La cupletista bilbaína

Aurora Jauffret, 'La Goya'. /
Aurora Jauffret, 'La Goya'.

Aurora Jauffret, conocida sobre los escenarios como 'La Goya', fue una famosa tonadillera española e imagen de marca de un conocido licor

ITSASO ÁLVAREZ

La bilbaína Aurora Purificación Mañanos Jauffret (1891-1950) fue una popular y famosa tonadillera española. Su nombre artístico, 'La Goya', fue imagen de marca de la manzanilla de las bodegas de Sanlúcar Delgado Zuleta (Manzanilla Delgado Zuleta), cuando ella estaba en el apogeo de su éxito artístico, entre 1911 y 1927. Aurora Jauffret recibió una esmerada educación que la diferenciaba de las cupletistas de su época. Vestía hasta los pies dejando enseñar únicamente los brazos en una época dónde otras mostraban ya las pantorrillas. Se puede considerar que no era una artista acomodada a su tiempo, sino todo lo contrario. Sabía hablar perfectamente inglés, francés e italiano y además pintaba y tocaba el piano, circunstancias por la que la crítica la bautizó como "la tonadillera intelectual". Escribieron para ella el autor teatral Joaquín Dicenta, Ricardo Baroja, los Álvarez Quintero, Benavente y Valle-Inclán. Sus canciones mas famosas fueron 'La tirana de Tripili', música de Ruperto Chapí y letra de Álvaro Retana; la habanera 'Ven y ven', música de Rafael Gómez y letra de Retana; 'El balancé', al que puso letra Ernesto Teglen y música Ricardo Yust, y el famosísimo 'Tápame, tápame', de Ricardo y Francisco Yust. Le gustaba organizar en su casa tertulias literarias y en una de ellas conoció al escritor Tomás Borrás, cronista de Madrid, con quien se casó, dando por terminado su noviazgo con el torero RicardoTorres, 'Bombita'.

Cuenta Javier Barreiro, escritor y catedrático de literatura, que en las páginas de la prensa española del primer tercio de siglo tuvieron un protagonismo fundamental las artistas de varietés cuya relevancia podríamos equiparar al gozado ahora por los grandes deportistas. Durante varios lustros destacaron, entre ellas, Raquel Meller, 'La Fornarina', Pastora Imperio, la bella Chelito y la propia Aurora Jauffret, a quien apodaron 'La Goya' tras verla caracterizada como 'La Tirana' de uno de los cuadros de Goya. Hija del palentino Balbino Mañanós y de la bilbaína Aurora Jauffret, fue una mujer inquieta y perspicaz que, al contrario que la mayor parte de las artistas del género, procedentes de bajos niveles sociales y avezadas en la lucha por la vida, tuvo una niñez ilustrada y cosmopolita. Tras marchar a Madrid, donde se educó con las monjas del Sagrado Corazón y estudió solfeo y piano, demostró una fuerte atracción por el teatro. Por entonces, su madre casó en segundas nupcias con el famoso pelotari Miguel Zabarte, que había conseguido grandes triunfos y harta fortuna en México, país al que la familia viajó tras la boda. Allí se encontraba la artista María Conesa, quien enseñó a Aurora los rudimentos del género.

De regreso a España, la joven decidió probar fortuna tras preparar un repertorio y estudiar canto con el barítono guipuzcoano Ignacio Tabuyo. Por otro lado, no había descuidado su formación: sabía francés, algo de italiano, tocaba el piano y diseñaba sus propios vestidos, cosa que siguó haciendo en la época de su actuación artística. Posteriormente, aprendió también francés e inglés. Debutará en el Trianon Palace el 16 de junio de 1911, el más prestigioso coliseo de las variedades madrileñas y con un estipendio de cien pesetas diarias. Las cupletistas de la época se ataviaban con un traje acampanado hasta la pantorrilla repleto de lentejuelas y pedrería o bien aparecían en escena envueltas en el clásico mantón de Manila. Ella, en cambio, se cambiaba de traje en cada copla que interpretaba, lo que hizo que sus actuaciones fueran siempre muy lucidas y espectaculares, lo que fue copiado por buen número de sus congéneres, incluso una se hizo llamar 'La Goyita'. Aurora Jauffret fue de las pioneras en grabar discos dentro del género del cuplé. Interpretaba tonadillas, habaneras y couplets de un joven autor aún desconocido, Álvaro Retana. Su primer disco contenía 'Balancé', 'Ven y ven', 'La reina del cortijo' y 'Chulona'.

Del cuplé a las vedettes

Aprovechando el tirón de 'La Goya', una bodega jerezana ofreció a la artista la posibilidad de poner su nombre artístico en uno de sus caldos. Así, ha llegado hasta hoy, una manzanilla conocida como 'La Goya', ya mencionada. Su fama creció tras el idilio que mantuvo con el torero Ricardo Torres 'Bombita', una de las grandes figuras de su época. Vivieron un noviazgo muy de sus tiempos. Con mucho recato, con carabinas, como la madre de la cantante, que solía acompañarlos en las salidas nocturnas. Estuvieron varios años juntos pero se acabaron separando. Parece ser que en realidad 'Bombita' tenía vocación de solterón pegado a las faldas de su madre. Además, el machismo imperante en aquellos años obligaba a las mujeres artistas a la retirada definitiva de los escenarios, pero Aurora Jauffret nunca tuvo intención de abandonar su trabajo. Es verdad que dejó los escenarios años más tarde, pero más bien obligada por un cambio en la moda de los espectáculos, cuando el cuplé comenzó a dar paso a las vedettes, a las mujeres de cuerpo diferente y a los espectáculos con mujeres ligeras de ropa.

Por lo pronto, su éxito la arrastró a Buenos Aires, la meta de los artistas españoles de la época. La marca 'La Goya' se impuso en abanicos, licores, perfumes, cafés y hasta automóviles. La bilbaína Aurora Jauffret era la invitada de honor en las fiestas de la alta sociedad y en los salones literarios. En la década de los veinte, el cambio de gustos del público, la extensión del cinematógrafo y la entrada de nuevas formas musicales como el tango y el jazz relegaron a la canción española a posiciones secundarias. Sin embargo, aún era primera estrella cuando, a raíz su boda con el conocido escritor y después notorio falangista Tomás Borrás, abandonó los escenarios tras actuar en el teatro Princesa, después María Guerrero. Ya retirada, 'La Goya' pasó el resto de su vida en un ambiente acomodado, frecuentando los salones de la burguesía y las tertulias de escritores y artistas. Murió relativamente joven, en 1950, con 59 años. Su tumba está en el cementerio madrileño de San Isidro, no lejos de dos de sus más eximias competidoras, fallecidas aún más prematuramente que ella: 'La Fornarina' y 'La Argentinita'.

 

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