para abrazar a sus familiares y amigos, que este sábado en el txoko, entre hamburguesas y patatas, le apoyaron como los que más. «Tengo muchas ganas de verlos a todos y de contarles mi experiencia», asegura. Y en especial a su sobrino Haru, de poco más de un año, «que es más bonito...».