El Correo

La idea de Dios en Altamira y Santimamiñe

El padre Barandiarán, con Jesús Altuna en la cueva Lezetxiki.
El padre Barandiarán, con Jesús Altuna en la cueva Lezetxiki.
  • La película sobre la cueva cántabra recoge la retógrada posición de la Iglesia frente a aquel descubrimiento, pero han sido clérigos quienes han impulsado el estudio del arte primitivo

En una visita al padre José Miguel de Barandiaran en Sara Enea, su casa de Ataun, el patriarca de la cultura vasca me trasladó lo mucho que le dolió los ataques a alguno de los dólmenes que él había descubierto. «Los que han hecho eso, tienen menos cabeza que quienes los construyeron», comentó el ilustre etnógrafo. He vuelto a recordarlo con motivo del estreno de película 'Altamira', en la que se recoge la amargura de Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor de aquella 'Capilla Sixtina del arte prehistórico', por el rechazo que sufrió por parte de la comunidad científica y por un sector de la Iglesia católica. En ambas esferas había representantes de 'la caverna', contrarios a reconocer la evolución de los tiempos. Sin embargo, es preciso anotar que fueron hombres de Iglesia quienes ayudaron a rehabilitar al arqueólogo de Cantabria, como el abate Henri Breuil y el sacerdote Hugo Obermaier, y que personalidades como aita Barandiaran, alumno por cierto de Breuil, han sido firmes impulsores de los estudios prehistóricos, etnográficos y antropológicos.

El descubrimiento de Sanz de Sautuola llegó en un momento de fuerte tensión entre clericales y anticlericales, y entre creacionistas y defensores de la evolución. En 1875, el marqués de Orovio, ministro de Fomento, prohibió la enseñanza de postulados que contradijeran las normas de la Iglesia, lo que llevó a Francisco Giner de los Ríos a promover la Institución Libre de Enseñanza, basada en la educación laica. En 1892 durante el III Congreso Católico Nacional Español celebrado en Sevilla se pidió la creación de una cátedra consagrada exclusivamente a enseñar «la verdadera prehistoria católica». Lo recuerda Carmen de las Heras Martín, en un trabajo sobre Altamira, en el que constata que atribuir el hallazgo a la época paeolítica suponía «un atentado contra dos de los pilares de la estructura social como eran la Iglesia y las tradicionalistas instituciones científicas del país». De hecho la Iglesia aumentó su poder al apoyar al nuevo régimen.

El actor Antonio Banderas encarna a Marcelino Sanz de Sautuola en la película ‘Altamira’.

El actor Antonio Banderas encarna a Marcelino Sanz de Sautuola en la película ‘Altamira’.

Algunos biólogos habían abierto el debate sobre la evolución del hombre y las especies, y a mitad de siglo aparecieron las teorías de Charles Darwin. También se establecieron los diferentes periodos del Paleolítico. Escarbar en las cuevas en busca de pruebas de que la antigüedad del hombre venia de muy atrás y, además, concluir que tenían dotes intelectuales y creativas, era muy fuerte para aquella época. Había que encajarlo en la Biblia. En el caso de Santander, los obispos respondían a esa mentalidad. Primero Vicente Calvo y Valero, impulsor de la Unión Católica, y luego Vicente Santiago Sánchez de Castro, un foribundo carlista, se encargaron de mantener la ortodoxia. Es curioso, pero ambos tenían una animadversión a la prensa libre. Calvo excomulgó a tres periódicos republicanos y Sánchez prohibió en 1905 la lectura del diario democrático 'El Cantábrico'.

Pero los extremos siempre se tocan. Uno de los mayores opositores a Sanz de Sautuola fue Ángel de los Ríos y de los Ríos, un intelectual de fuertes convicciones religiosas, muy conservadoras e integristas. Desde Francia, el ilustre prehistoriador Emile de Cartailhac, fue otro de los grandes detractores del descubridor cántabro. Pero éste era anticlerical y estaba convencido de que la gran sala de los bisontes era un montaje de los católicos españoles, una trampa de los jesuitas. Un argumento a todas luces descabellado, quizás alimentado por la presencia de la Compañía de Jesús en Santillana. Cuando en el verano de 1881 el rey Alfonso XII decidió combatir los rigores del calor en esta bella localidad cántabra, la puso en el mapa. Los jesuitas negociaron con Antonio López, primer marqués de Comillas, para construir en el pueblo un colegio para niños pobres, pero, al mismo tiempo, un seminario pontificio. La primera piedra se colocó el 20 de mayo de 1883 y su construcción finalizó en 1889. En 1904 se convirtió en Universidad Pontificia. Pero los jesuitas estaban a otras cosas.

El abate Breuil, con sotana negra, con Alberto I de Mónaco, en una visita a la cueva de El Castillo, en Puente Viesgo en 1909.

El abate Breuil, con sotana negra, con Alberto I de Mónaco, en una visita a la cueva de El Castillo, en Puente Viesgo en 1909.

Cartailhac seguía en sus trece. A finales de siglo y en los años siguientes se descubrieron en Francia varias cuevas rupestres, como las de La Mouthe, Combarelles y Font-de-Gaume en la zona de Les Eyzies, en la Dordoña, o la de Pair- non- Pair, en la Gironde. Todas estaban decoradas con pinturas y grabados, y en el grupo de figuras aparecían bisontes. En el equipo de investigadores, en algunos de los casos, se encontraba el abate Henri Breuil, un sacerdote de Normandía pionero en el estudio del arte Paleolítico. Desde Ratisbona, otro sacerdote, el padre Hugo Obermaier -habían nacido en 1877 con un mes de diferencia-, se había hecho un nombre por sus trabajos de Arqueología prehistórica. Ambos trabajarían juntos muchos años, algunos de ellos en España.

Los hallazgos de la Dordoña venían a certificar que Emilio Sanz de Sautuola tenía razón y que su hallazgo era extraordinario. Ver para creer. Breuil convenció a Cartailhac para visitar algunas cuevas. Cartailhac se cayó del caballo. En 1902 publicó su famoso artículo 'Mea culpa d’un scetique', reconociendo la autenticidad de las pinturas de Altamira. Ambos viajaron a Santillana para reconocer la cueva. Breuil y Obermaier la volverían a visitar años mas tarde. Luego publicarían un libro sobre la cueva. Quienes conocieron al abate Breuil le recuerdan con su sotana plagada de manchas de estearina -fruto de la grasa animal con la que se fabricaban las velas-, en el exterior de la cueva de Altamira en 1902.

Breuil se labró una gran credibilidad como experto en arte paleolítico. En la primavera de 1940, el profesor salió de París tras la invasión alemana y recaló en Brive-la-Gaillarde, en la Dordoña. Tras el verano le llegó la información de que habían encontrado una cueva con pinturas prehistóricas en Montignac, a unos 25 kilómetros. Allí se presentó el abate, ya sexagenario, para estudiar el hallazgo. Se trataba de Lascaux, a la que un año después denominó «la Altamira francesa».

Más cerca de nosotros, aita Barandiarán, pequeño de estatura pero un gigante de la etnografía, dejó una huella profunda en los estudios sobre la prehistoria vasca. También con la oposición inicial de algunos miembros de la jerarquía, pero que luego le dejaron trabajar en paz. En el seminario de Vitoria creó la Sociedad Eusko Folkore tras formarse el Instituto Ikuska. En 1936, con motivo de la Guerra Civil, se exilió a París, donde asistió a las clases del abate Breuil, que ya era una autoridad en el campo de la prehistoria. Barandiarán también trabajó en el estudio de la decoración rupestre de Lascaux.

Breuil y Obermaier, enl a boca de la cueva de Covalanas, en Ramales de la Victoria.

Breuil y Obermaier, enl a boca de la cueva de Covalanas, en Ramales de la Victoria.

Santimamiñe también le debe mucho. El principal estudio sobre la cueva de Kortezubi, descubierta en 1916, lo realizaron el padre Barandiarán, Telesforo de Aranzadi y Enrique Eguren. Un monolito recuerda los trabajos del cura de Ataun en el yacimiento, en el que destacan un numeroso grupo de animales, bisontes y caballos entre ellos.

Un sacerdote hurgando en la 'civilización' y la 'espiritualidad' del hombre primitivo. Julio Caro Baroja en el libro 'Los Baroja', recordando las excavaciones en Venta Laperra de Carranza, escribió: «Mientras en la Universidad tenía que aguantar tabarras y displicencias…, Barandiaran nos daba ideas muy claras y exactas sobre el método histórico-cultural, sobre las recientísimas investigaciones de Malinowski, sobre la idea de Dios en los primitivos, acerca del pensamiento de Durkheim o de Wundt…. Total, que en una cueva paleolítica de Vizcaya y de boca de un sacerdote católico vasco salía más materia universitaria que de las aulas madrileñas».

Visité la cueva de Altamira antes de que la cerraran. Estuve en Santimamiñe. Y me quedé maravillado con los caballos de Lascaux. He recorrido mas de una decena de veces la Dordoña y he penetrado en algunas cuevas, en Les Eyzies, en el valle de Vezere, en el corazón del Perigord. Es un destino ideal para pasar unos días con niños por la alta concentración de cultura prehistórica. En las cuevas, siempre te sobrecoge ponerte en el lugar de quienes pintaron aquello. El pensar qué les movía a decorar aquellas salas. El hombre primitivo no era tan salvaje. Tenían sentido de la estética y algo más. Es una emoción que no se puede describir. Hay que vivirla 'in situ'. Es, sin duda, una experiencia fascinante.