El Correo

La cara femenina de la Prehistoria

Reproducción de la Mujer de Las Palmas, esqueleto de hace 10.000 años localizado en Tulum, México.
Reproducción de la Mujer de Las Palmas, esqueleto de hace 10.000 años localizado en Tulum, México.
  • Hubo un tiempo remoto donde hombres y mujeres, en paridad de condiciones y lejos del estereotipo del cavernícola arrastrando del pelo a su dama, cooperó para llevar adelante la supervivencia de la especie

Tenemos la visión de que el individuo-tipo de la Prehistoria es un adulto masculino, de aspecto occidental, y nos olvidamos del resto de miembros del grupo: menores, mujeres y ancianos. ¿Cuántos libros llevan como título 'Los orígenes del hombre'? No considerar las actividades que estos realizaban o su importancia social supone un déficit para la disciplina arqueológica y para las interpretaciones que hacemos de las sociedades del pasado. Sobre todo en el caso de ellas, suelen quedar reducidas a un segundo plano, estáticas e invisibles. Hay que tener en cuenta que, salvo la gestación y el parto, nada está determinado biológicamente. Por ello, el desarrollo de las actividades de 'mantenimiento' (las tareas domésticas, digamos) no está vinculado en exclusividad a uno u otro sexo. El reparto de trabajo es una construcción social y, por tanto, cada sociedad la gestiona como mejor entiende, se supone. Y se ha visto que la sociedad prehistórica era más igualitaria que la moderna. Al menos, por lo que respecta a la vida doméstica. Más aún, muchos especialistas sostienen que las probabilidades de que hayan sido las mujeres las primeras agricultoras, o al menos, las impulsoras de tal actividad, son altísimas.

Es decir, ellas no sólo se ocupaban de los niños, como muchos suponen. También se dedicaban a la caza menor, a pescar, a cultivar el campo, a recolectar y a lo que hiciera falta. "Las comunidades amazónicas que subsisten aún, inmersas en la naturaleza, atestiguan estas pautas de comportamiento", señala la directora del Museo de Prehistoria de Valencia, Helena Bonet. De hecho, los estudios etnográficos sobre sociedades actuales demuestran que lo extraño es encontrar una actividad que sólo acometan hombres o mujeres. Margarita Sánchez Romero, profesora del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, explica en su artículo 'El lugar de la mujer en la Prehistoria' que "no hay datos que nos lleven a pensar que las mujeres no cazaban o que no intervinieron en determinadas producciones, como la de piedra tallada o la metalurgia".

Al contrario. Existen diferentes manifestaciones plásticas de muchos lugares distintos que lo confirman. Por ejemplo, las escenas de las cazadoras capsienses de África del sur de Damaraland y de Bramberg/Brandbers pintadas hace más de 6.000 años y las de la costa levantina española, datadas alrededor del año 5000 a. C., por ejemplo. También la participación de las mujeres en la caza menor está documentada etnográficamente en diversas sociedades de cazadores-recolectores, como los agta-negrito de Filipinas. En fin, es llamativo pero tampoco es determinante. Las sociedades que estudia la etnografía encontramos casos en que las mujeres no cazan y otras que sí lo hacen, solas o con los hombres, como los Agta de Filipinas o los Mbuti de Tanzania. Algunas sociedades en las que trabajan el metal y otras en que no lo hacen. Otras asimismo en las que sólo las mujeres tienen toda la responsabilidad de la gestión, organización y dirección del grupo, como en la isla de Orango Grande, en el archipiélago de las Bijagós, frente a Guinea-Bissau.

Maternidad sin descanso

Francisca Martín-Cano Abreu, autora de 'Sexualidad femenina en diversas culturas', defiende que tanto en las familias paleolíticas como en las neolíticas la mujer gozaba de un gran poder social y económico. Considera que ella aportaba los dos tercios de las calorías necesarias para la supervivencia del grupo, que tenía autonomía para moverse e ir a cazar o recolectar, y que su doble aportación económica y reproductiva le permitía tener poder político y religioso. Desmond Morris, influyente zoólogo y etólogo, plantea matices a este argumento: "Las leonas se ocupan de la caza, porque, al contrario que las humanas, sus crías crecen rápidamente. Las hembras humanas necesitaban los alimentos que traían los machos. Entonces, la muerte del macho no era tan desastrosa como la de la hembra, cuya presencia era necesaria para las crías. Por eso se la adoraba y divinizaba", sostiene.

Por otro lado, la defensa de la prole en la Prehistoria no tuvo por qué ser exclusiva de los machos, aunque estos últimos tuvieran, según diversos estudios, un papel trascendental en la protección del territorio. Pero otro punto a favor de las hembras. En ausencia de la elevada tecnología médica de la que disponemos hoy en día, la mortalidad infantil de nuestros ancestros fue siempre muy elevada. La lactancia materna cumplía un papel fundamental en el desarrollo de la inmunidad de los niños. Lo que sucedía es que la selección natural era implacable con aquellos individuos no aptos para llegar con éxito a la edad reproductora, lo que obligaba a las mujeres a una maternidad sin descanso. Así que ellas tuvieron un papel fundamental en la continuidad de las sociedades prehistóricas. Hay un yacimiento arqueolígico situado en el municipio galo de Les Eyzies-de-Tayac-Sireuil, en la Dodoña, donde de encontraron los restos de cinco esqueletos de la época auriñaciense. Había cuatro adultos. Tres varones y una mujer. Al lado de ella, un bebé de no más de 20 días.