Oro parece, plata no es

Esta fruta se puede usar en la cocina como una verdura. /
Esta fruta se puede usar en la cocina como una verdura.

El triste episodio racista de El Madrigal vuelve a poner de moda la banana, una fruta poco usada en la cocina por los vascos, para la que hemos buscado algunas recetas sorprendentes

SERGIO EGUÍA

Lanzar una banana a un deportista rival es casi tan estúpido como dejar la puerta de casa abierta cuando se marcha uno de vacaciones en un barrio en el que acaban de desvalijar varias viviendas. Claro que hay ideas que no surgen de la inteligencia precisamente. El plátano tiene más fructosa que la mayoría de las frutas, por lo que proporciona energía de manera casi inmediata cuando se está realizando un esfuerzo continuado y explosivo como el de Dani Alves subiendo la banda. Además, es rico en magnesio y potasio, las dos sustancias necesaria para prevenir los calambres musculares.

Por desgracia, algunos descerebrados quieren convertir la banana -el fruto del amor- en un símbolo racista. Hay ejemplos para aburrir en casi todas las disciplinas deportivos. Nosotros, del lastimoso incidente vivido en el Madrigal el pasado fin de semana preferirnos quedarnos con lo positivo: la reacción del jugador del Barcelona -y de la legión de atletas y rostros conocidos que han secundado la iniciativa #somosmacacos en Internet-; y con los plátanos. Sí, la fruta, uno de los mejores alimentos para quien realiza un esfuerzo físico importante, mucho menos calórico de lo que se supone (140 Kcal los 100 gramos) y muy rico si se sabe cocinar. Si no tenemos en cuenta la repostería, en el País Vasco somos más de comerlos crudos. Hay quien los fríe para acompañar un arroz con tomate y huevo frito. Sin embargo, hay algunas recetas la mar de interesantes que bien podríamos importar. La cocina, como elemento cultural, también sirve para derribar la incomprensión racista. Y es que el plátano que más nos va a interesar en este caso es el primo sudamericano del de Canarias. El que normalmente se denomina banana en contraposición del de las islas. Al contrario que el nacional, dulce y por sus azúcares, el americano es rico en fécula, como las patatas, lo que permite freírlos, cocerlos y alguna que otra 'maldad' que os proponemos.

¿Habías pensado alguna vez en usar el plátano como una verdura? ¿Igual que el calabacín y las berenjenas las metemos al horno y terminamos gratinando con queso? El plátano macho está espectacular de esta manera y la receta no puede ser más sencilla. Se pela el plátano y se introduce al horno precalentado a 180 grados durante unos 45 minutos. Puedes taparlo con papel de aluminio para que no se dore en exceso. Para rematar se hace una incisión longitudinal -sin llegar a partirlo en dos- y se espolvorea queso rallado en la llaga. Cinco minutos más de horno y a sorprenderse.

Pero tampoco van a ser tan sencillas todas las preparaciones. Elevamos el nivel. ¿Qué tal una terrina de carne y plátano picado? Descoloca a la familia con esta especie de albóndiga deconstruida. Vamos allá. Metemos al horno media docena de plátanos. Decide tú si quieres el toque dulce del canario o no. Después de 20 minutos de asado los sacamos, machacamos y colocamos en el fondo de un bol individual.

Por otro lado se rehogan unos ajos en una sartén. Se pocha cebolla y pimiento en ella. Se añade la carne picada (la ternera es más fina pero los fogones son zona libre de prohibiciones) un poco de cilantro (ojo que es muy aromático) y unas aceitunas picaditas. Echa salsa de tomate y dale cinco minutos para que se una todo bien.

Llega el momento de terminar la historia. Presiona bien el plátano machacado en el fondo del bol -tienen que ser apto para el horno- para que hagan base y rellena con el picadillo. Corona con unas rodajas de plátano frito y gratina un minutillo largo. Nutritivo, potente, casero y diferente.

Aunque puestos a hacer que los comensales se vuelvan locos ante un plato, nada mejor que copiar de los verdaderos genios de la gastronomía. Juan Mari Arzak ha investigado mucho otros usos para el plátanos y sobre todo para las partes que normalmente desechamos, su funda. Regodeese desde ahora con la cara que pondrá la familia cuando les saque a la mesa esta peladura de plátanos que propone el genial cocinero donostiarra. Y es menos complicado de lo que podrías pensar.

Lo más laborioso viene al principio. Se trata de separar la parte que nos vale de la piel del plátano de la que no. Tranquilo que suena peor de lo que es. Con ayuda de un pelador se elimina la capa externa más fina del plátano. Lo más amarillo. El resto se pela con la mano y se pone a cocer con agua y azúcar unos 40 minutos. Reserva

La carne, lo que normalmente nos comemos, la cortamos en pequeñas rodajas, como se hace para los chips (eso seguro que lo has probado) y se pone a macerar en el vinagre con un poco de nuez moscada durante 10 minutos. Fácil ¿no?

Pues solo falta pasar por la plancha los filetes marinados, espolvorearles un poco de azúcar, ¡viva el dulce!, y servirlas con un trozo de piel sobre cada lonchita de plátanos. Ah, no les digas lo que es hasta que lo hayan probado. A ver quién acierta.