Fuerteventura, el paraíso de los surferos

Playa Blanca. /
Playa Blanca.

Las aguas de Playa Blanca se han convertido en el lugar ideal para los amantes de este deporte

GUÍA REPSOL

Es la niña bonita de los majoreros -término con el que se denomina a los habitantes de Fuerteventura- y la preferida por los amantes de los deportes acuáticos. Playa Blanca es una delicia costera que hay que disfrutar sin prisa, porque las preocupaciones y el estrés desaparecen al primer contacto con su arena dorada. Situada a escasos dos quilómetros de la capital de la isla, Puerto del Rosario, es una playa poco turística, ideal para quienes buscan un poco de aventura en el mar así como para quienes simplemente quieren dar largos paseos sobre la arena mojada.

Con 875 metros de largo y unos 45 de ancho, Playa Blanca es la más frecuentada por los vecinos de la capital majorera, en parte gracias a su fácil acceso ya que se encuentra a escasos cinco minutos de la ciudad y se puede llegar a ella cómodamente en coche, en autobús o incluso dando un paseo a pie. Aún siendo tan fácil llegar a ella, se trata de una playa poco masificada por lo que es perfecta si lo que queremos es relajarnos y dar un tranquilo paseo a la orilla del mar sin tener que esquivar sombrillas, toallas, neveras y bañistas jugando a las palas.

Y si lo que nos apetece no es una jornada sosegada sino todo lo contrario, Playa Blanca también es nuestro lugar ya que en esta zona, sobre todo en invierno, es habitual que el viento sople con fuerza convirtiendo sus aguas en un paraíso para los amantes del surf, el windsurf o el kitesurf. Quienes no dominen el arte de cabalgar las olas, pueden aprovechar para iniciarse en ello ya que aquí existe un gran número de escuelas y cursos intensivos para principiantes.

Aunque Playa Blanca sea considerada la joya de la corona de esta zona de la isla, Puerto del Rosario tiene otras playas que también tienen mucho que ofrecernos. Puerto Lajas y Los Molinos, por ejemplo, conservan el encanto de los paisajes marineros, mientras la Playa de los Pozos, frente al paseo marítimo de la ciudad, ofrece lo mejor del mar a solo unos metros del núcleo urbano.

Puerto del Rosario, una ciudad abierta al mar

La cercanía de Playa Blanca con Puerto del Rosario nos permite conocer a fondo la capital de Fuerteventura, una ciudad que ha crecido al abrigo de su importante puerto, que centraliza gran parte de la actividad comercial de la zona y recibe a los cruceros que llegan a la isla. Paseando por sus calles de casas blancas tendremos la sensación de encontrarnos en un auténtico museo al aire libre ya que la ciudad cuenta con un Parque Escultórico con más de un centenar de obras de artistas y tendencias de toda índole, obras de arte que salen a nuestro encuentro en cualquier plaza, parque o avenida.

La cultura, de hecho, es una de las grandes apuestas de Puerto del Rosario que se enorgullece de haber contado entre sus habitantes con uno de los escritores más famosos de la Generación del 98, Miguel de Unamuno. Por ello, una buena alternativa es visitar la Casa Museo Unamuno, donde vivió el filósofo y escritor, desterrado por orden del dictador Primo de Rivera a principios del siglo XX, cuando Fuerteventura estaba considerada un territorio de ultramar, destino de los exiliados políticos españoles.

La Fuerteventura tradicional

Podemos aprovechar nuestra estancia en Puerto del Rosario para hacer un par de excursiones muy interesantes al interior de la isla. Una de las opciones sería acercarnos hasta el pueblo de Tefía, donde podemos visitar el Ecomuseo de La Alcogida. Se trata de un conjunto de casas antiguamente ocupadas por los campesinos del pueblo, que acabó perdiendo la mayoría de su población. Este museo permite echar la vista atrás y conocer la curiosa y dura vida rural de la isla en las décadas anteriores a la explosión del turismo. Las casas se han rehabilitado siguiendo la tradición de las viviendas de piedra de los majoreros y en ellas podemos ver cómo trabajan los artesanos de la palma, el calado, el barro, la piedra o el telar.

Otra interesante propuesta es visitar las Casas de Felipito, cerca del pueblo de Guisguey. Esta finca, situada a escasos quilómetros de la capital, recrea el hábitat de los majoreros de Fuerteventura que tuvieron que adaptarse al paisaje desértico para poder cultivar (su principal reto era lograr una superficie resguardada y cultivable en un suelo ocupado por roca caliza y en una zona muy ventosa). El lugar, además, está destinado al ocio y el descanso, ya que tiene habilitados unos merenderos que son perfectos para pasar el día con la familia y amigos.

Aprovechando que visitamos el interior de la isla, podemos saborear los platos más populares de Fuerteventura. Una buena alternativa es que, desde Tefía, recorramos los apenas 20 kilómetros que nos separan de Betancuria, donde podremos comer en Casa Santa María. Se trata de un caserón con jardín del siglo XVI donde podremos degustar el mejor cabrito y cordero de la zona.

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