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Mikel Ormazabal, en la sede de Kristau Eskola, en San Sebastián.
Mikel Ormazabal, en la sede de Kristau Eskola, en San Sebastián. / MIKEL FRAILE

«Las familias nos piden que enseñemos a sus hijos a pensar»

  • Mikel Ormazabal, director general de Kristau Eskola, subraya que los colegios religiosos de Euskadi se preparan para un futuro en el que los alumnos no sólo reclaman conocimientos

La asamblea general de la patronal de colegios religiosos del País Vasco, Kristau Eskola, acaba de debatir las líneas estratégicas con las que pretende trabajar en los próximos cuatro años y que están basadas, entre otros indicadores, en los resultados de una encuesta realizada a 600 jóvenes familias. La nueva generación de padres ya no reclama que sus hijos se esfuercen por memorizar unos conocimientos que pueden encontrar en internet. Lo que piden, afirma el director general de Kristau Eskola, Mikel Ormazabal, es que «se les enseñe a ser críticos y a tomar decisiones».

¿Recuerda los afluentes del Tajo?

Pues no me acuerdo.

¿Este es el fruto de la enseñanza que tuvo de niño?

Era una enseñanza de puro contenido, de memorización, que es algo que ahora suple internet.

¿Qué le queda entonces a los colegios?

Lo fundamental ahora es ayudar a saber. Así ha salido en los estudios que hemos presentado en la asamblea. Las familias quieren que a sus hijos se les enseñe a pensar, a ser críticos, a encontrar lo que necesitan en cada momento para tomar decisiones. Es verdad que habrá que adquirir unos conocimientos básicos, pero no es necesaria tanta memorización porque todo lo encontramos a través de internet.

¿Piden algo más las familias?

Que a sus hijos se les eduque en valores universales en una sociedad laica.

¿Qué valores?

El respeto, la tolerancia, la responsabilidad, la generosidad… que sean buenas personas y sepan trabajar en equipo. Eso lo han verbalizado las familias en un estudio sociológico con parejas de entre 25 y 35 años.

¿Cómo es esta nueva generación de padres?

Son muy críticos con la sociedad y los poderes políticos debido a los valores que están en auge, como la competitividad o el todo vale. Ven que en la sociedad hay ausencia de normas y falta de respeto, que no hay cultura de esfuerzo y sí falta de honestidad; ven un mundo en el que la mentira, la corrupción y la violencia han invadido todos los sectores y han traído confusión. Se dan cuenta de que el primer transmisor de valores es la familia y son conscientes de que, como deben trabajar los dos y falta conciliación, tienen que delegar en la escuela. Pero al final lo que dicen es que la familia y la escuela tienen que hacer un trabajo complementario.

¿Todo esto que piden las familias no supone descargar una gran responsabilidad en el profesorado?

Al profesorado se le exige mucho. Nos damos cuenta de que hay que darle calidad pero también hay que recuperar la figura del educador, tenemos que darle prestigio. Muchas veces se denigra al profesor y mientras hagamos esto estamos rompiendo la interlocución que piden las familias para que la escuela transmita valores.

¿Cómo se le da prestigio a los profesores?

Primero dándoles una buena formación. Hay que crear profesores excelentes, que es lo que también piden las familias.

¿Y eso cómo se consigue?

Para tener profesores excelentes hay que remarcar la formación, la profesionalidad y la evaluación. Es necesario que esté formándose continuamente en nuevas metodologías educativas, que deje de lado lo tradicional y que sepa utilizar las redes sociales porque ocurre en muchos casos que los alumnos saben más que el profesor y esto le hace perder el prestigio y le crea inseguridad.

Esta es la pesadilla de muchos maestros.

Hay una generación intermedia de profesores a los que les ha pillado tarde todo lo que son las nuevas tecnologías. Todavía son elementos activos dentro del sistema educativo y están haciendo un esfuerzo titánico, pero muchas veces este esfuerzo no se corresponde con los resultados debido a que los alumnos saben más.

¿No se corre el peligro de que las nuevas tecnologías diluyan la figura del profesor?

Yo creo que no. Lo que sí hacen es cambiar su rol totalmente. Antes el profesor era el que transmitía todos los conceptos, la sabiduría, y ahora es un acompañante, un tutor que hace un planteamiento individualizado de cada alumno y desarrolla todo un currículum según las capacidades de cada uno.

¿Ya vienen preparados para todo esto los profesores que salen de Magisterio?

Cada vez más, pero hay lagunas en la formación. Tiene que mejorar aunque lo ha hecho mucho porque ya se tienen en cuenta las nuevas metodologías pedagógicas y tecnológicas. Sin embargo, es necesario hacer un esfuerzo y tener en cuenta sobre todo que nunca se acaba con la formación.

¿Cuántos modelos pedagógicos ha conocido?

Ha habido tantos cambios de leyes... Yo igual he vivido el cambio de cinco leyes educativas y ninguna ha durado más de cinco años. Esto trae a todos los agentes educativos dispersión, inseguridad e incertidumbre. Estos vaivenes no hacen nada para el bien del sistema educativo. Otro de los elementos que las familias piden es que por fin se logre un pacto educativo que esté por encima de las ideologías y los partidos y tenga presente como fin al alumno y sus familias.

¿La Lomce se está cumpliendo en Euskadi? Aquí nadie se pone de acuerdo sobre ello.

Es verdad que te debes a la ley orgánica de Madrid, pero aquí hemos desarrollado un currículum propio con el que hemos obtenido unos resultados excepcionales. Lo que se está haciendo es desarrollar una ley propia, que es Heziberri 2020 y que, partiendo de la base de todo lo que hemos logrado, pretende que tengamos nuestro propio sistema educativo teniendo como referente la Lomce pero de tal manera que pueda tener futuro con cualquier ley orgánica.

Hay sectores educativos que no opinan lo mismo y han llegado a boicotear las evaluaciones del Departamento de Educación.

Nosotros cogimos un compromiso ante el departamento, junto con todos los agentes educativos, de trabajar en pro de Heziberri. No se nos ha visto en ningún lugar donde ha habido protestas porque nos debemos a los alumnos y no podemos utilizarlos para fines ideológicos por encima de una ley educativa. Estamos con la legalidad, no puedo poner en riesgo los objetivos académicos de un alumno porque yo tenga no sé qué metas. A un alumno no le puedo decir que hoy no va a ir a la escuela porque no quiero que haga una evaluación diagnóstica que sirve para ver qué tal va. Cuando me venga el día de mañana y me diga que no tiene ganas de hacer un examen de matemáticas porque no le gusta, ¿qué le contesto entonces?

En la asamblea han presentado un mapa escolar. ¿Qué dice ese mapa?

Nos presenta una gran amenaza que va a exigir una resituación del sistema. De aquí a 2023 va a haber un descenso de entre un 35% y un 40% de nacimientos. Si en 2012 había 132.000 alumnos de cero a cinco años, en 2026 se piensa que habrá en torno a 75.000. Es casi el 40% menos. Y a esto se le une el hecho de que en las encuestas que hemos realizado un 19% de parejas optan por no tener hijos.

Ante el descenso de la natalidad, una oportunidad puede ser captar alumnos inmigrantes. ¿Es cierto que, según dicen, los centros concertados no están por la labor?

En todo el discurso que se está desarrollando en las últimas semanas hay una comparación entre la pública y la concertada, cosa que mira por dónde, no se hace cuando se habla de financiación. Cuando el 70% de los recursos educativos se los lleva la pública, que es el 50% de los centros, y nosotros, que somos el otro 50%, solo nos llevamos el 30%, ahí hay un silencio absoluto.

¿Y la inmigración?

Estoy de acuerdo en los números absolutos. Es verdad que la pública tiene un 69% y la concertada un 31% de alumnos inmigrantes, y dentro de este porcentaje casi el 70% lo tiene Kristau Eskola. Pero no estoy de acuerdo cuando se dice que nuestra vocación es no recibir a los inmigrantes. Eso no es verdad. Nosotros sabemos cuáles son nuestras obligaciones legales pero por encima de estas obligaciones estamos abiertos a todos los inmigrantes que vengan, no negamos la presencia de nadie en nuestras escuelas. Lo único que decimos es que se nos provean de los medios necesarios para integrar a estos alumnos de forma profesional, pedagógica y con dignidad.

¿El mundo de la enseñanza se halla ante una encrucijada?

Ante los cambios tecnológicos que vienen hay mucha incertidumbre. Está muy de moda lo tecnológico pero la cacharrería no vale para nada si no hay un proyecto y eso es lo que pedimos nosotros a nuestros centros.

¿No cree que hay una fiebre de proyectos pedagógicos de innovación?

Hay una necesidad de diferenciarse no sé de quién, de hacer cosas, pero todo quedará en nada si no está integrado en un proyecto.

¿Se da cuenta de que aún no ha pedido dinero en esta entrevista?

No lo he hecho porque no es el momento. En la asamblea no hemos hablado de dinero sino de líneas estratégicas. Si la pregunta va por el conflicto laboral que tuvimos, el acuerdo al que llegamos dio seguridad a los centros porque su futuro estaba en jaque. Todos salimos beneficiados de aquello. Ahora bien, ante el tercer programa que se está haciendo en Heziberri, que se dirige hacia la construcción de una nueva ley del sistema educativo vasco, habrá que retomar la cuestión económica, pero ya habrá momentos para hablar de ello. En el sistema educativo vasco todos somos necesarios para responder a las necesidades de las familias de Euskadi.