La segunda vida del Marqués de Murrieta

La bodega más antigua de Rioja reconstruye piedra a piedra durante nueve años y con 14 millones de inversión el Castillo de Ygay, un magnífico envoltorio para la mayor colección de botellas de vino históricas de Europa, con 70.000 ejemplares

Vista del Castillo, ya reconstruido e inaugurado por el rey don Juan Carlos./
Vista del Castillo, ya reconstruido e inaugurado por el rey don Juan Carlos.
AITOR ALONSOVitoria

Hablar en Rioja del Marqués de Murrieta son palabras mayores. Origen mismo de la tradición vinícola fina de la región, la vida profesional de Luciano Murrieta, de ascendencia vizcaína de las Encartaciones, fue una senda hacia la excelencia, hacia la perfección accesible entonces, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Rioja forjó su leyenda. Ese mismo espíritu se ha seguido ahora por sus herederos empresariales al frente de la histórica enseña riojana. Acaban de inaugurar el reconstruido Castillo de Ygay, en torno al cual comenzó todo.

Han sido nueve años de obras, 14 millones de euros de inversión y una delicadeza en el trabajo solo al alcance de quien desea con pasión que las cosas salgan lo mejor posible. El edificio de 4.000 metros cuadrados se derribó y se levantó de nuevo piedra a piedra, en un meticuloso trabajo a cargo de canteros gallegos. El objetivo lo merecía. Entre otras cosas, la construcción da cobijo a la mayor colección de vinos históricos de Europa, 70.000 botellas con añadas consignadas desde 1852 (la primera de Murrieta) que solo se descorchan en contadas y muy excepcionales ocasiones. El pasado 21 de octubre se abrió una, de 1938, año de nacimiento del rey don Juan Carlos, que visitó y declaró inaugurada la rehabilitación del castillo. Con otra de 1925 brindó el propio monarca con Felipe VI el día de la coronación de este último.

Ha sido el mayor acontecimiento relacionado con el vino y las bodegas riojanas de este 2014. El Castillo de Ygay, mandado levantar por Luciano Murrieta en las fincas donde comenzó su aventura vitivinícola a mediados del XIX, ha quedado abierto a las nuevas tendencias del enoturismo y a aquellos que buscan un envoltorio especial para sus actos sociales o empresariales. Las cifras de la reconstrucción son solo accesibles a los más grandes, como lo es desde hace ya tiempo la más que centenaria casa riojana, la bodega más antigua de la denominación. Catorce millones de euros de inversión, 6.000 toneladas de piedra empleadas, nueve años de obras y una sucesión de problemas y soluciones en plena crisis con los que los propietarios de la marca desde mediados de los 90, con Vicente Cebrián-Sagarriga, conde de Creixel a la cabeza, demostraron que han sabido estar a la altura de su ascendente empresarial. El edificio tiene ya una lista de espera de 20.000 visitantes, de manera que se alza en lo alto del interés enoturístico de la región. Además del nutrido 'cementerio' de botellas, en sus 4.000 metros cuadrados el nuevo castillo dispone de una sala de catas, un museo que relata la historia de la casa, maquinaria original del Castillo de Ygay, otra de etiquetas históricas de la bodega, tinos originarios del siglo XIX, sala de barricas y un comedor para eventos privados, entre otros servicios.

1,4 millones de reservas y grandes reservas

La grandeza del proyecto hace honor a la misma grandeza de la casa, una bodega que en la actualidad elabora cerca de 1,4 millones de botellas solo de reservas y grandes reservas bajo las marcas de Castillo de Ygay, Marqués de Murrieta y Dalmau (estos tres, tintos) y Capellanía (blanco), vinos todos ellos que saben lo que es resultar triunfadores en certámenes vinícolas de todo el mundo. Marques de Murrieta es además la bodega española más internacional, con un 70% de la producción exportada a más de 90 países. Ha sido designada bodega del año por la revista Wine Spectator y, en fin, juega en una Liga diferente, en la Champions de las bodegas, como también lo hacen Marqués de Riscal, Cvne, Bodegas Bilbaínas, López de Heredia o La Rioja Alta, símbolos todas ellas del mejor y más duradero vino de Rioja y, en varios casos, fruto del ímpetu inversor vasco (particularmente vizcaíno) hace algo más de un siglo.

Luciano Murrieta, nacido en Perú de padre vizcaíno y madre boliviana, habría estado orgulloso de esta segunda vida de su castillo. Murrieta, que obtuvo el marquesado en 1872 bajo reinado de Amadeo de Saboya, pertenecía a una familia con intereses en el comercio marítimo que le proporcionó emocionantes vivencias antes de convertirse en militar. Uniformado compartió campañas en las Carlistas con Espartero, de quien fue asesor personal. Acompañó al general al exilio londinense y después regresó a España. Se instaló en Logroño y dio inicio a su visionaria aventura vinícola.

Murrieta es considerado el 'inventor' del vino de Rioja tal y como se conoce ahora, un vino afrancesado y perdurable, que desarrolla una excepcional capacidad de guarda sin perder, incluso mejorando, sus propiedades. Allí donde los agricultores elaboraban vinos de bajo nivel y rápido consumo, Murrieta decidió explorar la vía de los vinos finos al estilo Burdeos, tierra que visitó para aprender la técnica. La de 1852, primera añada de Murrieta, es considerada también la primera del Rioja moderno, la que puso las bases de ese vino envejecido, hecho con la intención de perdurar. En Ygay fundó su château, también al estilo francés, y allí mandó construir un castillo. Aquel Murrieta de 1852 fue también el primer vino exportado, pues llegó a México y Cuba fruto del conocimiento del comercio marítimo de su impulsor. Murrieta lo contó así en sus memorias: "Partieron con destino a Cuba (La Habana) y México 100 barricas de 72 litros con tal desgracia estas últimas, que al entrar al puerto de Veracruz el buque que las conducía, fue arrojado a la costa por un temporal, quedando destrozado y perdiendo su cargamento. Las destinadas a La Habana no sólo llegaron con felicidad, sino que al percibirse aquellos habitantes de la exquisita calidad del vino que contenían, se las arrebataron en pocas horas al consignatario, circulando pronto la noticia que ensalzaba las cualidades del néctar logroñés, importado por primera vez a aquellas tierras".

Murrieta murió sin descendencia y su familia, especialmente su sobrino Julián de Olivares, mantuvo viva la bodega durante las décadas siguientes, hasta que en 1983 se vendió a Vicente Cebrián-Sagarriga, conde de Creixel, cuyo hijo está hoy al frente de la enseña. Entre sus vinos, Marqués de Murrieta sigue cuidando con esmero a la joya de la corona, el Castillo de Ygay Gran Reserva Especial, que se elabora solo en las mejores cosechas, y que es uno de los grandes de Rioja (96 puntos Parker; 60 euros, aprox.). Junto a él, la firma elabora el Marqués de Murrieta Reserva y el más reciente Dalmau, de corta y esmerada producción. Capellanía es un blanco 100% viura de elegante estilo borgoñés, con cuerpo, buena acidez y mineralidad y una excelente capacidad de guarda.

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