Psicología

Por qué duele tanto una ruptura y cómo superarla

Por qué duele tanto una ruptura y cómo superarla
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En casos de abandono, la tristeza es inevitable. Instalarse en el dolor o afrontar la separación de forma racional depende de nosotros

LOURDES LAVADO | MERTXE GIL

Establecer un tiempo para saber cuándo vamos a estar bien tras una separación es como solía decir nuestra madre «quererle poner el cascabel al gato». En los libros de psicología se habla de que el duelo suele durar entre seis meses y dos años. El problema es que si se supera esa barrera de los dos años se convierte en patológico. Por tanto, el tiempo que tardemos en superar una ruptura dependerá de varios factores: importa quién ha tomado la decisión de separación, cómo se ha producido, los motivos que la han propiciado… y si tenemos o no un carácter depresivo, de esos que viven del pasado, de la nostalgia, de la añoranza.

Eso sí, es importante saber que, aunque os cueste creerlo, está en vuestras manos que el duelo dure lo que tiene que durar, es decir, lo justo y necesario, porque no por mucho alargarlo… volverá el ser amado. Es más, ni volverá el ser amado ni aparecerá nadie a quien poder amar. Haz el duelo, vívelo, pero déjalo pasar, no te agarres a él, no vivas en y de él.

En Albora Bide solemos decir que necesitamos un tiempo para poner distancia, distancia emocional que necesitará obligatoriamente de una distancia física. Recordad que retozar en el dolor es fácil, sí, sí, fácil, creednos, solemos tender a meternos en el drama y, de esta forma, nos «distraemos» de nuestra vida. Así nos impedimos realizar todas aquellas metas e ilusiones que nos esperan tras la ruptura, cosas nuevas a montones, más recuperar las tareas u objetivos que dejamos de lado durante la relación porque… la vida no da para todo y hubo cosas y personas que inevitablemente quedaron atrás.

Pero continuamos donde estábamos, en esa opción que muchos elijen de quedarnos ahí, anclados al pasado, como si por anclarnos a él aún mantuviésemos un pedacito de éste. ¡Pues no! No solo no mantenemos nada, sino que nos impedimos crear nuestro presente, nos quedamos en standby, en un standby doliente. De esta forma, anclados al pasado, nos sumergimos en la depresión. Y la depresión es la no vida, es Thanatos, es peor que la muerte, es vivir muriendo cada día un poquito más y… ¡eternamente!

¿Y sabeís para qué sufrís tanto y durante tanto tiempo? ¡Para nada! Os recomendamos que cuando os encontréis sufriendo por alguien, recordéis a aquella persona por la que años antes también sufristeis. Entonces, también pensaste que jamás encontrarías a alguien tan maravilloso. ¿Lo recuerdas? Tanto dolor y sufrimiento... ¡para nada! Y ahora la situación se repite. En este preciso momento, te encuentras sufriendo de nuevo por otro alguien, alguien a quien crees que serás incapaz de olvidar, igual que te ocurrió con ese alguien de hace algunos años. ¿Igual de insuperable?, ¿igual de inolvidable? Venga, reconoce que te hace un poquitín de gracia, aunque solo sea un poquitín. ¡Cómo somos eh! Pues venga, sal a la vida, vive, haz como si no hubiese dolor y… éste desaparecerá.

Pero para todos vosotros, esos vosotros a los que os gusta encasillar, poder entender, ahí van las fases del duelo, esas por las que todos pasamos, unos más rápido que otros y que todos sin excepción podríamos saltarnos si entendiésemos el presente y sus reglas, vivir en el aquí y el ahora.

Aquí las fases del duelo según Stephen Gullo y Connie Church:

1- El shock: cuesta creer la ruptura. Incluso a veces se niega. En esta fase podemos dormir mal, desaparece el apetito, se esfuma la ilusión… Y dura de un día a un mes.

2- La pena: tristeza por lo que se ha dejado de vivir con la persona que se ha ido, tristeza por lo que no será en el futuro. En esta fase, se suele estar enfadado, irascible, frustrado. Y es habitual que aparezca la depresión.

3- La culpa: en la búsqueda del porqué se trata de buscar al culpable. Aquí los sentimientos predominantes son dolor e ira.

4- Resignación: es la etapa del adiós. Se acepta la ruptura y se dedica la energía a estar bien. Es una fase de mucho desequilibrio emocional.

5- La reconstrucción. La persona empieza a estar mejor, con más control sobre la propia vida. Es tiempo de cuidarse, de salir… nos vemos preparados para que llegue un nuevo amor.

6- Resolución: el duelo acabó. ¡Por fin!