Las dos almas de Felipe VI

Don Felipe y Doña Letizia abrazan al Apóstol Santiago el pasado día 25./
Don Felipe y Doña Letizia abrazan al Apóstol Santiago el pasado día 25.

La Casa del Rey suprime la obligatoriedad del crucifijo y la Biblia en los juramentos de altos cargos en La Zarzuela, pero el Monarca acude a Santiago a la ofrenda al apóstol

PEDRO ONTOSO

Don Felipe, su Católica Majestad y Rey de Jerusalén, sigue manteniendo un exquisito equilibrio entre lo que exige un Estado aconfesional y la demanda de esa parte de la ciudadanía española que se identifica con la identidad religiosa. La ceremonia de coronación fue laica, acorde con los que establece la Constitución, pero hubo misa privada en palacio y la primera visita de los nuevos Reyes al exterior tuvo como destino el Vaticano. No fue una improvisación, sino un gesto muy medido. Como algunos otros que se han producido en los últimos días. Ahora se ha suprimido la obligatoriedad del crucifijo en las juras de las autoridades institucionales en La Zarzuela. Un guiño a la sociedad laica. Pero, por otra parte, se ha recuperado la ofrenda al apóstol Santiago, patrón de la España mas católica que reivindica las raíces cristianas de Europa.

Hasta ahora, en las ceremonias de juramento o promesa de los nuevos miembros de las instituciones en el salón de audiencias de La Zarzuela siempre había una mesa donde reposaban un ejemplar de la Biblia, otro de la Constitución y un crucifijo colocado entre ambos. La Casa del Rey los mantenía en el centro de la sala porque era una tradición protocolaria que gustaba a don Juan Carlos. Los nuevos cargos no podían intervenir en la disposición de los elementos simbólicos exhibidos en el acto. Desde la primera semana de julio se deja al criterio del nuevo cargo, aunque la fórmula siga siendo la misma: Juro (o prometo) cumplir fielmente las obligaciones del cargo con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado». La Casa del Rey ofrece la posibilidad de elegir si se quiere o no que el libro sagrado o el crucifijo permanezcan en la sala o sean retirados.

El primero en inaugurar el nuevo estilo de La Zarzuela fue el fiscal Antonio Narváez Rodríguez, que juró el cargo de magistrado del Tribunal Constitucional. Pero optó por el mismo procedimiento que en ocasiones anteriores. Narváez, recusado luego por Otegi en el caso Bateragune, juró ante una Biblia colocada a su izquierda, abierta por el Libro de los Jueces, y ante un ejemplar de la Constitución, que mostraba el artículo 159 del Título IX, que se refiere al Tribunal Constitucional. Frente a él, el crucifijo que siempre se ha visto en esta ceremonias protocolarias.

Fuera de palacio, sin embargo, los Reyes siguen cumpliendo con tradiciones que tienen un fuerte poso religioso. Por ejemplo, el pasado día 25 acudieron a Galicia para realizar la ofrenda nacional al apóstol Santiago, una prerrogativa instituida por Felipe IV en 1643. En los últimos años, había sido el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, quien había representado al Rey en esta ceremonia solemne. Esta es su primera ofrenda como Reyes y han cumplido con la tradición muy querida para los gallegos. Don Felipe expresó, además, la emoción que para él supone «mantener viva una costumbre de la Monarquía, como expresión de una relación estrecha y singular entre la Corona y la ciudad de Compostela». Los Reyes subieron al camarín de la catedral para abrazar al santo y participaron en la ceremonia religiosa.

Durante mucho tiempo se ha vendido una imagen del apóstol como Santiago Matamoros, al grito de Santiago y cierra España, elaborada sobre la leyenda de la batalla de Clavijo. «Más tarde, en boca de los ilustrados, significó la cerrazón ideológica del país», como escribe Juan Rubio en el último número de la revista Vida Nueva. Una imagen ya rancia que chirría en estos tiempos de ecumenismo, interculturalidad y alianza de civilizaciones. Una imagen que choca con lo que los nuevos Reyes pretenden ofrecer, que es un nuevo ciclo de apertura, modernidad y progreso. Y de lo que el Papa Francisco persigue, que es hacer una Iglesia más abierta, más libre y más cercana. No será fácil y habrá resistencias.

El cardenal Rouco Varela, gran valedor de las tradiciones de Santiago, trabaja para que el Papa se acerque a la capital gallega si, como parece, viaja a Ávila en 2015 para conmemorar el 500 aniversario del nacimiento de Santa Teresa, gran innovadora de las estructuras de la Iglesia, que no se doblegó ante clérigos de alto rango y se enfrentó a delegados regios. La carmelita tenía el título de Capitana de los Reinos de España, pero los partidarios de Santiago Apóstol consiguieron revocarlo. Santa Teresa y otros representantes de las corrientes descalzas escribieron obras de un gran valor espiritual, pero también contenían unos postulados ideológicos que chocaban con los intereses y prácticas políticas de la Monarquía católica, según se ha puesto de manifiesto en un reciente curso de verano en Alcázar de San Juan sobre política y religiosidad en los siglos XVI y XVII. En cualquier caso, el pasado día 25 en la plaza del Obradoiro, junto a los Reyes, se encontraba uno de los hombres de máxima confianza del Pontífice. Fray José Rodríguez Carballo, oriundo de la pequeña aldea de Lodoselo, en Ourense, es ministro general de los franciscanos y secretario de la congregación vaticana para la Vida Consagrada. Todos los caminos llevan a Roma, y algunos pasan por Santiago.